Cubanálisis - El Think-Tank

    LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

 DESDE EL CAIMÁN

.

Cubanálisis - El Think-Tank abre un espacio más a los heroicos y decididos profesionales que desde dentro del monstruo enfrentan innumerables y continuas presiones para ejercer cada día su derecho a expresar sus opiniones. No se publicarán materiales donde los autores no se identifican con sus nombres reales o no residan en Cuba. El único criterio restrictivo es la calidad: materiales escritos con rigor profesional se publican, aunque Cubanálisis - El Think-Tank no comparta necesariamente opiniones vertidas en dichos artículos.

 

A Mella lo quitaron por feo

La respuesta oficialista al escándalo del Hotel Manzana causa más risa que enojo

Ernesto Pérez Chang, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- Según lo que se afirma en el artículo publicado en la edición dominical del periódico Juventud Rebelde, a propósito de la pregunta “¿Dónde está Mella?”, lanzada por el artista Luis Manuel Otero Alcántara en su más reciente performance, el busto de Julio Antonio Mella fue retirado del actual Gran Hotel Manzana de Gómez porque “era, desde lo artístico, una mala pieza”.

No ha sorprendido demasiado la respuesta oficialista en un contexto donde los cuestionamientos que provienen de actitudes disidentes u opositoras, y que ponen al descubierto la incoherencia discursiva del actual proyecto socio-económico cubano, suelen recibir ese tipo de justificaciones que causan más risa que enojo.

Ha sido una respuesta similar, en cuanto a los niveles de absurdo y desfachatez, a aquella que ofreció la prensa financiada por el gobierno cubano cuando se le pidió que fabricara una respuesta a la pregunta sobre la contratación de obreros de la India y Pakistán para la terminación de ese mismo hotel que no ha dejado de ser foco de polémicas.

Para muchos, el Gran Manzana de Gómez, propiedad de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y administrado por una de las más lujosas cadenas hoteleras de Europa, es el ejemplo del camino por donde ha comenzado a enrumbar esa revolución que prometió convertir los cuarteles en escuelas y que ha terminado transformando estas últimas en regios monumentos al glamour y al modo de vida capitalista.

Tanto es así que el viejo y disciplinado columnista de Juventud Rebelde apela a un argumento estético para intentar zanjar la cuestión. Sin embargo, en su malaventurado esfuerzo activa otras polémicas y deja sin respuestas un cúmulo de preguntas que durante décadas han gravitado sobre las cabezas de los cubanos.

Por ejemplo, si el busto de Mella, colocado en el cruce de galerías de la Manzana de Gómez por el interés de estudiantes y profesores de las escuelas que ocuparon el inmueble hasta hace solo unos años, fue retirado por “feo”, ¿entonces se pudiera esperar una acción similar contra todas esas fotos de los principales dirigentes, murales sindicales, pancartas partidistas, estatuas y bustos horribles que colman nuestros entornos pero que, según el propio discurso oficial, no son colocados en los espacios públicos por decreto sino por voluntad popular?

¿Habría de esperarse una arremetida contra esos millones de bustos de Martí, Maceo y demás próceres de la independencia cubana mal esculpidos, que hoy permanecen desatendidos o emplazados en los lugares más inapropiados, en edificaciones que para nada, como diría el cronista dominical de Juventud Rebelde, están ligadas a sus vidas o a su trayectoria política?

También valdría hacernos la pregunta sobre aquello que pesa más en la balanza ideológica de ese socialismo que sueña con fortalecerse a costa de una bacanal de inversiones foráneas que, dada la oportunidad, no descarta solicitudes de créditos millonarios al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional.

Al parecer la opulencia de Armani, Zara, Mango, Chanel, según lo que se infiere de lo sucedido en el Manzana, ha terminado por imponerse al otrora “potencial ideológico” de un proyecto social que parece empeñado en simular una indiscutible derrota.

¿Lo feo y lo pobre, el espontáneo espíritu popular y sus tradiciones han de terminar relegados frente al avance de esa nueva mentalidad que va colocando precios en moneda dura, dicen que en virtud de una sociedad futura donde la única igualdad será la del ciudadano de a pie contemplando su imagen frente al espejo o la vidriera de una tienda recaudadora de divisas?

El Mercado de Cuatro Caminos, la plaza de los pobres, en pocos meses será transformada en un espléndido centro comercial.

Miles de cuarterías que son ruido intolerable en el concierto turístico de Cuba pasarán a ser hoteles de altos estándares mientras que algunos de sus pobres, hambrientos y mal vestidos inquilinos tal vez, con algo de suerte, serán reubicados en esos espantosos edificios del plan de preuniversitarios en el campo, ahora rehabilitados como viviendas, igual de espantosas.

Y como colofón de esa vorágine de cambios, al Capitolio, tan capitalista y tan semejante al de Washington, regresará una Asamblea Nacional para rodearse no de solares insalubres y centros escolares y mercados donde prolifera la chusma creada por la política “antiburguesa” de tantos años, sino de esa gente bien vestida y perfumada que, desde las cálidas aguas de la piscina del Manzana o del Saratoga, para nada preguntará por el destino de una fea estatua.

Luis Manuel Otero Alcántara, el artista que lanzó una sencilla pregunta, la de cualquier vecino del lugar, dice no sentirse respondido, a pesar de que el periódico del domingo fue, sin dudas, un intento por declarar “sin lugar” un gesto tan problemático.

“Ese busto, más que ser lindo o ser feo, representaba un héroe, y a los héroes cada cual lo representa como quiera. (…) Fue puesto allí por voluntad popular y solo la voluntad popular podía removerlo. La respuesta es tonta, ingenua, risible”, opinó Otero Alcántara.

Sin embargo, nadie, teniendo en cuenta el voluntarismo de los funcionarios y dirigentes estatales y la falta de consulta popular tanto para retirar una estatua como para contratar mano de obra foránea, estará en desacuerdo con el verso de Pablo de la Torriente Brau acuñado en la primera plana del Juventud Rebelde de este 7 de mayo: “No hay freno posible a la voluntad que crea”, por supuesto que no, mucho menos si trata de la voluntad de los empresarios cubanos y extranjeros que construyeron y administrarán el hotel Manzana. Para ellos no hay freno posible.