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Trasnacionales al rescate

Alejandro Tur Valladares

CIENFUEGOS, Cuba, noviembre, www.cubanet.org - Después de cinco décadas sosteniendo un discurso anti mercado, en el que era recurrente la satanización de las corporaciones, resulta que el régimen cubano ha rendido las banderas ideológicas, y pide de favor a grandes corporaciones foráneas que vengan a rescatar su maltrecha economía.

Ahí está el reciente acuerdo firmado entre el consorcio cubano Azcuba (nacido de las ruinas del desaparecido Ministerio del Azúcar) y el gigantesco conglomerado brasileño Odebrecht, que permitirá a los capitalistas suramericanos administrar, durante 13 años, el central azucarero cienfueguero “5 de septiembre”, previo desembolso de unos 60 millones de dólares.

Para entender las razones del arreglo hay que analizar cuál es la situación actual que afronta la industria azucarera cubana. Quizás entonces se comprenda por qué el régimen entrega las llaves de un sector expropiado primero a sus legítimos dueños y controlado con celo por el Estado, a lo largo de cincuenta y cuatro años, y permite que empresas foráneas se hagan con la administración de importantes nichos de la agroindustria nacional.

Aunque el régimen argumenta que su disposición a compartir ganancias con el capital extranjero no es nueva, y que es el embargo norteamericano el “coco” que ahuyenta a los inversionistas, la explicación es una verdad a medias. Lo que no se dice es que la decisión llega en momentos que la industria del dulce agoniza y requiere de una transfusión de verdes dólares que le ayude a lidiar con su descapitalización. Y aún más ahora, cuando el huracán Sandy parece haber afectado seriamente la cosecha dispuesta para la venidera zafra en las provincias orientales.

El mal nació con los años 90, tras la desintegración de la Unión Soviética,  el principal comprador de crudo con que contaba el régimen. Entonces Cuba producía entre 7 y 8 millones de toneladas de azúcar. Por razones ajenas a la economía, el país de los sóviets les pagaba la libra de azúcar a dos o tres veces el precio  que se cotizaba en el mercado mundial.

Perder su principal socio, significó para el régimen un impacto tremendo. La producción azucarera cayó en picada, de 8,2 millones de toneladas, a los niveles actuales de 1,5 millones, inferiores a la zafra de 1907, cuando se elaboró 1,40 millones, con la sexta parte de la población actual, tecnología del siglo XIX y tras la devastadora guerra de independencia. Esto ha provocado la descapitalización de la agroindustria, palpable en el deterioro de los centrales, los equipos de corte de tiro de la caña, la erosión de los suelos por falta de fertilidad, consecuencia de la alta compactación, la ausencia de rotación y la deficiente e incorrecta aplicación de los fertilizantes y las técnicas de cultivo.

Uno de los mayores problemas que enfrenta la industria azucarera cubana, es que sus administradores no supieron prever, en su momento, las consecuencias que traería a mediano plazo la desvalorización del producto en el mercado internacional, debido al surgimiento de edulcorantes sintéticos y del sirope de maíz.

Si bien es cierto que la caída de los precios del producto fue un factor desmotivador en una época, también es verdad que países como Brasil o Tailandia supieron aplicar estrategias de reconversión destinadas a hacer frente a los vaivenes del mercado, focalizando sus esfuerzos en la fabricación, a partir de la caña, de alimentos para el ganado, la cogeneración eléctrica, producción de combustibles como el etanol o el gasoalcohol, alcoholes especiales, ceras, medicamentos, materiales para la construcción, materia prima para la industria biotecnológica, y un largo etc.

Ello permitió que Brasil lograse saltar, de 6,3 millones de toneladas de azúcar que producía en 1975, a 22 millones de toneladas para el año 2003; mientras Tailandia aumentaba sus exportaciones de crudo, de 2,4 millones alcanzadas en 1985, a 5,1 millón de toneladas para 2004.

No obstante, aquí el Estado se resistió a entregar la plaza de la dulce gramínea al capital extranjero. Ulises Rosales del Toro, entonces Ministro del Azúcar, anunció lo que se conocerá como “Restructuración Azucarera”, cuya primera medida fue desmantelar cerca de 80 Centrales, lo que supuso la pérdida de 100 mil empleos y la reducción de hasta 50% de las tierras dedicadas al cultivo de la caña. Estos desmantelamientos se sucederían hasta llegar a la eliminación de algo más de 100 centrales. De 156 centrales existentes en todo el país, a principio de los años 90, sobreviven hoy algo más de 40.

El  5 de septiembre es uno de esos sobrevivientes. En los años 90 el régimen desmanteló la mayoría de de los centrales construidos en la provincia de Cienfuegos: Primero de mayo, Pepito Tey, Espartaco, Elpidio Gómez, Batalla de mal tiempo, Ramón Balboa y Marta Abreu. Igual suerte pudo correr el 5 de septiembre, a no ser por el acuerdo firmado con Odebrecht.

Por cierto, esta firma brasileña representa todo lo que el régimen que impera en la isla dice odiar y combatir. Es un verdadero pulpo de mil tentáculos. Tiene presencia en Norte y Suramérica, África, Europa, Medio Oriente, el Caribe. Y además regenta negocios en el campo de la ingeniería de la construcción, química y petroquímica, etanol y azúcar, ingeniería medioambiental, petróleo, gas, energía, bienes raíces, infraestructura, inversiones y participaciones, transporte y servicios de logísticas. En fin, es algo así como el anticristo de los comunistas.

Pero como a quien no quiere caldo se le dan tres tasas, nos acabamos de enterar de que hay otra trasnacional, esta vez británica, la Havana Energy, que ha firmado con Azcuba un lucrativo contrato para construir la primera planta que usará desechos de cañas de azúcar con el fin de general electricidad en la isla. La planta deberá producir la cantidad de 30 megawatts por hora, a partir de biomasa.

Se ha dicho que Havana Energy invertirá entre 45 y 55 millones en Cuba, y se pondrá en marcha a principios del año 2015.

 

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