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Vodka cubano: el ron de los más pobres

Como alguna vez nos erizaron los pelos los misiles atómicos rusos, hoy nos quema las tripas la última secuela de su influencia: el vodka de fabricación nacional

José Hugo Fernández y Ernesto Santana, en Cubanet

LA HABANA, Cuba -Millones de cubanos se hacen viejos y mueren sin haber probado el auténtico ron de su país. Cualquier trabajador común de Tokyo o de Edimburgo reconocería quizá más fácilmente que uno de los nuestros el exclusivo sabor del Havana Club Reserva. A lo más que pueden aspirar los bebedores pobres de aquí, que son mayoría, es a un pésimo destilado con las marcas Cubay o Bocoy que se comercializa en moneda nacional (a 57 pesos la botella más asequible); o con la marca Planchao, en cajitas de cartón que no contienen más de un par de buches y cuestan 90 centavos de cuc, o sea, unos 20 pesos. Y ahora, para colmo, irrumpe en nuestro mercado el vodka hecho en Cuba, en variante “barata” y desvirtuadora, que nos aleja aún más del alcance del buen ron.

Son diversas ya las marcas de vodka cubano, entre ellas, Regenta, que se produce y embotella en la periferia habanera; VC, elaborado en Villa Clara; El Valle, en Pinar del Río; o Galeón, producido por la Empresa de Bebidas y Refrescos EMBER HABANA… Casi todas son comercializadas en envases de un litro, cuyo precio, que no alcanza los 4 cuc, es sustancialmente inferior al de una botella de ron Varadero o de Mulata o de añejo tres años, de Havana Club, y sólo equiparable al de la botella del peor de los rones de esta firma, el añejo blanco. Aunque es bien conocido, no está de más recordar que 4 cuc representan la tercera parte del salario mensual de cualquier trabajador cubano.

Los “moderados” precios de estos nuevos vodkas criollos podrían responder a lo sencilla y económica que resulta su elaboración en la Isla, mediante artificios tecnológicos con los que logran separar residuos de aceite de fusel del alcohol proveniente de la caña de azúcar, los cuales marcan el sabor característico en los rones y aguardientes, pero son ajenos al elixir ruso. Así es como facturan una especie de rastrojo que, claro, alinea entre las más infames imitaciones de vodka, pero es alta en contenido de alcohol, por lo que gusta a nuestros bebedores.

Las autoridades de la industria de bebidas han declarado que el principal objetivo que persiguen con esta profusión de vodkas criollos es sustituir importaciones. Se trata de un galimatías muy poco serio, ya que, si están pensando en el turismo extranjero, es inconcebible que alguien que venga de visita a la Isla, prefiera beber, en vez de ron, vodka de categoría zeta. Y si piensan en nuestros nuevos ricos, es obvio que ellos optarán siempre por el buen ron antes que por el Regenta o Galeón, por más baratos que se los ofrezcan. Incluso, contradictoriamente, el vodka importado (marcas Roskoff o Samarskaya) se comercializa aquí a mejor precio que el ron, en proporción de cantidades.

Entonces, pues, no hay sustitución de importaciones que valga. La única verdad parece ser que estos remedos de vodka criollo van dirigidos a nuestros bebedores de ciertos limitados recursos, aquellos que consiguen reunir en grupo unos pocos cuc para comprarse una botella que les anime el juego de dominó los fines de semana. Para ellos, no hay otra oferta más ventajosa, en apariencia, puesto que ningún ron a la venta en divisas (ni siquiera los de modesta calidad) puede ser adquirido por litros con precios inferiores a los 4 cuc. Y es así como, entre unas y otras piruetas de mercadotecnia, los cubanos continúan aumentando el consumo per cápita de alcohol, a la vez que se mantienen alejados del ron auténtico, su producto natural de gran fama en el mundo.

Desde luego que no estaría mal la existencia de algún buen vodka hecho en Cuba, bebida de prestigio internacional que se reproduce en muchos países. De hecho, la propia corporación Bacardí posee las marcas del excelente vodka Grey Goose. Lo que está mal es fabricar la metralla alcohólica en cuestión con el premeditado descaro de consolar al bebedor cubano, mientras su bebida nacional por excelencia es exportada o vendida aquí a precios de producto de importación.

 

 

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