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Vivimos en un monasterio

Lucas Garve, Primavera Digital

Mantilla, La Habana.- Cuando pregunté al joven que vende discos si tenía películas nuevas, me explicó que no podía venderlas más porque lo prohibieron.

Una de las ocupaciones permitidas para ejercer como trabajador por cuenta propia es la de vender discos. Desde el año pasado, luego de las autorizaciones para trabajar por cuenta propia reflorecieron como por arte de magia los vendedores de películas, series y telenovelas. Por el precio de $25 pesos, equivalentes a $ 1 peso en moneda convertible, como mínimo puedo obtener cinco películas.

La venta de discos aparece entre labores autorizadas a ejercer por cuenta propia en la Gaceta Oficial con el número 22 que reza así: "comprador- vendedor de discos". Pero es algo que realmente ocurría sin permiso hacía tiempo. En las calles más céntricas de La Habana era ya habitual encontrar a los vendedores de discos de películas y música.

A partir de este mes de junio, los vendedores de discos CD-R y DVD solamente pueden vender música grabada. A los vendedores de CD y DVD los hicieron firmar un documento comprometiéndose a no vender películas, series de televisión ni telenovelas.

Detrás del asunto y más allá de la preocupación por los derechos de autor y de distribución, está la garra peluda de la censura gubernamental. Una de las acciones encarnizadas del gobierno es la guerra contra las señales de televisión de Miami que se captan aquí en la isla.

El cable, o mejor, el Canal Educativo # 3, como dicen los cubanos a los canales de televisoras hispanas de la Florida, mueve a un ejército de policías y técnicos que arrancan, desentierran, cortan las redes de cables de azoteas, calles, postes, por donde pasan ocultos para escapar de la vigilancia oficial.

Una de las formas de rechazo silenciosa a la propaganda oficial es "ver el cable". El acceso a una programación de dos y hasta cuatro canales de la televisión de Miami ofrece a los cubanos una vía de escape al discurso audiovisual marcado por la ideología comunista que difunden los canales cubanos de televisión y acercarse, por lo menos a través de la pantalla chica, a un mundo que no conocen y anhelan.

Las telenovelas, las series, las películas, los programas de entretenimiento, son las preferidas por los cubanos en su mayoría, porque muchos televidentes ni ven las emisiones informativas porque dicen que no quieren saber más de política.

Para quien no puede pagar "la antena o el cable" al precio de $ 10 pesos convertibles, la opción de fin de semana es visionar una serie o una telenovela cómodamente en su casa gracias al lector de video. Toda la familia disfruta de ello y cuesta mucho menos que salir a la calle a gastar el dinero que no les sobra.

La libertad de información es tan necesaria como el aire que se respira. Un nuevo paso en su contra lo han dado las autoridades cubanas amparadas en un falso respeto a los derechos de autor y de reproducción.

Humberto Eco supo describir la lucha entre la Fé y la Razón en su novela El Nombre de la Rosa: "La censura a las ideas sostiene al crimen, al miedo y a la depravación de la conciencia para sojuzgar a los hombres encerrados entre las cuatro paredes de una creencia instituida por otros hombres para el beneficio de su poder personal".

La piratería del derecho intelectual y artístico se realiza en Cuba de todas maneras desde mucho antes y no precisamente por los flamantes cuentapropistas, sino por los mismos funcionarios gubernamentales.