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¿Valió la pena el Moncada?

Orlando Freire Santana

LA HABANA, Cuba, abril, www.cubanet.org - En días pasados, la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) fue sede de la tercera sesión del Foro Debate Aniversario 60 de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. En el evento, un grupo de académicos de entidades oficialistas se reunieron con estudiantes y profesores de ese centro para insistir en la justificación histórica de esos hechos acaecidos en 1953, y que dieron inicio a la revolución de Fidel Castro.

Los académicos se refirieron a la situación económica y social de Cuba en los años 50, y argumentaron que en ese entonces había dos países perfectamente definidos: la Cuba de las ciudades, con un nivel de vida más elevado, y la Cuba de los campos, sumida en el abandono. Y llegaron a plantear que la erradicación de esa diferencia ya era un motivo suficiente para haber empuñado las armas aquel 26 de julio.

Es innegable que nuestro país exhibía agudos contrastes entre el campo y la ciudad. Pero esa no era una situación privativa de Cuba, sino que afectaba- y afecta aún- a buena parte de las naciones tercermundistas, en las que se manifiesta una migración interna hacia las grandes urbes, donde existen facilidades de empleo, educación y asistencia médica. Sin embargo, me hubiese gustado conocer la respuesta de los académicos ante la siguiente pregunta: ¿Por qué a 60 años del Moncada, y 54 de gobierno castrista, es necesario mantener una legislación que restrinja el arribo a La Habana de personas provenientes del interior del país?  Evidentemente, tanto tiempo no ha bastado para compensar la sangre derramada en aquella jornada.

Y si incursionamos en algunos indicadores económicos, el panorama podría tornar más difícil la labor de convencimiento de los académicos. En 1952, al lograr una producción de siete millones 500 mil toneladas de azúcar, Cuba se reafirmaba como uno de los principales países productores y exportadores de ese producto en el mundo. En años recientes, las zafras cubanas no rebasan los dos o tres millones de toneladas. Un vacío en el que se cayó tras el cierre de la mitad de los centrales azucareros debido a la ineficiencia con que estaban produciendo el dulce.

Los datos que se derivan de la balanza comercial del país (exportaciones e importaciones) resultan también esclarecedores. Según el Anuario Estadístico de Cuba, el país presentaba una balanza comercial favorable en 1950: exportó productos por 642 millones de pesos, e importó por 515 millones, lo que reportó un superávit de 127 millones de pesos. A partir de 1960, ya con el castrismo en el poder, nunca más la isla mostró saldos favorables en este sentido. El 2011 se comportó de un modo alarmante: hubo exportaciones por seis mil millones, e importaciones por 13 mil 956 millones de pesos. Es decir, un déficit de casi ocho mil millones de pesos. Esta tendencia desfavorable no pudo revertirse ni siquiera en la etapa de la sovietización del país, a pesar de la colosal ayuda del Kremlin. En 1985, por ejemplo, la isla reportó un déficit de mil 35 millones de pesos en su balanza comercial.

Otro tanto sucede si nos atenemos al comportamiento de las personas. Los mayorcitos afirman que, en los años 50, y con tal de no despertar muy temprano a los vecinos, los lecheros dejaban los litros de leche en la puerta de las viviendas, y podían permanecer allí durante horas, sin que nadie se apropiara de ellos. Ahora, en cambio, las puertas y ventanas de las mismas viviendas han tenido que enrejarse, mientras que los campesinos apenas pueden sembrar o criar animales, a causa de esa sed insaciable de apoderarse de lo ajeno que recorre la isla. Es como si las autoridades hubiesen extraviado la brújula: en el intento de formar al hombre nuevo, terminaron enseñando a robar a las  nuevas generaciones.

Los historiadores cubanos acaban de celebrar su VII Congreso. Si como resultado del cónclave, la Historia comenzara a enseñarse de un modo más objetivo, ganaríamos todos. En especial los jóvenes de esta universidad, que estarían en mejores condiciones para responder la pregunta que da título a este artículo.

 

 

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