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Una victoria ciudadana por la legalidad

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- Marta Beatriz Roque Cabello (La Habana, 1945) vive con sencillez en un pequeño apartamento interior en la barriada habanera de Santos Suárez.

Desde la calle Luís Estévez, que fue bautizada así en memoria del cubano que se hizo ilustre, más por la prestancia y los méritos de su esposa -Marta Abreu- que por los propios, se accede por un pasillo estrecho hasta el humilde y pequeño apartamento de Marta.

El pasillo hasta su puerta y unos pocos metros más allá, está cubierto con consignas revolucionarias. Frente a su puerta, hay una acuarela colocada para provocar por "vecinos" revolucionarios, desde la cual un Fidel Castro "forever young", de uniforme verdeolivo, porta fusil de mira telescópica, desafía y amenaza desde el autoritarismo armado, distante, castrense y machocrático a la civilidad democrática, femenina y desarmada que se refugia detrás de la sencilla pared y puerta del frente.

No logro asociar esta humilde y sencilla vivienda con dineros y fondos millonarios. El discurso oficial se desmiente cuando se compara la casa de la huelga de hambre en Luís Estévez, con las proletarias mansiones de Miramar, o con la calidad con que viven los dictadores del proletariado.

Al llegar, se percibía una atmósfera densa cargada de presagios y aprensiones. El economista independiente y ex preso político Arnaldo Ramos Lauzurique, me recibió en la puerta con la preocupación que no lo abandonó reflejada en el rostro. Pero también con esa atmósfera de camaradería invencible, orlada por la complicidad fraterna de los proscritos. Me dio la mano, la bienvenida y me dijo preocupado: "Marta está mal".

Mi primera impresión es que había demasiadas personas en un apartamento tan pequeño. La sala de la casa apareció como el espacio en que no parece quedar lugar para algo más. Una de las paredes está cubierta de libros, las otras con fotografías enmarcadas de Marta Beatriz Roque en compañía de diplomáticos y jefes de estado, como por ejemplo, una con el ex presidente español José María Aznar.

Desde el pasado lunes 10 de septiembre, un pequeño grupo de disidentes entre los que se contó Marta Beatriz Roque, inició una huelga de hambre que tuvo como propósito lograr que el gobierno militar de La Habana detenga la escalada de violencia y gamberrismo desatada contra la oposición y la disidencia interna. También, que el gobierno militar se avenga a reconocer a la oposición interna en su carácter de interlocutor eventual para un diálogo político ciudadano, que se indemnice o que se repongan las propiedades vandalizadas, robadas o destruidas del matrimonio de opositores en la zona oriental y que el prisionero político Jorge Vázquez Chaviano, quien cumplió su sanción en la cárcel sea liberado como establece la ley y no retenido entre rejas por el talante o los humores de algún uniformado con estrellas de calamina.

Poco más de una semana más tarde, cuando más de veinte opositores se sumaron a la huelga y el movimiento se perfilaba como el próximo hito en la lucha por sacar a la isla de la burbuja excluyente de poder en que se afirma la partidocracia militar en el ejercicio inmodesto y autoritario del poder absoluto, la huelga concluyó. Las muy eficientes redes informales del SMS y el boca a oído, dieron a conocer que el preso Vázquez Chaviano sería liberado en horas y la responsabilidad político ciudadana de los huelguistas se impuso y todo concluyó.

Junto a Marta, en este, su pequeño apartamento, cinco disidentes se sumaron a la huelga de hambre y la acompañaron en esta empresa que pudo terminar de cualquier forma y no precisamente de la mejor. Ellos fueron Yadira Rodríguez Bombino, 22 años de edad, y su esposo, Yasmani Niples Abad, de 23 años, ambos de la Red de Comunicadores Sociales; Rosa María Naranjo Nieves, 50 años, de la provincia Holguín y exponente típica de los corajudos opositores de aquella zona del país; Ivis María Rodríguez y su esposo Fermín Zamora Vázquez, ambos de La Habana y de 45 años de edad.

Completaron la escuadra dos veteranas y experimentadas opositoras, Tania de la Torre Montesinos de Manzanillo, de la provincia Granma, e Idania Yanes Contreras, de Villa Clara, quienes conformaron el dinámico equipo de apoyo que se ocupó de la atención de los huelguistas, recibieron a las visitas que no cesaron de entrar y salir, atendieron los teléfonos y se ocuparon de los pequeños detalles que los chinos de la antigüedad definieron dentro de lo que llamaron "la importancia de lo pequeño".

Al cabo de poco más de seis días de huelga de hambre, refirió Idania Yanes Contreras que Marta sufría hipotermia, sudoraciones, cefalea, contracciones y espasmos musculares involuntarios y una condición física degenerativa apreciable. Su salud en quebranto, producto de diabetes y trastornos cardíacos, la mantuvieron casi postrada en cama, muy debilitada durante las últimas jornadas.

El resto de los huelguistas sufrió trastornos en la presión -los mayores- y el joven matrimonio de Yadira y Yasmani, la depauperación paulatina común en estos casos, aunque básicamente se encontraron en mejor condición física que el resto. Bueno, hasta que hubo que correr para el hospital con Yasmani Nicles.

La absoluta falta de presencia policial ostensible en los alrededores de la casa de Marta, evidenció que el gobierno militar continúa afirmado en su clásica y conocida soberbia. Mientras sirven de mediadores para que una banda narco terrorista colombiana se deslice hacia la legalidad a partir de negociaciones con ese gobierno, a la oposición pacífica interna cubana le muestran el puño, el ninguneo más absoluto o ambos.

Mientras compartí el tiempo con los huelguistas, llegaron más opositores y miembros de la sociedad civil. Sara Marta Fonseca, presidenta del Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, afiliado a la Fundación Andrei Sajarov, se presentó para brindar su solidaridad a los huelguistas. Pude saber que tanto ella como la organización que dirige se aprestaban a realizar actividades en apoyo de este cuasi holocausto político por la legalidad. Sara Marta se presentó con un grupo variopinto que incluyó alguna dama de blanco, ex presos políticos y otros activistas de a pie de los que no hilvanan discursos y se aprestan a ponerle el pecho y la espalda a los golpes de la porra y la reputación, a los intereses de quienes le juzgarán desde la comodidad de la distancia.

El final en que el empeño ciudadano venció y la huelga de hambre quedó felizmente rebasada me tranquiliza y me hace feliz. Me carga la muerte, el culto impuesto y aplatanado de ese discurso y me cargan aún más las huelgas de hambre. Más que holocaustos por la legalidad, sería mejor que alguien como Marta Beatriz Roque Cabello comprendiera que los luchadores pro democracia, son imprescindibles sanos y vitales. Los héroes muertos no ganan batallas cívicas, venerarlos no nos sacará de encima a los fariseos de la charanga revolucionaria homicida y verdeolivo.

 

 

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