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Una taza de azúcar amarga

Arnaldo Ramos Lauzurique, Primavera Digital

Centro Habana, La Habana.- La prensa oficial trata de hacer creer que el sector azucarero es todavía estratégico y prometedor para Cuba.

Un amplio comentario del 11 de agosto pasado, correspondiente al diario Juventud Rebelde, propone destacar que esa industria no ha podido recuperarse del golpe que sufrió en el llamado período especial, que se inició con la crisis de los 90, originada por el derrumbe del campo socialista.

Sin embargo, el gran colapso se dio en 2002, cuando en una de sus famosas "iniciativas", Fidel Castro hizo implantar la llamada Tarea Álvaro Reinoso (TAR), y de 156 centrales solo dejó 71 para producir azúcar; desactivó otros 71 y el resto quedó para producir mieles. La TAR contemplaba además que de las 2,3 millones de hectáreas de caña solo quedaran 0,8; y el resto destinarlas a otras actividades. Se pretendía producir en esas condiciones 4 millones de toneladas de azúcar, con rendimientos de 54 toneladas por hectárea y 12% industrial. Nada de ello se cumplió y las tierras, que debían destinarse a otras producciones, se poblaron mayormente de marabú.

La caña de azúcar y su industria habían resistido todos los avatares desde la colonia española hasta 1959, con penurias y esplendor; sin ceder ante ninguna de las actividades que siempre le dieron auge al país, como: el tabaco, el café, la ganadería y el resto de la agricultura.

Son célebres y bien conocidas las expresiones: "La proveedora de azúcar mundial" "Y sin azúcar no hay país", que caracterizaron una larga época antes de 1959.

El trabajo mencionado señala que de 1981 a 1990 el rendimiento agrícola fue de 53,4 toneladas por hectárea. Después de la decisión de Castro por lo general no alcanzaron las 30 toneladas por hectárea y hubo una zafra, la de 2005 que solo llegó a 22,4.

Desde 1991 y hasta la implantación de la TAR, las producciones de azúcar se elevaban por lo general a más de 3,5 millones de toneladas y posteriormente, en especial de 2005 a 2012, fueron solo de algo más de un millón. Paulatinamente disminuyeron los centrales activos hasta tocar fondo en la zafra 2012 con solo 36.

En mayo de 2006 se abrió paso la idea -en el sector- de producir etanol, directamente de los jugos de caña, fórmula que ha sido muy exitosa en Brasil y se pretendía elevar la producción de unos 100 a 500 millones de litros. Con el precio del etanol, por aquella época (49 centavos el litro), permitiría captar 250 millones de dólares, casi el doble que s ingresó con las exportaciones de azúcar en 2006.

Pero desde su lecho de enfermo en 2007, Castro volvió a lanzar una idea destructiva y dijo: "...independiente de la excelente tecnología brasileña para producir alcohol, en Cuba el empleo de tal tecnología para la producción directa de alcohol a partir del jugo de caña no constituye más que un sueño o un desvarío de los que se ilusionan con esa idea"; de esa manera cerró esa posibilidad en su origen.

Pero lo que completó la ruina de esa agroindustria fue que más de 100 mil trabajadores se vieron obligados a abandonar el sector al implantarse la TAR y 10 años después, esa fuerza es en su mayoría irrecuperable.

Sin embargo se abre de nuevo el optimismo porque parece que Fidel Castro está muy ocupado con la moringa y se señala por un especialista "que este sector puede ofrecerles resultados promisorios a la economía". Se indica que de 750 mil hectáreas que se dedican a la caña en la actualidad, se podría llegar a un millón, alcanzar rendimientos de entre 50 y 54 toneladas por hectárea y destinar la mitad de la cosecha a producir alcoholes y el resto azúcar.

El escrito expresa demasiado optimismo, teniendo en cuenta lo sucedido en los últimos años, en que la descapitalización de la industria, la pérdida de trabajadores capacitados y los bajos rendimientos cañeros, se han acentuado. Se necesitarían cuantiosas inversiones y un interés del capital extranjero que el temeroso régimen cubano no está propiciando.

Teniendo en cuenta que se comienza prácticamente de cero y con las condiciones existentes en Cuba, que brindan muy poco estímulo a las inversiones extranjeras y al entusiasmo laboral, este nuevo plan para reactivar y desarrollar el sector parece formar parte de la política no declarada de entretener a la población y ganar tiempo hasta que ocurra lo que necesariamente tiene que ocurrir.

En condiciones mucho más favorables Cuba necesitó 20 años para pasar de 1 millón de toneladas de azúcar en 1905 a 4 millones en 1925. Ahora en el corto período de 5 años, hasta 2018 se pretende: "...todo el desarrollo de los centrales, el incremento de las capacidades fabriles, la estandarización de sistemas y equipamiento industrial, la introducción de tecnologías para incrementar el tiro directo al basculador y aumentar la producción de electricidad con la introducción de plantas bioeléctricas". ¡Ver para creer!

 

 

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