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Una sola moneda y el mismo bolsillo roto

Luis Cino Álvarez, Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana.- Advierto, como siempre hago las contadas veces que toco estos temas, que la economía no es mi fuerte.

Así que no me hagan mucho caso, pero percibo que el gobierno, al iniciar el proceso de unificación monetaria, chapuceramente, con subterfugios y sin tener claro hacia dónde va, se ha metido, sin saber nadar, en aguas en las que no da pie.

La Nota Oficial al respecto, más que informar, ha creado confusión en la población. A tenor de la ambigua información dada sobre este primer paso del proceso de unificación, la gente en la calle no sabe si se quedará como moneda única el CUP ó el CUC; si por ejemplo, su salario mensual –que se supone no aumentará si no aumenta la productividad, ¿o sí?- será 19 CUC ó 456 CUP, que igual no alcanzan para malcomer una semana; si cuando vaya a comprar un litro de aceite tendrá que pagar 2.40 CUC como hasta ahora o 56. 60 CUP; si se queda el CUP como moneda única, si podrán entrar a las tienda a las que no dejan pasar con bolsos –aquí se presume que todos somos ladrones o aspirantes a ello- con un saco de billetes de a peso para poder pagar la fortuna que costará cualquier cosa, porque si se trata de pagar con la tarjeta magnética, lo más probable es que los empleados, cuando comprendan que no tienen margen para "buscarse algo", te traben con el pretexto de que no hay conexión o cualquier otro.

Esas y muchas otras preguntas se hacen los cubanos. Supongo que el gobierno ya debe tener el modo de responderlas, porque lo que se comenta en la calle, donde ya casi nadie espera algo bueno de "esta gente", es para preocuparse.

Paradójicamente, los que más debían preocupar al régimen son los que piensan simplistamente que cuando se logre tener una sola moneda, se empezarán a solucionar los problemas económicos del país. ¿Qué harían si en vez de mejorar, empeora la situación, como es muy posible que ocurra, al menos en los primeros tiempos? Sabemos cuán inflamable suele ser la decepción de los desesperados.

El caso es que la gente, sin saber mucho de economía, pero con la experiencia en sus costillas de más de medio siglo de experimentos fallidos, está bastante pesimista. Escucho hablar de devaluaciones –dicen que van a poner el cambio del CUC de 18 a 12 pesos-, de la inflación y el desabastecimiento que viene, de terapias de choque y hasta de algo muy parecido a un corralito bancario, a pesar de las garantías oficiales de que no defraudarán la confianza de los que han depositado su dinero en los bancos.

Pero la opinión que más escucho en la calle es que si no aumentan los salarios y adecúan los precios, da lo mismo que haya una u otra moneda, las dos, o cualquier cantidad de ellas, porque el dinero vale lo que puedas comprar con él. Y creo que tienen razón.

De momento, al paso que van, todo lo que conseguirán con estas medidas mal aplicadas y peor explicadas será echar una sola moneda en un mismo bolsillo roto. Solo que así, con una moneda única, a los economistas de los jefes se les hará más fácil la tarea de calcular el desastre.

Ya sé lo que me van a decir, no me hablen de equilibrios fiscales ni de liquidez monetaria. Mi gente, hambreada, no entiende de esos temas. Y está al agotársele la paciencia.

 

 

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