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Una similitud histórica

Jorge Luis González Suárez, Primavera Digital

Cuba actualidad, Plaza, La Habana.- En sus inicios dentro del Imperio Romano, el cristianismo tuvo una época muy difícil. Los emperadores, que temían la pérdida de su poder por culpa de la nueva secta religiosa, adoptaron medidas contra los cristianos, que vistas a través del tiempo, tienen ciertas coincidencias con la actualidad cubana.

Las tres leyes generales que se adoptaron en Roma para poder perseguir a los cristianos fueron: la ley contra las asociaciones ilícitas, la ley contra el “crimen de lesa religión romana”, que castigaba el ateísmo, el sacrilegio y la magia, y la “Lex Julia Maiestatis”, que condenaba a muerte a los que atentaban contra la seguridad del estado o se negaban a rendir culto al emperador.

Un análisis de estas disposiciones muestra una concurrencia con ordenanzas actuales establecidas por las autoridades cubanas de forma sorprendente. Estos preceptos se aplican sobre todo a los que nos manifestamos pacíficamente nuestra inconformidad con las directrices del sistema.

La primera de las citadas leyes romanas recuerda la existente dentro del código penal cubano. Numerosas personas se han visto amenazas por las autoridades por tratar de crear alguna sociedad legal para reclamar sus derechos ciudadanos. Aquellos que persisten en sus intentos, son amenazados, multados y/o sufren prisión, en procesos amañados, acusados de “reunión ilícita”.

La segunda de las legislaciones alude a todos aquellos que no obedecían la religión estatal, porque perjudicaba los intereses de los sacerdotes de esa época. Es equivalente a la adoración a las máximas figuras del gobierno, sus posiciones políticas y sus directrices, pues en caso contrario el estatus que se recibe es el de contrarrevolucionario.

La más parecida de todas estas regulaciones es la referida a los delitos considerados contra la seguridad del estado, que considera a quienes no obedezcan los designios del jefe supremo como traidores a la patria y que pueden ser sancionados hasta con la pena de muerte.

Si repasamos los anales de la Revolución Cubana, podremos ver como con justificaciones variadas se ha hecho abuso de poder ante situaciones que perjudicaban a las altas esferas, que van desde largas condenas de prisión incluso a partidarios que han cambiado su posición, hasta el fusilamiento de algunas figuras cuyo solo nombre eran motivo de inquietud para la élite.

Recordemos entre los que sufrieron sanciones extremas al desaparecido comandante Hubert Matos, el asaltante del Cuartel Moncada y expedicionario del yate Granma Mario Chanes de Armas, considerado el preso político que guardó mayor tiempo en la prisión durante el siglo XX, hasta llegar a los fusilamientos del general Arnaldo Ochoa y el coronel Antonio La Guardia, sin contar el número de personas desconocidas por la población.

Resulta interesante comprobar como los poderes despóticos en todas las épocas imponen desde una posición de fuerza las ideas, con el fin de mantener el dominio absoluto sobre los ciudadanos y su manera de pensar. Esta actitud contrasta con los principios de libertad, que son cada día más expandidos por instituciones sociales de toda índole en el mundo moderno.

Este breve análisis puede llevarnos a pensar sobre el sistema político vigente en Cuba la actualidad. ¿Por qué la represión ante cualquier manifestación no violenta de inconformidad? Si otros gobiernos tratan de allanar las diferencias con los opositores, ¿cuál es la causa de que aquí se mantenga esa intransigencia? La respuesta está en que los acomodados y sus acólitos no quieren perder su influencia y sus prebendas.

 

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