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Una promesa y un alivio

  Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- Lo dijo el general y todos respiramos más aliviados. Ni él, ni su hermano, ni el resto de la orquesta geriátrica estarán para hacernos la vida un yogur en un eventual próximo congreso del partido único y minoritario. En el congreso 7, si es que hay un congreso 7, estaremos a salvo de toda la pandilla. ¡Qué alegrón! Fue lo mejor y más esperanzador, entre todas las boberías que hablaron, el Gordo Murillo, la señora Evangelina Pedraza, Alarcón el cabezón y el general presidente.

A ellos, ocasionalmente les da por ser gentiles y dar alguna buena noticia. Sólo de vez en vez. Hace un tiempo organizaron un llamado Club de los 120 Años. La gente se sintió amenazada con la probabilidad de que el Comandante viviría 120 años. La perspectiva se tradujo en un incremento en los balseros y la tasa de suicidios. Imaginen, cien años que es el límite tradicional para todo tipo de males, trasmutado en ¡ciento veinte años! Algunos inconformes que nunca faltan, lo consideraron mucho. Ciento veinte fue sin duda razonable, demasiado. Que nadie merece castigo semejante.

Por lo pronto, el señor Marino Murillo Jorge, vicepresidente y ministro, a quien llaman a nivel popular y no precisamente con cariño, ‘el Gordo’, salmodió un galimatías, cruel por momentos y aburrido por definición. La gente al menos logró sacar algo en claro, el próximo año y el resto de lo que quede de presencia de la orquesta, sacarán del lomo del pobre pueblo de Cuba el 30% y más de cada ingreso de cada trabajador. Así lo dijo el Gordo y lo confirmó Evangelina.

Sobre el señor ministro Murillo se tienen pocas referencias, pero muy malas. Pertenece a la clásica categoría de los que botan el sofá. Recién estrenado de ministro de Comercio Interior, con el uniforme de coronel en un perchero aún aireándose, resolvió el problema de corrupción en términos de leche en polvo y otros productos lácteos, desapareciéndolo todo. No se trata de que el Gordo haya terminado con el mercado negro de leche en polvo. Fiel a las enseñanzas recibidas y bien aprendidas, acabó con la leche en polvo y resolvió el problema. El Gordo es un caso, o como se dice en el barrio, “un punto”.

Mientras que la señora ministra Evangelina Pedraza, llamada Lina, para ahorrar esfuerzos de memorización y hacerle el nombre (al menos eso) algo más digerible, se explayó en una explicación que pocos entendieron sobre la forma en que el gobierno exprimirá al pueblo, a partir del próximo año y el próximo congreso. El Gordo, a pesar de todo o por todo, ganó palmadas de aprobación de los futuros ausentes al discutible séptimo congreso.

Entre las afirmaciones hechas por el señor general presidente Raúl Castro algo fue muy significativo. Afirmó que no había sido elegido (en realidad nombrado) para terminar con el socialismo. Pero bueno, al socialismo no hay que terminarlo, se termina solito. Al socialismo hay que imponerlo con muchos fusilamientos, cárcel, miedo compartido y cuanto malo hay. En cuanto deja de imponerse, se acaba solito. No hay que empujarlo, se cae.

Otra maravilla del general fue su afirmación de que no permitirían acumulación de riquezas. Fue como decir: para ricos nosotros y ya. Resulta curioso que los únicos gobiernos de este mundo preocupados porque los ciudadanos de sus respectivos países no aumenten sus caudales y crezcan en confort, son los de Corea del Norte y el de Cuba.

Entre tantas cosas negativas que tenemos, al menos nos queda una promesa y un alivio. La promesa es que no estarán en un eventual e improbable séptimo congreso del partido único. El alivio es que no tienen, en términos biológicos, otra opción que honrar la promesa. Dios lo quiera.