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Una pauta afirmativa y un análisis acertado

Juan González Febles, Primavera Digital

La Habana.- En un trabajo publicado en el rotativo neoyorkino The Wall Street Journal, “El costo de la política cubana de Barack Obama”, firmado por la columnista Mary Anastasia O’Grady, se abordan entre otras cosas, consecuencias emergentes de la política hacia el régimen militar castrista llevada adelante por el presidente saliente Barak H. Obama y como esta política podría proyectarse en la gestión del presidente electo Donald Trump.

Como muy bien apunta la Sra. O’Grady, la decisión del presidente Barack Obama en diciembre de 2014 de liberalizar la política estadounidense hacia Cuba, no ayudó a la candidata demócrata Hillary Clinton como se esperó desde la Casa Blanca. En lugar de esto, se volvió un nuevo problema.

La explicación pública del gobierno de Obama para el cambio de política hacia el régimen castrista, demostró ser una rotunda falsedad. El acercamiento económico con el régimen, ciertamente no acelerará la caída de la dictadura.

Al menos en Cuba, la lectura expuesta por O’ Grady en su trabajo sobre que las intenciones de Obama sugieren que el presidente saliente en verdad “mantiene simpatías ideológicas hacia la Revolución Cubana y cree que los Castro tratarán a los cubanos de forma humana solo si EE.UU. muestra tolerancia hacia el totalitarismo tropical”, es compartida por muchos en la oposición interna cubana que le consideran casi un aliado solapado de la dictadura castrista.

Como señala en su trabajo la Sra. O’Grady, la economía cubana es un desastre y el régimen echa atrás sus promesas de reforma. Las golpizas y los arrestos de disidentes aumentaron desde que EE.UU. hizo sus concesiones. Aun así, Obama mantuvo sus concesiones a los Castro, como sucedió el 14 de octubre, cuando autorizó nuevos reblandecimientos en las sanciones.

El presidente Trump se verá abocado a arreglar el embrollo que le deja Obama entre manos. Los cubano-americanos honorables en ambos partidos exigirán respuestas y la reelección de Ileana Ros Letinehn, Marcos Rubio y Carlos Curbelo, podría marcar una pauta interesante en este sentido.

Como señaló en su trabajo O’Grady, que tal parece escribir desde Cuba por sus certeros enfoques sobre asuntos cubanos, la creciente desilusión generada por una estrategia de gobierno que ayudó a los Castro y excluyó al pueblo cubano, parece haber afectado el criterio y la participación entre los votantes de centro -izquierda, preocupados por el tema de los derechos humanos y al final, ganó Trump.

La distensión de Obama frente a los Castro no será nunca un triunfo político. La esencia totalitaria del régimen castrista, de la familia Castro y de la élite que encabezan, es profundamente antiestadounidense y anti-democrática. Esto no cambiará jamás.

El embargo comercial de EE.UU., llamado bloqueo por los medios al servicio del régimen y que fue convertido en ley en 1996, requiere la aprobación del Congreso para ser retirado. Aunque Obama haya normalizado las relaciones con La Habana y con este paso, haya legitimado de hecho a un gobierno mafioso, como acertadamente esboza O’Grady en su trabajo, esto en nada cambia la esencia de la cuestión y al menos por ahora, el embargo se mantiene a la espera de que alguien o algo, lo haga verdaderamente eficiente.

La victoria republicana podría revocar cada orden ejecutiva expedida que ha liberalizado y concedido oxígeno a la más vieja dictadura del continente. Las licencias otorgadas a algunos hoteles de EE.UU. para que operen en la isla y se unan de esta forma a la explotación de los trabajadores cubanos, como sucedió en el caso de los trabajadores hindúes en La Habana, es un ejemplo harto elocuente de lo que no debe llegar de USA hacia Cuba a partir de una orden ejecutiva expedida desde la Casa Blanca.

En su trabajo, O’Grady dejó pautas desde un análisis muy acertado. Ciertamente da la impresión que lo que hace, lo hace en Cuba y desde Cuba. ¡Excelente enfoque y excelente perspectiva!