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Una imagen para el mundo

Víctor Manuel Domínguez

LA HABANA, Cuba, mayo, www.cubanet.org -“Somos, todos unidos, una imagen para el mundo”, fue la expresión de un sindicalista, tomada como eslogan por el semanario Trabajadores, el día previo a la marcha por el 1ro de Mayo en La Habana.

Sin embargo, el 30 de abril, y contrario al titular “Unidos para todos los tiempos”, una redada policial efectuada en los alrededores de la heladería Coppelia, en el barrio capitalino El Vedado, excluyó de la foto familiar del proletariado a decenas de indigentes cubanos.

En horas de la mañana, un grupo de policías, agentes vestidos de civil y personal paramédico, montaban por la fuerza en un destartalado ómnibus, con chapa HWL 526, a dementes, alcohólicos, gente sin hogar y otros marginales que deambulan a diario por la zona, al igual que ocurre en muchas otras partes de la ciudad.

También fueron detenidos, esposados e incluidos en la redada, jóvenes con una supuesta “apariencia pre delictiva”, ciudadanos sin residencia oficial en La Habana, y cualquier tipo de menesteroso que empañara la imagen que se quiere vender al mundo.

Los gritos y forcejeos que armaban los cubanos “infotografiables” cuando eran capturados y subidos al ómnibus, atrajeron a decenas de transeúntes que, aglomerados en torno al área de la redada, expresaban en diferentes tonos: “Eso no se hace. Es un abuso”.

El descontento popular con lo que sucedía fue mucho, pero el miedo pudo más y nadie se atrevió a contrariar a los policías. Incluso, hubo opiniones divididas entre los curiosos,  que calentaron el ambiente.

Una señora que conocía a uno de los detenidos por la fuerza, indicó que las redadas eran habituales, tanto en fechas conmemorativas revolucionarias, como durante la celebración de eventos importantes o las visitas de personalidades extranjeras.

 “Es como si quisieran ocultar bajo la alfombra lo que ellos consideran basura. Y todas esas personas, dementes, alcohólicas o lo que sean, tienen, en su mayoría, un historial de trabajo. Adrián, -dijo y señaló a un indigente que sacaba la cabeza por la ventanilla y lloraba pidiendo ayuda- es un veterano de las guerras en África”.

Por su parte, un hombre que alegó ser militante del Partido Comunista de Cuba, expresó que “las medidas profilácticas son útiles, y hay que lavar la parte sucia de la ciudad, sino a dónde irá a parar la imagen del país”. Las miradas de rechazo no se hicieron esperar.

Mientras tanto, el ómnibus lleno de cubanos que no estarán “unidos para todos los tiempos” con el resto de la ciudadanía, partió rumbo a La Colonia, una especie de albergue para indigentes ubicado frente al hospital psiquiátrico de La Habana, conocido comúnmente como Mazorra, en el municipio Boyeros. Allí, según dijeron algunos de los presentes durante la recogida, serían bañados, alimentados y retenidos contra su voluntad hasta el día después del desfile, en que serán devueltos a las calles, ya cuando las cámaras de los visitantes extranjeros al último reducto comunista de Occidente hayan abandonado el Paraíso de los trabajadores.

A la marcha compacta de cientos de miles de cubanos unidos –y coaccionados- por la plaza, no se le vio una grieta donde asomaran los rostros, cada vez más abundantes en nuestras calles, de los mendigos.

La operación fue otra victoria del photoshop socialista. Otra vez, Cuba muestra una imagen trucada para el mundo.

 

 

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