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Un pueblo cansado y sin esperanzas

Rogelio Travieso Pérez, Primavera Digital

El Cerro, La Habana.- Eran alrededor de las 11 de la mañana, del viernes 26 de junio. Había visitado la casa de mis amigos Juan González Febles y su esposa Ana Torricella, en Lawton, y al llegar a la Parada del P-3 para regresar a mi casa, me encontré que estaba como casi siempre, pero aun peor: una aglomeración de personas esperaba con impaciencia que pasara una guagua.

Dos guaguas no habían parado y más personas se seguían sumando a las que esperaban el ómnibus.

Durante el tiempo que permanecí en la parada, frente al correo de la avenida Porvenir, escuché las quejas de hombres y mujeres.

Unos comentaban que los niños no van a recibir yogur porque la fábrica está rota. “Y ahora en las vacaciones, ¿qué les vamos a dar de desayuno?”, preguntaba una mujer.

Todos concordaban en que el problema de la comida está muy difícil, que las guaguas cada día están peores, y que así no se puede salir a la calle.

“Todo esto es un descaro, los de arriba ni se imaginan como vive el pueblo”, comentó un hombre.

“¡Con americanos o sin ellos, esto cada día está peor!”, exclamó otro.

Al rato, me cansé de esperar y como casi siempre hago, empecé a caminar. Dos minutos después, una guagua pasó y paró cerca de mí, eché a correr y era el P-3, que había parado para dejar pasajeros. Pude con mucho trabajo montarme al ómnibus.

A bordo de la guagua, varias personas discutían. No se podía precisar bien sobre qué.

Un hombre trataba de argumentar que no todo era malo en Cuba. Decía que había peleado en Angola y Etiopia y que allí vio mucha miseria.

Otro le contestó: “¡Compadre, este país nunca fue tan miserable! ¡Fuiste tú entonces quien trajo la miseria de allá!”

La gente se echó a reír. Uno gritó: “¡Échenle la culpa al bloqueo!”.

Una mujer se explayó: “Esto ya no hay quien lo aguante. Hay tremenda hambre. Aquí lo que hay que irse”.

“¡Coño, toda la vida jodío! Uno trata de ser honesto y no puede. Todo está muy caro y los sueldos son una miseria. El que no roba o tiene familia afuera que lo ayude, se muere de hambre”, decía un anciano.

Otro dijo: “Esos militares que dirigen son unos vive bien. A mí me botaron del trabajo, yo era trabajador civil de las FAR y conocí muy bien cómo viven esos peces gordos!

Alguien, riéndose, preguntó: “¿Ustedes creen que el Marino Murillo ese, con lo gordo que está, come de la libreta?”

Otra voz dijo: “Esta revolución no sirvió, mi amigo, todo fue mentira, toda una vida pasando trabajo, ¿y qué?

El hombre que con argumentos muy pobres trataba de justificar algunas de las cosas que suceden, se bajó en la parada de Acosta y 10 de Octubre.

La situación de los cubanos es muy crítica. Este sistema fracasó y el pueblo está harto. Es necesario que las cosas cambien. Cuba no puede continuar como hasta ahora. Si no cambia, el final podrá ser muy lamentable. Y hay que evitar que eso suceda.