Cubanálisis - El Think-Tank

    LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

 DESDE EL CAIMÁN

 

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Un país de machos remachos

Luis Cino Álvarez

Arroyo Naranjo.- Es proverbial la competencia entre México y Cuba, además de por la paternidad del bolero, por ver cuál de las dos sociedades es más machista. Se podría suponer que con tanta propaganda acerca de la emancipación de la mujer en más de medio siglo de socialismo, Cuba quedaba en desventaja, casi fuera de competencia en cuanto a machismo. Pero no.

La lid sigue apretada. Allá los machos remachan a golpes a sus mujeres por cualquier motivo; aquí también, a pesar del Código de Familia, la Federación de Mujeres Cubanas, el CENESEX y de “las iguales oportunidades para todos sin distinción de género” de que se habla. Las golpean porque los contradicen, porque no hay comida, porque el dinero no alcanza, porque son muchos en la casa, porque están borrachos, porque todo es una mierda…

En Ciudad Juárez aparecen mujeres asesinadas y no atrapan a los asesinos. En La Habana, Santa Clara y Santiago de Cuba, a las opositoras no las matan, pero corpulentos agentes de la policía política y sus porristas disfrazados de “pueblo indignado” las zurran a la vista de todos, en plena vía pública.

A tiros y bombazos se hizo una revolución de machos, que no aceptaba a melenudos, maricones ni blandengues pequeño-burgueses con problemas ideológicos. A las féminas las vistió de milicianas o con toscas ropas de caki y sombreros de guano o pañuelos de koljosiana en la cabeza, las montó en camiones, rumbo a los cañaverales o las construcciones, a hacer trabajo voluntario.

Para sus testosterónicos dirigentes es demasiado duro admitir que sean precisamente mujeres, casi todas nacidas después de la revolución, las que para reclamar libertad, les tomen las calles – llenas de baches, escombros, basura y aguas albañales – que dicen son de Fidel y los revolucionarios.

De ahí la saña con que tratan a las Damas de Blanco, las periodistas independientes y las activistas de la oposición que se atreven a desafiar al régimen de las puertas de sus casas para afuera, que es donde más les duele. Curiosamente, a ellas las reprimen con más violencia que a los hombres. Y estoy seguro de que no es porque sean físicamente más débiles, sino porque les temen y les irritan más.

A propósito, ¿por qué será que desde los tiempos del yate Granma y la guerrilla en la Sierra Maestra, a los jefes de quienes ordenan apalear a las opositoras, les gustan tanto las canciones mexicanas? Quiero decir las de charros bien machos, de bigotón y revólver, no las de Juan Gabriel, como creyó hace años cierto despistado que quiso agasajar al Comandante durante una Cumbre Iberoamericana.

En Cuba, un país tan excepcional, el machismo viste nuevos ropajes. Y no lo digo sólo por los muchachos que con el mismo desenfado que se tatúan un eribanga en la espalda o se clavan un piercing en la lengua, se depilan el pecho, besan en la mejilla a sus aseres, ponen a jinetear a sus novias – que tratan como a perras y ellas tan contentas – o le meten una puñalada a cualquiera para demostrar que son hombres a todo.

También el machismo recupera el terreno que nunca perdió del todo entre las mujeres, que se ven obligadas a renunciar a su independencia y su dignidad porque la economía aprieta. Así, tienen que aceptar que los machos las pongan en el papel de objeto sexual, desde que las piropean en las aceras, las acosan en la oficina o la fábrica o se las llevan a la cama por mucho menos de lo que cuesta un par de zapatos o un almuerzo en La Cecilia.

Por algo dijo lo que dijo la Princesa Mariela, tan frívolamente risueña, cuando fue a Ámsterdam – no a comprar marihuana de la buena, la que no ligan con yerba de parque, sino al barrio de las putas – acerca de las cubanas que se prostituyen para que les arreglen el baño. Igual que con el plomero pudo decir con el carnicero, que sabemos – ¡ay, Juan Formell! – que es un cancha, el director de la empresa, el jefe de sector o el maceta que le dé para comprar comida para sus hijos. Pero no sabemos si la princesa conoce esas historias, porque la del plomero se la debe haber contado alguna loquita de su séquito y a lo mejor hasta creyó que era un chiste.

Sólo nos queda esperar por los bayuses de cuentapropistas, con licencia e impuestos de la ONAT. Como se supone que nuestras putas sean las más instruidas del planeta, sólo les hará falta exhibir, además del certificado de salud, una carta del Comité de Defensa de la Revolución.

Anunció el cardenal Jaime Ortega en la TV – ¿vieron cómo la complacencia cardenalicia con el régimen sirvió para ganar espacios a la Iglesia Católica? – que la procesión de la Virgen del Cobre llega a La Habana. Hasta el 30 de diciembre recorrerá todos los municipios de la capital. Esperemos que no se repitan los abominables actos represivos contra las Damas de Blanco y las opositoras. Pero es poco probable. Las mujeres ponen muy nerviosos a este régimen. Incluso la Santa Patrona de Cuba, que para colmo llaman la Virgen Mambisa. ¿Y si ahora que está de moda indignarse, la Virgen se indigna por la represión contra sus hijas y, cansada de tanto abuso, le da por empuñar el machete?