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Un mundo mejor

 Juan González Febles, Infierno de Palo

El arzobispo habanero, cardenal Jaime Ortega Alamino, anunció que el próximo año, la iglesia católica, apostólica y romana de Cuba celebrará el 400 aniversario de la mítica aparición en la Bahía de Nipe, de la Santísima Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, porque en Cuba matrona, tiene otra connotación.

Ortega Alamino logró anunciar las celebraciones eclesiásticas a través de la selectiva y siempre excluyente televisión oficial cubana, que es para revolucionarios, pero para la ocasión, se amplió a prelados amigos o aliados de revolucionarios. A fin de cuentas, vivimos tiempos de tolerancias.

Mientras, la señora Mariela Castro afirmada en el privilegio que ostenta como revolucionaria de primera línea de sucesión, viajó hasta Holanda para reunirse con las madonas del placer de la zona rosa de Ámsterdam.

Allí la princesa, en el ambiente de la mejor distensión, declaró o dijo en forma muy festinada, que las cubanas pagaban los servicios del albañil o el plomero con servicios sexuales. Bueno, el resto de las princesas conocidas hablan cualquier bobería que se les ocurre, pero nunca se les ha ocurrido hacerlo en nombre del resto de las mujeres no princesas de sus lugares de origen. Esa es la diferencia, la princesa Mariela de la casa Castro, habla en nombre de todas las mujeres cubanas.

Lo peor es que lo hace desde la esfera de posibilidades y privilegios que el régimen fundado por su padre y su tío, impusieron con toda la carga de nepotismo, crueldad y exclusión dictados por el egoísmo y el afán de retener el poder absoluto que ostentan. Para ello, Mariela rebajó en su dignidad a todas las mujeres que debió en primer lugar respetar.

Quizás, ellas no eran su gente. Pero quedó abierta una nueva opción. Esperemos en breve la autorización de trabajo para putas por cuenta propia, al amparo de Cenesex o Putisex, que más da.

La revista Espacio Laical publicó dentro de la autoría de Roberto Veiga un trabajo en que afirma que las Damas de Blanco propusieron la salida al destierro de los prisioneros políticos. Esto resulta aún más vil que decir que se representa trabajadores, para en cambio defender los intereses de una élite corrupta, autocrática y en definitiva hostil no sólo a los trabajadores, sino a todos los cubanos.

Por ahí vienen los tiros. Se trata de cubrir las ignominias del destierro de hombres encarcelados sin razón, los acuerdos inconfesables de élites políticas y eclesiásticas, con el ejemplo de Damas de Blanco y el aliento de su líder Laura Pollán, muerta en confusas e inexplicables circunstancias. La libertad con destierro fue la opción del régimen militar. Cada preso político tuvo en sus manos aceptar o no esta opción. La afirmación de Veiga ocupa un lugar en ese catálogo contemporáneo de infamias que estamos obligados a compartir.

Existen diversas opciones para el futuro inmediato. La iglesia católica se apresta a ocupar su lugar. A fin de cuentas, negociar en el pasado con la Gestapo, el destino de varios miles de judíos a cambio de las piedras milenarias de Roma, debe pesar más en el juicio divino, que el conciliábulo fugaz con una banda de viejos sin clase y peor intencionados al frente de una Isla hundida en la peor miseria. Una Isla calurosa y sin tan siquiera piedras milenarias que salvar. Bueno, si lo primero se hizo y no pasó nada, lo segundo pasará sin comentarios.

Lanzar lodo sobre Damas de Blanco y vincularlas a las opciones de la dictadura de excarcelación y destierro, es algo más que miserable. Cada preso excarcelado decidió su destino. No fueron ciertamente las Damas de Blanco quienes fungieron como funcionarios de cárceles y prisiones en aquellos momentos tensos, esperanzadores y a fin de cuentas, aciagos.

Tiempo de jubileos y licencias se viven en Cuba. La zona rosa marca su expansión desde Ámsterdam hasta el Palacio de la Revolución y el arzobispado habanero. Pero no hay que afligirse, otro tiempo y hasta un mundo mejor son siempre posibles y hasta otro gobierno, también.