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 Un gobierno “bloqueado” y malapaga

Odelín Alfonso Torna, Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana.- El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla colocó los últimos pasadores del ataúd cuando el pasado martes 13 de noviembre dijo en Naciones Unidas: "Si creen que necesitamos el bloqueo como pretexto, quiten el pretexto, pruébenlo".

Apenas veinticuatro horas antes de esta réplica a la intervención del representante de Estados Unidos, la XXX edición de la Feria Internacional de La Habana (FIHAV) cerraba con la participación de 3,587 expositores de sesenta y siete países (todo un récord). Sin embargo, el evento deja poco o ningún dividendo en materia de desarrollo económico en la isla.

Más allá del bloqueo, embargo o ahora "pretexto", y con una sociedad carente de todo como la nuestra, no puede existir una economía confiable para quienes deseen invertir en Cuba. Sin embargo, el Gobierno cubano ofrece todas las garantías posibles para que empresarios extranjeros inviertan y se establezcan en la isla -salvo las liquidaciones a mediano y largo plazo-: protección económica, mano de obra barata, mercado seguro y otros privilegios que no tiene el trabajador por cuenta propia.

Esto quedó demostrado en la pasada edición XXIX de la Feria Internacional de La Habana, en la que participaron más de 1,500 firmas extranjeras y 350 cubanas. Dicen que Cuba firmó acuerdos por valor de tres millones de dólares.

¿Tiene que ver el embargo norteamericano con la falta de liquidación a empresarios extranjeros, con los salarios reales usurpados a trabajadores cubanos empleados por empresas mixtas, con los escándalos de corrupción o con la vieja deuda externa de Cuba con más de una decena de países?

¿Por qué más de trescientas empresas cubanas con capital extranjero son controladas por el tinglado militar? Si estas generan el 89 % de las exportaciones y el 65 % de las ventas internas en divisa convertible, una moneda veinticuatro veces más fuerte que la destinada a los salarios básicos, ¿de qué pretexto habló Bruno Rodríguez en las Naciones Unidas?

"Levanten el bloqueo en el sector de las telecomunicaciones, permitan la conexión cubana a los cables submarinos para acceder a Internet", dijo Bruno ante más de ciento noventa naciones.

Precisamente en abril de 2009, el presidente Barack Obama lanzó una propuesta para que empresas norteamericanas de telecomunicaciones se enlazaran con Cuba mediante sus cables de fibra óptica. Desafortunadamente, la medida se enredó en los mecanismos legales de su administración: las regulaciones del embargo que prohíbe las inversiones en la red cubana de telecomunicaciones, más la ratificación de Cuba en la lista de países promotores del terrorismo o ciber-terrorismo. De concretarse este proyecto, ¿asumiría Cuba el pago por este servicio? ¿Estarían el buscador Google y las redes sociales sujetas al control y la manipulación de los ciber-policías del régimen cubano?

Pero este planteamiento de Bruno es más que irónico. Desde febrero de 2011 Cuba está enlazada con Venezuela mediante un cable de fibra óptica, un proyecto binacional que costó más de setenta millones de dólares y cuya inactivación se le achaca a problemas de "corrupción". Basta decir que con este cable, las info-comunicaciones cuentan con 640 gigabytes, lo que no incluye el ancho de banda asignada a Cuba por Estados Unidos desde 1996.

Pero no podemos hablar de "bloqueo" cuando el Estado cubano destina 2 803 314 dólares anuales para el enfrentamiento radioelectrónico, fundamentalmente contra las emisoras Radio y TV Martí, máxime cuando la información del "enemigo" llega de todas formas mediante soportes digitales o antenas satelitales ilegales. ¿Estaría interesado el Gobierno cubano en diseminar las info-comunicaciones a escala nacional mediante el cable óptico?

De levantarse el "pretexto" a un país que importa lo que hace medio siglo le sobraba, ¿servirán las exportaciones cubanas de contrapartida a la compra de alimentos y medicamentos en Estados Unidos?

Evidentemente, el Gobierno cubano necesita el "bloqueo" como pretexto para la desinformación, el establecimiento de una burguesía militar y la prolongación de un conflicto bilateral que deja el camino abierto a inversionistas extranjeros afines al régimen. La FIHAV es un buen ejemplo.

El canciller Bruno Rodríguez dijo en su réplica que el "Sr. Goddard fue a repetir de manera goebbeliana el mismo cuento que hace cada año a esta Asamblea..." ¡Qué ironía! Es una suerte que los cubanos hayan escuchado por primera vez, íntegramente y por los noticieros oficiales, la intervención de Goddard.

 

 

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