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Un centro de estudios para no olvidar

Aimée Cabrera, Primavera Digital

Centro Habana, La Habana.- Durante la República había muchas personas iletradas y de bajo nivel de instrucción. Los oficios y otras labores menores abarcaban parte del tiempo de quienes los ejercían, pero siempre hubo quien se sobrepuso con esfuerzo, y logró estudiar en centros de estudios como el Instituto Nacional de Previsión y Reformas Sociales.

En cada curso escolar aparecía un folleto impreso en O'Reilly número 206. El folleto del curso 1945-1946 enseña en sus primeras páginas una nota de Pastor del Río, secretario general del Instituto en la que certificaba que la Junta de Gobierno del Instituto había decidido publicar la Memoria del centro de estudios.

Es interesante y admirable la lista por orden alfabético, con los nombres de los miembros de dicha institución, la cual consta de 2 páginas y media, en las que aparecen los Doctores Arturo A. Aballí, Néstor Carbonell, José María Chacón y Calvo, Jorge Mañach, Carlos Márquez Sterling, Manuel Sanguily y Emeterio Santovenia, entre otros distinguidos profesores.

A continuación se mostraba el cuadro del personal administrativo y de los profesores, divididos en Titulares, Auxiliares y Honorarios, los cuales conformaban los grupos de Ciencias, Letras, Idiomas, y Ciencias Sociales. Se divulgaba el cuadro de asignaturas pertenecientes a los Grupos A, para aspirantes al Diploma de Estudios Elementales y el B para aspirantes al Diploma de Estudios Superiores.

En las Observaciones aparece explicado que el curso escolar comenzaba el primer lunes después el 10 de octubre, hasta el último jueves antes del 20 de mayo. Eran impartidas las clases de lunes a jueves, de 5:30 de la tarde a 10:30 de la noche.

La matrícula gratuita estaba limitada a la capacidad docente del centro de estudios, en el cual los alumnos solo podían matricular hasta tres asignaturas. Los nuevos solicitantes debían presentar dos fotos de carnet; y una carta del jefe de taller, de la oficina pública o privada, o del secretario del gremio o sindicato para acreditar su condición de trabajadores, así como su conducta y moralidad.

Se destacaba también en las Observaciones que el centro no tenía filiación política ni religiosa, aunque si la asignatura lo requería, y bajo la dirección del profesor, tanto este como sus educandos, podían exponer y discutir todas las ideas y doctrinas. Pero fuera de las clases, en el centro, no se permitían discusiones de carácter partidista, político o religioso.

En este Instituto no solo se destacaba el curso extraordinario impartido por alguno de los excelentes profesores, sino que se distinguía a los alumnos con el Premio Especial, cuando su ejemplaridad era sobresaliente.

La Salutación era realizada por educadores y estudiantes a los doctores que se distinguían por su ilustre magisterio.

La transparencia se reflejaba en otras páginas que divulgaban datos tales como la edad de los alumnos, los matriculados y aprobados por asignaturas, los premiados y los graduados con diversos diplomas y certificados.

Para culminar, aparecían dos discursos, uno de un estudiante y otro de un intelectual escogido para la solemne ocasión.

"Era muy pobre pero quería triunfar en la vida. Me sacrifiqué mucho, pero fue una experiencia inolvidable para mí llegar al Instituto de Previsión y Reformas Sociales y ver a tantas personalidades y, como con la humildad de los grandes nos impartieron conocimientos y nos cultivaron para toda la vida, una experiencia difícil de vivir ahora, los jóvenes terminan una carrera y no saben hablar ni conducirse"- expresó una anciana que estudió en el prestigioso centro de estudios gratuito de la época republicana, tan criticada desde hace más de cinco décadas.

 

 

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