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Un castigo más estúpido que enajenante

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- El régimen militar totalitario de La Habana ha impuesto un castigo al pueblo de la Isla, más que estúpido, enajenante. Con motivo de la esperada muerte del ex dictador Fidel Castro han decretado nueve días de duelo. Esto es, nueve días con la misma hambre y la misma represión, pero sin música ni alegría.

No les bastó con las escenificadas demostraciones luctuosas oficiales con lloronas y payasos de librea y aval intelectual en poses declamatorias, tan histriónicas como ridículas. Entonces, han saturado aún más la televisión oficial y única disponible, la radio y el resto del espectro mediático con loas y adoraciones por alguien, de quien la mayoría deseaba ardientemente desembarazarse. Ni animados para los niños, ni música o humorísticos para adultos. ¡¡¡Nueve días!!! ¿Qué les parece?

Frente a la indiferencia que contó con una presencia más totalizadora que la propia represión absoluta que se respira en la Isla, la respuesta oficial fue proscribir aún más la alegría. Tal proscripción hizo que la indiferencia corporizada desde los hogares y las calles se hiciera aún más patente.

La indiferencia por la ausencia de quien corporizó, desde su largo y omnímodo mandato, la miseria nuestra de cada día, ha levantado nuevas alertas. Policías y otros ejemplares de la fauna asalariada consagrada a la represión velaron porque no se oiga música, no se vean las cíber ofertas de los paquetes y en ocasiones, porque no se produzcan manifestaciones individuales y colectivas que choquen con las demandas inherentes al duelo impuesto.

La buena noticia es que ha quedado demostrado que el culpable en jefe del desastre nacional es visto como tal por la mayoría silenciosa. Esa que encontró en la indiferencia la forma de enviar su mensaje a la élite geriátrica, ventruda y adiposa que determina la vida y hasta la muerte Malecón adentro.

Para la mayoría, el ex dictador dejó de ser un héroe hace mucho tiempo. Permaneció anclado desde mucho antes en el imaginario popular solo como una molestia. El tipo de molestia que prostituyó a algunos y a otros les hizo balseros o “emigrantes económicos”.

Si el último y controvertido ejercicio militar no fue una orden por él emitida, para muchos queda como otra expresión de su legado maléfico. Se trató de otra meta inalcanzable u otro gasto tan inútil como la intentada desecación de la Ciénaga de Zapata, las vacas enanas, los F1 y F2, la industria azucarera que colapsó con su mandato o cualquiera entre sus pasadas y fracasadas ocurrencias.

Mientras buscaban ayuda para “los damnificados” del huracán Matthew, decidieron mostrar el puño y el músculo militar representativo de la chatarra rusa que conservan, a quien único pueden asustar con ella, esto es, al pueblo desarmado y maniatado de Cuba, porque cualquier ejército moderno moriría de risa frente a semejante demostración.

Por lo pronto, el pueblo cubano está castigado con el duelo impuesto en nombre y memoria de alguien en que pocos o nadie están interesados. Nueve días de duelo por alguien que nunca fue elegido en comicios electorales por alguien en Cuba. Esto quedará como la referencia de un castigo más estúpido que enajenante.