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Treinta y nueve años de una constitución excluyente

Rogelio Travieso Pérez, en Primavera Digital

Cerro, La Habana.- Una visita que realicé en agosto del año 2000 a mi amigo Jesús Yanes Pelletier, quien se encontraba convaleciente de una caída, me fue muy importante para poder profundizar en parte de la historia no divulgada, dada la censura existente en nuestro país.

Pelletier, un histórico defensor de los derechos humanos, fallecido hace varios años, me contó, entre otras muchas de sus vivencias, que pocos días después del golpe de estado del 10 de marzo de 1952, en una finca en las afueras de La Habana, se celebró una reunión presidida por Fulgencio Batista, en la que participaron varios altos oficiales y políticos afines al régimen que acababa de instaurarse.

La presencia de Pelletier en la reunión se debió a que por entonces era el oficial asistente del general Gregorio Querejeta.

Según Pelletier, la reunión trató sobre la derogación de la constitución de 1940, su sustitución por unos Estatutos Constitucionales y la abolición de la Autonomía Universitaria.

La Constitución se aprobó que fuera derogada, imponiéndose los Estatutos Constitucionales, pero la abolición de la Autonomía Universitaria no fue aceptada por la mayoría de los presentes, y continuó vigente hasta el triunfo de la Revolución, cuando fue eliminada y en su lugar impuesto el discriminatorio dictamen de: ¡La Universidad es para los revolucionarios!

La inmensa mayoría de los que murieron en la lucha contra el régimen de Batista eran partidarios de la reinstauración de la Constitución de 1940.

Después del triunfo rebelde, en fecha tan temprana como el 7 de febrero de 1959, hubo de imponerse una Ley Fundamental, que según los oficialistas, se basaba en el articulado de la Constitución de 1940.

¡Cuánta falacia!

Pondremos un solo ejemplo. Según el Artículo 25 de la Constitución de 1940: “No podrá imponerse la pena de muerte. Se exceptúan los miembros de las Fuerzas Armadas por delitos de carácter militar y las personas culpables de traición o de espionaje en favor del enemigo en tiempo de guerra con nación extranjera”. Huelgan los comentarios.

La Constitución de 1940 fue derogada de facto y no de jure.

Dicha Constitución, distintiva por su pluralidad, representó un gran paso democrático y avances en lo referente al Estado de Derecho. En la elaboración de esta Ley de Leyes participaron como miembros de una Asamblea Constituyente, distintos representantes de la sociedad cubana quienes integraban un espectro social, económico y político, en el que estaban representados los distintos pensamientos de la nación.

Fue muy diferente lo ocurrido en la elaboración de la Constitución de 1976, reformada en 1992, cuando el Partido Comunista y el Estado-Gobierno, designaron a personeros del régimen para que confeccionaran un articulado que respondiera al Estado Totalitario (ver los artículos 5, 53 y 62 de la actual Constitución).

Los 17 años que estuvo vigente la Ley Fundamental, la Universidad para los revolucionarios, los Comités de Defensa de la Revolución controlando la vida de los cubanos en las cuadras, la vigencia de la pena de muerte, las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), una sociedad civil con organizaciones totalmente oficialistas, la ofensiva revolucionaria del 13 de marzo de 1968, el Estado como el único dueño y empleador…Todos estos factores, más otros muchos que pudieran señalarse, generaron un gran temor e indefensión en la población.

El poder absoluto estaba en manos del Estado y el Partido Comunista. No quedó otra alternativa al pueblo cubano que refrendar una constitución que serviría como camisa de fuerza y para tener en un puño a toda la sociedad.

En la discusión y redacción de una constitución deberán participar distintos representantes, con pluralidad de pensamiento, y no un partido único o grupo en particular.

Los derechos son inherentes a la persona y la función de la Carta Magna de un país es la salvaguarda de los derechos de todos los ciudadanos por igual.

Para Cuba es imprescindible una nueva Ley de Leyes, para así ser consecuentes con la manera de pensar de José Martí, quien advirtió que las constituciones no deben ser ideológicas y que “la prosperidad de un pueblo es tener muchos pequeños propietarios”.

A partir de los anuncios hechos el 17 de diciembre por los presidentes de Cuba y Estados Unidos, siendo siempre todos muy celosos en evitar manipulaciones y obstáculos, deberá abrirse una posibilidad en aras de una solución nacional donde participen todas las partes del pueblo cubano.

Es hora de entre todos, sin exclusión, resolver nuestros problemas sociales, económicos y políticos.

El deshielo de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos es una parte importante del problema. La otra nos corresponde a todos los cubanos. ¡Cuba así lo necesita!