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Todos pueden ayudar a que Cuba cambie

Oscar Sánchez Madan, Primavera Digital

Cidra, Matanzas.- Contribuir a acelerar el cambio político y económico que Cuba necesita para que el pueblo prospere y se beneficie de los derechos y las libertades fundamentales es una posibilidad y una obligación moral que tienen todos los cubanos. En el lugar donde viven, dentro o fuera de la isla, deben aprovechar bien las oportunidades que tienen de cumplir esta importante misión.

Es difícil hallar a un compatriota que no desee que cambie la situación que enfrenta el país de miseria, hambre, indisciplinas sociales, pérdida de valores morales y ausencia del sentido de pertenencia.

Son pocos los que no se interesan porque el abuso policial, el robo, la corrupción oficial, entre otros fenómenos negativos que lastiman el alma de la nación, sean extirpados para siempre de la tierra que los vio nacer y que aman.

Muchas personas en Cuba o en el exilio no han hecho durante los últimos 56 años lo que han podido y debido hacer para que el régimen militar castrista desaparezca. Han permanecido indiferentes ante el dolor de sus coterráneos mientras disfrutan de las bondades del mundo libre. Han utilizado la más fácil y poco inteligente de las justificaciones: no inmiscuirse en política por la supuesta mala conducta de los políticos.

Gracias a Dios han existido otros –ojalá fuesen mayoría- que han entregado su alma y parte de su libertad y de sus recursos monetarios y materiales para auxiliar a sus familiares y a opositores al régimen.

Sin embargo, muchos de los que permanecen en el país manifiestan que no saben cómo ayudar al cambio sin buscarse problemas con la dictadura. No entienden que la libertad hay que comprarla por su precio.

Esto ocurre cuando hay nacionales que trabajan a favor del cambio desde el anonimato. Brindan información a los opositores si están en peligro de ser arrestados o golpeados por la policía. Los ayudan con financiamiento, alimentos, equipos o dispositivos digitales para facilitarles la labor periodística y de denuncias. También distribuyen materiales impresos y audiovisuales antigubernamentales. Pero son pocos.

En estas labores la iniciativa ciudadana es muy importante. Si se ponen a pensar -sobre todo las personas más jóvenes- sobre qué se puede hacer, idearán maneras de impulsar el cambio que ni siquiera se les han ocurrido a los mismos disidentes. Sí, porque la inteligencia popular es más fuerte que cualquier ejército o cuerpo policial.

Uno de los más importantes trabajos que han realizado los estudiantes y trabajadores dentro de sus centros estudiantiles y laborales en otros países ha sido desenmascarar allí a los dirigentes corruptos, mentirosos e ineficaces. Claro, sin dejar de hacer propuestas concretas sobre cómo mejorar la educación, la producción y el país en general y quienes son las personas responsables que deben dirigir las instituciones.

Los jóvenes comunistas en la provincia de Matanzas han reconocido hace pocas semanas que uno de los principales problemas que afectan a la juventud es la falta de opciones de entretenimiento. Esto podría servir para justificar el inicio de una gran pelea con el régimen que no necesariamente debería tener un perfil antigubernamental. No olvidemos que es el estado el que controla casi todas las instalaciones de recreación del país, por lo que es el responsable máximo de este problema.

Todo lo que se le ocurra al pueblo podrá hacerse en coordinación o no con quienes de manera organizada trabajan para construir la democracia. Pero hay que actuar con resolución y civilismo para que Cuba cambie y forme parte de las naciones libres.

No debe la ciudadanía permitir que con el mejoramiento de las relaciones del régimen con los gobiernos de los países democráticos desarrollados las principales riquezas del estado se repartan entre los líderes históricos del castrismo y los millonarios extranjeros.

Cuba es de todos los cubanos, es decir, del obrero, del estudiante, del campesino, del intelectual, del ministro, de las madres, los abuelos, los incapacitados, que no pueden trabajar pero tienen derecho a una vida sana. Eso significa que la fortuna nacional no es sólo de los comandantes enriquecidos a costa del sudor del pueblo.

Hay que dejar de apoyar a la banda de rufianes que pretenden decidir el destino de los cubanos eternamente y conducen a la nación por el sendero de la incertidumbre, la esclavitud y la pobreza mientras hablan de un socialismo próspero y sostenible.

La no participación ciudadana en los eventos de las denominadas organizaciones de masas como los Comités de Defensa de la Revolución, es una forma de contribuir con la necesaria transformación que Cuba necesita. Destruir los pilares fundamentales que sostienen a un régimen dictatorial es tarea de primer orden. No se debe cooperar más con sus instituciones, llámense Poder Popular o Central de Trabajadores de Cuba.

Depositar las esperanzas de cambio sólo en manos de estados extranjeros es una colosal ingenuidad. La solidaridad internacional es imprescindible, pero el actor principal del cambio tiene que ser el pueblo cubano.

Todos pueden y deben contribuir a que la difícil situación en que se vive cambie. Desde una fábrica, una escuela, un hospital, un medio de prensa, un órgano de gobierno, los barrios, o el exilio hay que colocar con resolución sobre el suelo patrio los valiosos granitos de arena que ayuden a erigir el edificio de la libertad y la prosperidad en que las cubanas y los cubanos merecen vivir.