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Todos los caminos llevan al mismo lugar

José Antonio Fornaris, Primavera Digital  

Managua, La Habana.- Hace unos dos o tres años, en un lugar bien visible y enmarcado con delicadeza, existía en la pequeña y vieja necrópolis de la localidad de Managua, un diploma acreditativo que rezaba: "Cementerio Destacado".

Aunque en su momento escribí sobre el tema, medio en broma y medio en serio, en realidad nunca he logrado entender muy bien qué es lo tiene que hacer un cementerio para ser destacado.

Aunque no creo que ese sea el único "destacado", en verdad, según lo que he podido indagar, sí hay algo que lo distingue de sus iguales o parecidos: los vándalos -¡vaya usted a saber por qué!- no actúan en su perímetro. Y no es porque sea un cementerio humilde, porque de los cementerios en Cuba se llevan hasta a los muertos.

El pasado 30 de marzo, en la sección "Acuse de Recibo" del periódico Juventud Rebelde, puede leerse: "Vicente Gayo escribe con una mezcla de tristeza e ira, porque del osario en el panteón familiar, en el Cementerio de Colón, en la capital, le han robado algo insustituible, que no tiene precio ni cotización: los restos mortales de sus padres y de la madre de un amigo".

Y el hombre con angustia preguntaba:" ¿Qué podemos hacer ahora? ¿Quién nos puede explicar lo ocurrido? No creo que a estas alturas los restos aparezcan, pero quiero hacer esta denuncia, y que se haga algo para evitar esos desmanes que hieren la más pura sensibilidad humana".

Al parecer, aun nadie le ha explicado nada. Pero ese tipo de hecho no es privativo del Cementerio de Colón. Hace unos días, volví a escuchar sobre una historia similar ocurrida hace cierto tiempo en el cementerio de la pequeña localidad El Calvario, en el municipio Arroyo Naranjo. Lo diferente es que la necrópolis de Colón, por ser la más importante del país, cuenta con permanente custodia.

Este jueves 23, por vez primera en años, el programa televisivo Mesa Redonda, analizó un problema de la situación nacional: la agresión sonora en las ciudades del país.

La conclusión fue que aunque existe una legislación al respecto, ni la ciudadanía ni las entidades del Estado la respetan. Y los que tienen que hacerla cumplir tampoco actúan.

Eso no es nada extraño, porque si no se respetan ni el silencio y la tranquilidad de los cementerios, por qué razón habría que pensar que es obligatorio el respeto sonoro a los vivos.

Y aunque es aplaudible que al menos ya se reconozca en los medios que hay mucho ruido ambiental, en Cuba no se puede analizar una situación independientemente de la otra. Todo hay que verlo en el conjunto de más de 52 años de sistema socialista con los mismos gobernantes. Y en ese contexto es fácil apreciar que cuando se habla de los problemas de la nación, todos los caminos llevan al mismo lugar: al llamado Palacio de la Revolución, sede del Comité Central del Partido Comunista.