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Todo el mundo grita, menos los cubanos

Odelín Alfonso Torna

LA HABANA, Cuba, julio, www.cubanet.org -El aumento de precio del transporte público en Brasil puso sobre alerta al gobierno de Dilma Rousseff, hasta ayer irreprochable. Las manifestaciones populares han llegado a un punto en que la mandataria decidió reformar políticamente su país.

En Estambul, por unos cuantos árboles cortados en el parque Gezi, también armaron lo suyo. En los predios del ALBA, los recalcitrantes gobiernos de la izquierda autoritaria no escapan a las protestas sociales. Todo eso y más vemos en el cintillo informativo de Telesur: bolivianos que hacen huelga por una jubilación digna, nicaragüenses que piden reformar el sistema de Seguridad Social, y, de vez en cuando, venezolanos indignados por el desabastecimiento y la inseguridad social. Todo el mundo grita, menos los cubanos

Para Raúl Castro, es improbable que los escenarios anteriores se den en la isla, incluso si el régimen decidiera mañana mismo aprobar el derecho a huelga. Y no es porque la policía y el ejército cubanos sean lo suficientemente “numerosos y capaces” de contrarrestar una manifestación social en La Habana, o en Santiago de Cuba -no pudieron con el llamado Maleconazo en 1994, hasta que “llegó el comandante y mandó a parar”-, sino porque el miedo condicionado no deja margen para pensar en las políticas de ahogamiento que hemos venido sufriendo los cubanos durante más de cinco décadas.

En cinco años y cuatro meses de gobierno, Raúl Castro ha subido el precio del combustible en dos ocasiones, los pasajes interprovinciales por ómnibus y avión, las tasas impositivas a los cuentapropistas. Suspendió además el cobro de la mensajería postal en moneda nacional, para cobrarla en pesos convertibles (24 veces el valor del peso cubano), aumentó los impuestos de aduana, y por si fuera poco, al intentar que los productos y servicios estatales compitan con el sector privado, genera un clímax especulativo en los precios.

Decidido el Estado a no aumentar salarios básicos, conscientes los líderes históricos de que el reordenamiento económico y los Lineamientos del Partido y la Revolución no funcionan como soporte ideológico, la ofensiva gubernamental contra los vendedores autorizados no pasa de unas cuantas protestas aisladas. “Nadie se suma”, “la gente tiene miedo”, “eso pasa porque nadie conoce sus derechos”, o “para esto la televisión no aparece”, son algunas de las frases que escuchamos cuando la policía económica o política reprime una irritación popular.

Lo que viene para Cuba en materia de “transformación social”, con una tasa salarial de 8 a 10 pesos diarios (0.45 centavos de dólar), bien pudiera suscitar protestas en los países más pobres de la región, con un salario mínimo de 2 ó 3 dólares al día.

El lineamiento 165 de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, proyecta disminuir “la participación del Presupuesto del Estado en el financiamiento de la seguridad social”. Más adelante, agrega que se hace “necesario seguir extendiendo la contribución de los trabajadores del sector estatal y la aplicación de regímenes especiales de contribución en el sector no estatal”.

El lineamiento 284, de la política para el transporte público, prevé “implementar nuevas formas de cobro en el transporte urbano de pasajeros”. En el panfleto también entra el incremento paulatino de los impuestos de la tarifa eléctrica, el agua potable y el gas licuado, este último en fase experimental, 21 veces más caro que el gas manufacturado actual.

Estas políticas de ahogamiento, desde el enfoque de Telesur y la prensa nacional, pasan como proyectos de “beneficio social” o “equidad social”, como le quieran llamar. El Estado cubano duplica el desabastecimiento de Venezuela, al controlar, decidir y mal pagar la cartera de cultivos de los usufructuarios de tierras. En temas de seguridad social, decide, verificación mediante, quienes requieren de bonos adicionales para mal alimentarse en un comedor comunitario.

Nada de esto preocupa al gobierno, tampoco parece preocupar a los ciudadanos. Ese es el por qué el mundo grita y Cuba resiste.

 

 

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