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SUPERVIVENCIA, APATÍA Y DOBLE MORAL, LAS TARAS DEL HOMBRE NUEVO

La posibilidad de lograr en Cuba un libre ejercicio de las libertades humanas se torna cada vez más lejana. El cubano de a pie prioriza su subsistencia, sin reparar en la privación de derechos que sufre.

Jorge Olivera Castillo, en Cubanet

LA HABANA, Cuba -Es triste decirlo, pero el cubano promedio se adapta a las circunstancias con asombrosa naturalidad. El vacío de derechos económicos, civiles y políticos no es un problema que le quite el sueño.

Tales privaciones pasan a un segundo plano frente al duro esfuerzo diario por la supervivencia. Una suerte de mandato del que casi nadie puede escaparse.

La compra- venta de productos robados en los centros estatales, las remesas del exterior, el alcohol, el sexo y las drogas son algunos de los recursos más populares para olvidar la miseria o al menos aliviarla.

En mayor o menor medida se logra el objetivo: se sobrevive. No existe una tendencia de muertes por desnutrición en la Isla, aunque el número de fallecimientos por alcoholismo o el Sida es mayor cada año.

Con esos trajines se ha ido sedimentando una actitud que opera contra cualquier iniciativa reivindicatoria. Pocos se arriesgan a luchar por la libertad.

Cuando subsistir en la Isla se hace demasiado difícil, queda el recurso final de intentar cruzar el Estrecho de la Florida, rumbo a Estados Unidos, en una balsa.

Esta vía de escape alcanza en la actualidad niveles críticos y va en aumento. Lo peor es que también aumenta el número de muertos en el intento.

Ante los hechos gana fuerza el pesimismo respecto al éxito de un movimiento popular masivo a favor de la democracia, que se sume a la labor de los muchos grupos opositores que mantienen su beligerancia, en todo el país, a pesar de los riesgos.

Ganar prosélitos es un reto cada vez más difícil. Mucho más ahora que el régimen ha puesto en vigor algunas medidas que contribuyen a una discreta mejoría económica, como la posibilidad de establecer pequeños negocios privados, y cierta sensación de alivio psicológico con la flexibilización de las leyes migratorias.

La dictadura parece tener el control sobre el futuro a corto y mediano plazo. Las presiones que afronta, en el plano interno y externo, son manejables. Del rechazo mundial hacia la élite insular van quedando apenas vestigios. La aceptación en diversos foros regionales y mundiales sin que medien exigencias de peso, demuestra la propensión al apaciguamiento.

En resumen, la situación para las fuerzas prodemocráticas cubanas no es la mejor en términos políticos. Para la oposición, parece casi imposible pasar de ser simplemente “simbólica”, debido a múltiples factores, entre ellos la capacidad represiva del gobierno y la apatía social, en parte condicionada también por el terror.

Lamentablemente la mayoría de los cubanos elige vivir del modo menos peligroso y prima entre nuestra gente la doble moral. Sumarse a la lucha, a cara descubierta, por un cambio no figura en sus planes.

Prefieren esperar y arreglárselas para cubrir al mínimo las demandas más urgentes, mientras barajan ideas, viables o descabelladas, para abandonar el país.

 

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