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Suelos envenenados, otro ‘producto agrícola’ cubano

Los métodos utilizados por el país son sostenibles… supuestamente

Osniel Carmona Breijo, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- La utilización indiscriminada de los llamados “paquetes tecnológicos” en la agricultura cubana con el fin de proteger los cultivos e incrementar sus rendimientos, constituye el factor principal en la contaminación y progresiva destrucción de los agroecosistemas,

Ismael Ramos Argüelles, Ingeniero Agrónomo y ex docente universitario en la especialidad, afirma que ante las constantes crisis por desabasto de alimentos agrícolas, el gobierno cubano apuesta por hacer crecer las producciones, “acelerando los procesos de cultivo por medio de tecnologías tradicionales que se basan en la aplicación de pesadas fórmulas de compuestos agroquímicos”.

Destacó Ramos que, de la gama de productos químicos que el Estado aplica a los cultivos y también comercializa al sector campesino, varios se encuentran contraindicados desde hace más de una década por la comunidad científica internacional, por el efecto nocivo que producen en los ecosistemas y la salud humana.

“Se siguen comprando porque son más baratos, pero el Ministerio de la Agricultura sabe cuáles son las consecuencias. Puedo mencionar al Theodán, Carbofurán, Bromuro de Metilo, Metil Parathión y Metil Malathión”, señaló.

El método, amplió, lo introdujo en el país la extinta URSS durante la década de los 70, en el periodo conocido por ‘revolución verde’. Tuvo trascendencia por su efectividad para multiplicar las producciones y combatir a corto plazo la hambruna, pero pasó a desuso por una serie de aspectos perjudiciales que comenzaron a aparecer. “Aun así, continúa siendo el primer tratamiento tecnológico de la agricultura nacional”, explica el especialista.

Por la alta exposición a pesticidas, plaguicidas y abonos industriales, comenta que los agroecosistemas o “ecosistemas agrícolas” en Cuba sufren “sensibles modificaciones bióticas y abióticas, incidiendo negativamente en los procesos ecológicos y en la dinámica de las poblaciones alrededor, así como en los flujos de materia y energía”.

Según otro Ingeniero Agrónomo que pidió resguardar su identidad por encontrarse ligado como directivo en una empresa provincial de cultivos varios, cerca del 75 por ciento de los suelos en la isla se encuentran erosionados “debido a las altas concentraciones de sólidos solubles (sales formadas entre otros por cloruro de sodio, de potasio, sulfatos y nitratos) vertidos en fumigaciones, desapareciendo gradualmente los macro elementos (nitrógeno, fósforo, calcio, magnesio y potasio) que posibilitan de manera natural el desarrollo vegetal”.

Un indicador directo de las afectaciones, dijo, es la pérdida de biodiversidad. Algunos organismos vivos importantes en los agroecosistemas, como la lombriz de tierra y un amplio universo de mariposas, casi desaparecieron de los suelos en cultivo.

El ingeniero argumentó que los químicos matan los controladores biológicos ocasionando “plagamientos” en las cosechas.

“Poco a poco las plagas se van haciendo insecto-resistentes, hecho que junto al desconocimiento de las tecnologías agroecológicas, ocasiona que se utilicen por necesidad cada vez más y nuevos agroquímicos para eliminar las plagas resistentes”, resaltó.

Fallan las instituciones

Aproximadamente el 70 por ciento de los suelos cultivables son atendidos por pequeños agricultores, en virtud de propietarios, usufructuarios y a través de las cooperativas, de acuerdo a cifras oficiales.

Ambos especialistas coinciden que de manera general los campesinos no tienen conocimiento sobre los niveles de toxicidad que pueden tener los productos químicos que se usan para apoyar las cosechas, por lo tanto no tienen percepción del grado de exposición y daños que reciben los suelos, las producciones y la salud humana.

Indistintamente, informaron que las delegaciones del Ministerio de la Agricultura en las provincias deben tener un departamento de extensionismo agrario para educar a los pequeños agricultores sobre el uso de los químicos, mostrando las metodologías establecidas e instruyendo sobre la necesidad y ventajas de utilizar tecnologías agroecológicas.

No obstante, en ningún territorio funciona uno de estos departamentos, indicó Santiago Moya, Ingeniero Agrónomo que labora como fitosanitario en una granja estatal de cultivos del municipio San José de las Lajas, provincia Mayabeque.

 “El clima trastornó las condiciones para cosechar en cada estación y los campesinos buscaron asegurar los cultivos fumigando intensivamente con productos que ni siquiera eran necesarios. Los suelos y las producciones fueron envenenadas por ignorancia”, alegó Moya.

En cuanto a los alimentos, confirmó que la mayoría, en especial los de la cosecha de invierno, reciben un tratamiento agroquímico excesivo por lo que retienen importantes contenidos tóxicos, sobre todo los que se ingieren en hojas y masa.

De acuerdo con Moya, el Ministerio de la Agricultura establece como norma que de cinco a siete días antes de cosechar se debe dejar de aplicar productos químicos para que los alimentos lleguen lo más saludable posible a los consumidores, pero no se implementan mecanismos que controlen el cumplimiento de esta disposición o el uso de los agroquímicos.

Tampoco existe, puntualizó, un organismo que controle los niveles de toxicidad o clasifique los alimentos de acuerdo a los indicadores  de toxicidad antes de recalar en los mercados.

“La col es el producto de la tierra más tóxico en Cuba, dado que es un alimento que atrae numerosas plagas y por lo tanto recibe un tratamiento de químicos superior”, dijo.

“Los campesinos, algunos se acercan y preguntan; pero otros la ‘bombardean’ por encima de lo que técnicamente se requiere”, ilustró.

Por su parte Carlos Vitaluña, pequeño agricultor con más de veinte años de experiencia en Mayabeque, describió que por causa de las inusuales lluvias de noviembre y diciembre pasado, blindó su cosecha de col aplicando de manera diaria una fórmula de pesticidas y plaguicidas que además, incluyó Redomil, Zineb y Theodán.

Según señala Moya “son tres productos que no sirven para la col, se aplicaron innecesariamente porque no controlan del todo los plagamientos que atacan este alimento. Era preciso revisar el cultivo para entonces seleccionar un tratamiento específico. Quizás con un solo agroquímico, el indicado, hubiera bastado”.

Todos los testimonios contrastan con la imagen de agricultura sostenible que vende el gobierno cubano hacia el exterior. Como tantas otras cosas, en Cuba la ‘agroecología’ parece haberse quedado en las buenas intenciones.