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“¡Soy un hombre libre! ¡Abajo Fidel Castro! ¡Abajo la dictadura!”

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- Las autoridades de la Isla volvieron a vestir sayón de verdugo. El opositor Juan Wilfredo Soto García, un ex preso político apodado 'El Estudiante' porque durante su juventud protagonizara asonadas y protestas contra el gobierno cubano, fue asesinado a golpes en el parque Vidal de Santa Clara por efectivos de la policía nacional (PNR) dirigidos por oficiales de la policía de Seguridad del Estado. Los hechos tuvieron lugar el pasado 5 de mayo.

El sucesor designado y presidente en funciones, Raúl Castro dio carta blanca para las golpizas y la violencia contra la sociedad civil y la oposición pacífica interna. El caso fue que aterrado por la posibilidad real de que la resistencia a su gobierno crezca, pero por otra parte confiado en que al no disponer Cuba de riqueza petrolera, no resultará elegible para una acción concertada en el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), dio rienda suelta a la naturaleza real del régimen que dirige. El resultado ha sido un civil asesinado en la vía pública por efectivos policiales.

En un comportamiento que se va más allá no sólo del respeto por la ley, sino de la decencia humana básica, los arrestos y detenciones arbitrarias se hacen carne y sustancia de la vida en la Isla. Los atropellos y golpizas de activistas pro democracia, opositores, periodistas y blogueros ordenados por el general presidente en el marco del recién concluido VI congreso del único, gobernante y minoritario Partido Comunista, marcan la pauta de la vida ciudadana del momento.

Dicen los testigos del crimen de Santa Clara, que al Estudiante lo patearon en el piso y que quizás, sabedor de que no sobreviviría, gritó a sus asesinos: "¡Soy un hombre libre! ¡Abajo Fidel Castro! ¡Abajo la dictadura!".

Trasladado al hospital provincial de Santa Clara, Soto García fue internado en la sala de terapia intensiva de esta instalación hospitalaria. Murió en la noche del 7 de mayo, dos días después de su ingreso. Todo comenzó cuando efectivos policiales le conminaron a marcharse del parque y Soto García les reclamó su derecho a permanecer donde estaba. Fue en ese momento en que comenzaron a patearlo. No se detuvieron hasta verlo caer exánime.

Los oficiales de la policía de Seguridad del Estado que ordenaron el asesinato, de seguro no serán molestados. A fin de cuentas, ellos sólo cumplían órdenes. De los asesinos uniformados, ¡que decir! En fin, que la gobernabilidad sin derechos ciudadanos que pretenden perpetuar los históricos ancianos, costará algo más que la ruina material y moral de la nación cubana. La muerte visitará a algunos entre los mejores y los más honestos.

Cuentan que fue velado en la funeraria Camacho de Santa Clara. Allá le acompañaron en esa última jornada un grupo de los ex prisioneros de conciencia del Grupo de los 75, excarcelados y que rechazaron el destierro. Junto a ellos, Guillermo Fariñas y miembros de la oposición interna del centro de la Isla. El sepelio fue fijado a las 2PM, de ese domingo activo y luctuoso.

Ángel Moya Acosta, quien también fuera golpeado recientemente por oficiales de la misma policía de Seguridad del Estado, en las mismas condiciones que el Estudiante, pero con resultados menos adversos, estuvo en la funeraria. Gracias a sus informaciones y a las de Guillermo Fariñas Hernández, recibidas por la vía telefónica, fue posible redactar esta nota. Con ellos, Diosdado González, Iván Hernández, Librado Linares y opositores de Santa Clara que consiguieron llegar hasta la funeraria.

Jorge Luís García Pérez 'Antúnez' y sus seguidores no pudieron salir de sus casas debido a la fuerte presencia policial que lo imposibilitó.

Se conoce que los ejecutores directos de las órdenes del general presidente Castro, son oficiales jóvenes de la policía de Seguridad del Estado, "hombres nuevos" sin experiencia ni contacto con la pólvora, fuera de los polígonos de tiro. Uno se pregunta si más allá de golpear mujeres y civiles indefensos, que es lo que han hecho hasta ahora, serían útiles en otras circunstancias. Pero eso es algo que está por ver y ojala que no haya oportunidad de comprobarlo.

Un hecho a destacar ha sido lo efectivas que resultaron las noveles redes sociales que de forma inmediata pusieron el hecho en conocimiento de factores nacionales e internacionales. Fue una hermosa reafirmación por parte de la sociedad civil cubana del artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y además un desafío ciudadano de soberanía personal.

Juan Wilfredo Soto se fue de esta vida en la afirmación de su condición de hombre libre. Sus asesinos, aun se mueven entre nosotros, con la licencia para matar otorgada por el presidente sucesor designado.