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Sociedad y agresividad

José Antonio Fornaris, Primavera Digital

Managua, La Habana.- Hace pocos días leí en una revista religiosa la siguiente pregunta: “¿Por qué es la gente tan agresiva?” La publicación, a la vez que se refería al fenómeno a nivel internacional, daba sus valoraciones sobre el tema de forma genérica.

Por cuestiones lógicas eso llevó a una interrogante propia: ¿Por qué en Cuba la gente es tan violenta y la prensa, ni lo reconoce, ni emprende una campaña educativa contra ese flagelo?

Eso puede tener varias respuestas. Una de ellas es que la situación de tantas necesidades materiales, el sentimiento de indefensión que late en casi todos los cubanos ante lo hostil que resulta el diario vivir, crea agresividad.

Otra -y esta aunque hay muchas más, es muy probablemente la de mayor enjundia- es que varias generaciones de cubanos han nacido y crecido bajo la égida de un Estado agresivo.

Recordemos que el actual régimen llegó al poder a través de la violencia armada, y de inmediato se dio a la tarea de comenzar una corrida de fusilamientos, que en la práctica solo fue detenida hace unos dos años cuando fue declarado una especie de armisticio en cuanto a la pena de muerte.

Durante mucho tiempo, la violencia fue exportada bajo el precepto que "el único camino para alcanzar el poder era la lucha armada". A su vez, la guerra verbal contra el vecino del norte y los muchos cubanos que están allí asentados, nunca ha concluido.

En lo interno se ha vivido bajo la constante coacción e intimidación hasta para tener derecho a conseguir un empleo. Esa intimidación llegó a su punto culminante con la puesta en práctica, por vez primera en 1980, de los llamados actos de repudio, los que son en realidad -en su momento alguien le dio ese calificativo- linchamientos sin cuerdas.

En aquella ocasión, el órgano del Comité Central del Partido Comunista, Granma, aseguró en un editorial: "El pueblo no conoce de sutilizas diplomáticas. Ahora entrará en acción el pueblo". Era un llamado a que unos cubanos, protegidos por el Estado, agredieran y humillaran hasta la saciedad a otros cubanos que no gozaban de las simpatías del régimen comunista.

La práctica de los actos de repudio aun se ejerce en la actualidad, lo único que en esta ocasión están dirigidos abiertamente contra disidentes u opositores pacíficos.

Dentro de ese accionar de agresiones selectivas, está el visto bueno dado por el general Raúl M. Castro, jefe de los Consejos de Estado y de Ministros, quien en más de una ocasión ha asegurado que "las calles son de los revolucionarios", dando así luz verde a la violencia contra los oponentes a su gobierno.

La directriz viola abiertamente la propia Constitución comunista que especifica que todos los ciudadanos tienen iguales deberes y gozan de iguales derechos.

Los frutos de ese constante llamado gubernamental a la violencia pudieron ser observados durante la misa que ofreció el Papa Benedicto XVI en Santiago de Cuba, cuando un ciudadano que gritó "¡Abajo el comunismo!" fue agredido de manera cobarde, cuando estaba sujetado por los dos brazos, por un camillero de la Cruz Roja. Todo el mundo sabe que la Cruz Roja está para prestar auxilio, no para golpear a ciudadanos indefensos.

Por esas y otras razones, la prensa oficialista, aunque debiera, no puede emprender una cruzada contra la agresividad que existe entre la población. Tendría primeramente que entrar a hablar de los detonantes y sus componentes; y ahí, como se dice en estos lares, es donde se traba el paraguas. Claro, que detener la agresividad social bien valdría la pena que el paraguas se trabara y hasta que se rompiera.

 

 

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