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Sobre estas risas y aquel escarmiento

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- Días atrás, sucedió algo que a partir de limitaciones que la condición humana impone, me conmovió de veras. Regresaba de pasear al perro y cuando buscaba las llaves para subir a mi casa, vi un grupo pequeño de niños que jugaban ruidosamente con pistolas improvisadas a partir de palos, latas, etc. No es extraordinario que niños de siete, ocho y nueve años jueguen con pistolitas; lo hice en mi momento y creo que sucederá siempre, a lo largo del mundo, mientras haya niños y pistolas de juguete.

Lo singular es que me llamó la atención escucharles decir: “… ¡ahí viene Berta! ¡Coge! ¡Coge!”. Los niños disparaban con sus pistolas improvisadas con palos, latas, etc., contra entes imaginarios como los que cada domingo maltratan, reprimen y golpean mujeres. Jugaban a defender a las Damas de Blanco.

Un vecino con cara larga, que coincidió en la escena, me dice:

-¿Y qué le parece?

Le respondo: -Son hijos de mujer. Es normal que cualquier hijo de mujer, encuentre insoportable que alguien maltrate mujeres… ¡Así es la vida!- y concluyó todo.

Días después, se repitió la escena. Solo que esta vez disparaban con agua y con pistolas plásticas de colores. Alguien cercano me dice: “Tus amigas repartieron juguetes hace varios días y entonces, ¡imagínate!, la cosa está malísima y los padres de por aquí, no pueden coger el dinero que es ‘pa’ comer ‘pa’ comprar juguetes. Si antes jugaban a defenderlas, ahora que se sienten defendidos por ellas, ¡di tú!

Los niños reían y me sentí feliz por ellos, pero una fecha con su carga de dolor contribuyó a confundirlo todo. Un trece de julio de 1994, barcos con mangueras de agua a presión embistieron un viejo remolcador que huía de Cuba con 72 personas a bordo, a 7 millas del puerto de La Habana. El remolcador 13 de Marzo fue hundido y dejó un saldo de 41 muertos, de los cuales 10 eran niños, tan niños como estos que jugaban en mi calle.

Según testimonios de la época, los remolcadores Polargo 2 y Polargo 5 embistieron intencionalmente al 13 de marzo, y negaron auxilio a las personas que se encontraban en el agua.

Como he vivido en Cuba toda mi vida, conozco qué es vivir bajo una dictadura militar totalitaria, eso me hace estar familiarizado con la crueldad y la vileza de quienes en Cuba imparten una orden criminal y de quienes por otra o de la misma parte, se aprestan para cumplirla.

Ninguna embarcación, absolutamente ninguna, abandona el puerto de La Habana sin la autorización de la Capitanía del Puerto. Esta Capitanía es una dependencia subordinada de la Dirección General de Tropas Guardafronteras (DGTGF) del Ministerio del Interior (Minint). Entonces, de acuerdo a las estructuras verticalistas de mando de esta institución -Minint- sin una orden específica del nivel jerárquico adecuado, es improbable que ni el primer remolcador, ni los que posteriormente salieron en su persecución, lograran trasponer la boca de la bahía.

Si se hubiera tratado solo de impedir que setenta y dos cubanos salieran de la Isla sin la autorización del régimen militar totalitario castrista, con un solo guardacostas y quizás un helicóptero y personal especializado en estas funciones, la “salida ilegal” se hubiera frustrado. Todo parece indicar que alguien quiso tomar una medida “ejemplarizante” del corte de aquellas medidas tomadas por los capitanes generales coloniales. Esto se decidió en el círculo infernal donde en Cuba se decide el abuso, la vida y la muerte. Dentro de esto, las ejecuciones extrajudiciales y la vileza nuestra de cada día.

Sobre este crimen sin nombre, los medios de comunicación al servicio del régimen mantuvieron silencio. Lo hicieron a pesar de las denuncias y de que el hecho fue del conocimiento de medios internacionales que lo expusieron al mundo.

El jefe de estado en funciones en aquellos momentos, Fidel Castro, calificó en declaraciones públicas, como “esfuerzo verdaderamente patriótico” la actuación de las los criminales involucrados en el genocidio.

Entonces, mientras disfruto de las risas y los juegos de estos niños, no puedo menos que pensar en aquellos otros niños víctimas de aquel escarmiento. Como vivimos bajo la acechanza de que alguien quiera y con el poder absoluto pueda, promover algo “ejemplarizante”, me abstengo de testimonios gráficos o de cualquier otro indicio que pudiera dar lugar a que terminen de forma abrupta las risas.

Solo queda esperar que aquel jefe de estado en funciones en aquellos aciagos días, Fidel Castro, el ministro del Interior, Abelardo Colomé Ibarra, el jefe de la Dirección General de Tropas Guarda Fronteras y el jefe de la Capitanía del Puerto habanero, junto a cada uno de los viles que ensució sus manos en este crimen, respondan por la crueldad de este asesinato frente al tribunal que les juzgue el día de libertad, verdad y justicia que se perfila en perspectiva.