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Sin retorno

Miriam Leiva

LA HABANA, Cuba, enero (www.cubanet.org) – La certeza se impuso sobre la incertidumbre en los pensamientos de los cubanos en el transcurso temporal entre el fin de 2010 y el comienzo de 2011.

La semana del 24 al 31 de diciembre fue de recogimiento en los hogares con magras cenas y limitada bebida, escasa música apenas audible en el exterior, las calles vacías y escaso transporte. El ambiente de incertidumbre creado por la espera de la pronta cesantía, la inseguridad sobre la conveniencia de solicitar una licencia para trabajar por cuenta propia y los cálculos para comprar lo imprescindible se trocó, poco a poco, en premonición de que comenzaba el período sin retorno. ¿Período de la destrucción total o período del cambio real?  En todo caso, ya no sería el período especial vivido durante los últimos 20 años.

La incógnita empezó a despejarse por el epitafio titulado Nota Informativa, publicado el 31 de diciembre en el periódico Granma, en lugar de un mensaje de felicitación o llamado a mayores esfuerzos por parte de las máximas autoridades para celebrar el triunfo de la llamada revolución en 1959, y el comienzo del año 53 del gobierno único, del partido único y la voluntad única sobre el pueblo: “Con el objetivo de reducir los subsidios del Presupuesto de Estado a los productos de Higiene y Aseo Personal incluidos en la Canasta Familiar Normada, se ha decidido liberar la venta a partir del mes de enero del año 2011. Estos productos se comercializarán en las bodegas y los mercados industriales de todo el territorio nacional. Ministerio de Comercio Interior”.

La impersonalidad del “se ha decidido” y la firma del MINCIN en la breve información confirman la desconsideración sobre las penas del pueblo o el temor a afrontar la responsabilidad. Días antes circuló la “bola”, que usualmente lanzan las autoridades para ir acostumbrando las mentes, y la noticia había aparecido en la Gaceta Oficial con los nuevos precios de los productos, pero ese documento no se vende en los kioscos normalmente y la población no tiene fácil acceso a Internet. Resulta que la situación económica es tan precaria que la pérdida de los pocos productos aún vendidos por la infausta Libreta de Abastecimiento se llora cual familiar amado.

Sin compensación por aumento del costo de la vida o pérdida de la subvención para las personas con más bajos ingresos, ¿qué harán los cubanos para estirar los escuálidos salarios y pensiones? ¿Cómo se las arreglarán los cientos de miles de desempleados? ¿Qué espera a quienes no tienen FE? (familiares en el exterior).

No importa. El noticiero de televisión también anunció los envíos de ayuda solidaria de Cuba a Venezuela por las inundaciones, y que los 44 mil colaboradores allí donaron cientos de miles de dólares de sus salarios en un acto con igual objetivo. No ha faltado la información sobre la solicitud de ayuda internacional por parte de Chávez, su entrega de casas y un enorme plan de miles de millones de dólares para la construcción de viviendas a los damnificados.

Indudablemente, somos un pueblo solidario y nos duelen las penurias de los hermanos venezolanos. Pero esas donaciones contrastan muy negativamente con el rechazo del gobierno cubano, sin consultar al pueblo, a recibir la mayor parte de la asistencia internacional ofrecida, cuando los tres huracanes destruyeron la mayor parte de nuestro empobrecido país; sobre todo, si tenemos en cuenta que Venezuela es uno de los mayores exportadores de petróleo del mundo, e incluso subvenciona la economía de Cuba para que las autoridades puedan mantener su poder absoluto. Ahora mismo, miles de familias cubanas aún no han podido arreglar o recuperar sus viviendas perdidas durante los huracanes anteriores y los de 2008; los pequeños planes de construcción descienden y las perspectivas no se vislumbran.

Bien podrían los dirigentes cubanos tomar las experiencias de Hugo Chávez y Evo Morales en la promoción de los mini créditos suministrados por países e instituciones internacionales, y las pequeñas y medianas empresas (PYMES). Deberían sacar lecciones de la precipitada carrera del Teniente Coronel para revitalizar el populismo, pues las inundaciones podrían complicar su ya caída popularidad hasta entre adeptos, evidenciada en las elecciones de septiembre pasado. Aunque Chávez aprovechó el desastre natural para gobernar por decreto durante 18 meses, a fin de neutralizar al nuevo parlamento con apreciable presencia de la oposición y sin mayoría absoluta, el suelo del dictador constitucional no es sólido.

Instructivo ejemplo dejó el 31 de diciembre el Presidente Evo Morales al tener que derogar, ante las protestas generalizadas del pueblo boliviano, el decreto del estrafalario aumento de precios de los combustibles de entre el 57% y el 83%.  La mesura en el necesario incremento de precios lo habría librado de la derrota escandalosa que minó su credibilidad y poder, en los escasos días tormentosos desde la promulgación del gasolinazo el 25 de diciembre.

¿Seguirán las autoridades de Cuba confiadas en la mansedumbre del pueblo, gracias al adormecimiento de las mentes durante 52 años, de moldeo de las generaciones que no han conocido sus potencialidades para determinar el presente y construir hoy un futuro, tranquilo para su vejez y armonioso y próspero para sus hijos y su país?  Los cubanos merecen el cambiazo con participación y oportunidades para todos.