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Sin motivos para celebrar

Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba, mayo (www.cubanet.org) – Aunque el periódico Granma habla de una alentadora recuperación de la zafra azucarera 2010-2011, los reducidos datos aportados demuestran que no existe ningún motivo para sentirse optimista sobre el futuro de la otrora espina dorsal de la economía cubana.

De acuerdo con la información disponible a principios de mayo, prácticamente finalizada la zafra,  el plan de producción de azúcar se cumplía al 106,0%, lo cual lleva a pensar que se producirá alrededor de 1,2 millón de toneladas de azúcar; algunas más del 1,11 millón obtenido  en la zafra de 1894, según la estadística que presentó el Profesor Moreno Fraginals en su magistral libro El Ingenio.

En esta zafra trabajaron 39 ingenios -3 menos que el año anterior-, de 156 existentes a inicios de los noventa del pasado siglo. La cifra más baja en toda la historia de la industria azucarera cubana. La producción comenzó en la primera decena de diciembre de 2010 con 18 centrales, en la llamada “zafra chica”, cuando la maduración de la caña aun no es óptima en muchos lugares. Según Granma, en esta ocasión la capacidad potencial de molida se aprovechó al 66,0%, un indicador nada positivo, teniendo en consideración que desde diciembre ha predominado un clima muy seco, sin apenas interferencias de las lluvias.  Hasta principios de mayo de 2011, las interrupciones operativas y roturas representaron el 15,0% del tiempo industrial perdido, y la falta de caña atribuible a la mecanización alcanzó otro 7,0%.

Aunque Granma considera “alentador” que el rendimiento industrial previsto en el plan, o sea, la cantidad de azúcar  a obtener por caña procesada, se superó en 2,0%, en realidad continúa el pésimo resultado. El diario, en una edición anterior había indicado que hasta finales de marzo el rendimiento industrial acumulado era 10,67%. Indicador que debe haberse deteriorado al bajar la curva de rendimiento en sacarosa, tendencia que tradicionalmente se presenta a partir de abril, profundizándose en mayo. Por tanto, no será una sorpresa que este determinante indicador pueda haber llegado a menos de 10,5, bien distante del promedio alcanzado en los 10 años anteriores a 1959, que fue de 12.83, con zafras (1950 y 1955) que lograron un rendimiento industrial de 13.20.

Con respecto al rendimiento agrícola, el promedio nacional fue de 32,5 toneladas por hectárea, hasta principios de mayo, según Granma. Superior al promedio desastroso del año anterior de 27,0 TM/ha, pero muy distante del promedio mundial de 70,9 TM/ha y  de los principales productores como Brasil (80,2), Australia ( 80,4), Tailandia (71,6), India (64,8), Colombia (101,4), China (69,7) y Estados Unidos (77,6), de acuerdo con estadísticas de la FAO de 2009. Esto indica que una sustancial parte de las áreas cañeras cubanas están en deplorables condiciones y deben demolerse.

Los anteriores datos hablan por sí solos. Demuestran que no son tiempos de regocijo, sino todo lo contrario. Es el momento para preguntar cómo fue posible y qué motivó la destrucción de nuestra primera industria, dejando al país sin su principal y casi único producto de exportación;  con precios excelentes desde hace tiempo en el mercado internacional. Coyuntura favorable que, por haberse destruido la industria azucarera, no ha beneficiado al país.

Cuba, respecto a la situación económica anterior a 1959, en vez de ser más independiente, se ha convertido en una nación más dependiente, con los peligros que esto comporta para la soberanía nacional. Al borde del precipicio nunca habrá motivo para celebrar.