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Sin carne ni viandas, pero con el Che y los Cinco

“¿A quién se le ocurre escribir ¡Volverán! junto a una tarima vacía? ¿Qué es lo que volverá, la comida?”

Ernesto Pérez Chang, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- “Es una regulación. Hay que ponerlas obligatoriamente”, nos responde uno de los vendedores de un agromercado de La Habana cuando le preguntamos por qué todos los puntos de venta de la agricultura tienen a la entrada imágenes del Che Guevara o las cinco caritas de los espías a los que el gobierno cubano ha dado tratamiento de “héroes”.

Aunque es obvia la respuesta en un país donde todo indica que incrementar la propaganda ideológica del Partido Comunista es más importante que salvar la economía, quisimos continuar indagando sobre por qué especialmente en los mercados agropecuarios es que abunda este tipo de “decoración” -para llamarla de algún modo- que ya ha sacado algunos chistes entre la gente.

La mala calidad y los altos precios de los productos que ofertan, incompatibles con los bajos salarios estatales, la fama de ladrones y estafadores que, con razón, se ha ganado el grueso de los trabajadores y directivos de estos lugares, contrastan con el sentido del humor o la escasa percepción del ridículo de las frases “revolucionarias” que “adornan” el ambiente mercantil.

 “A veces pienso que lo hacen adrede”, dice un anciano jubilado que hace sus compras en un agromercado del Cerro. “¿A quién se le ocurre escribir ¡Volverán! junto a una tarima vacía? ¿Qué es lo que volverá? ¿La comida o los cinco héroes? (…) Han puesto la cabeza del Che al lado de una cabeza de puerco. Hay un puesto cerca de aquí donde se les fue la mano con la pintura roja y parece que los han decapitado a todos. (…) Los otros días fui a comprar a un agro que está por la Dependiente y vi que pasa lo mismo. (…) Al que se le ocurrió eso o es un arrebatado o es un anormal con un entusiasmo sospechoso”.

Para Coralia, un ama de casa que hace sus compras en un establecimiento de Arroyo Naranjo, todo no es más que “un chiste”: “No tiene otra explicación. Vaya, es un chiste poner una tablilla con los precios escandalosamente altísimos, un vendedor robándote a la cara y, para colmo, frases de ¡Venceremos! ¡Tus ideas perduran! ¡Tu ejemplo vive! (…) Yo me tengo que reír porque es absurdo el nivel de descaro al que hemos llegado en este país. Yo no me había fijado en eso pero de verdad que es divertidísimo ver una cabeza de puerco al lado de la cabeza del Che”.

Aunque solicitamos información a varios administradores de agromercados en La Habana, la mayoría rehusó comentar al respecto. Solo uno accedió a responder, pero nos solicitó mantenerse en el anonimato por temor a las represalia. El suyo es un punto de venta de cárnicos en el municipio Arroyo Naranjo:

 “Está establecido para todos los puntos de ventas que pertenecen a la CCS (Cooperativa de Créditos y Servicios). (…) No es que yo haya mandado a pintar eso, si me dejaran lo quito ahora mismo pero es que vienen y te pintan los quioscos, quieras o no. (…) Yo trato de ponerle cajas delante y colgarle cosas, tallos de plátano, sacos, para que no se vean pero vienen los inspectores y te obligan a quitar todo. Tienes que tenerlo a la entrada. Tiene que estar visible. A mí ya me da lo mismo porque la gente lo que hace es reírse. (…) Al principio me daba pena porque los socios me decían: “Oye, ¿después de viejo te metiste a comunista? Oye, ¿te metiste a chivatón? Pero todo el mundo sabe que yo no ando en eso y que en toda La Habana es así. (…) A mí lo que me da roña es que en las shopping [tiendas que venden en divisas] no pintan estos mamarrachos y entonces obligan a los cuentapropistas a estas estupideces para hacerle creer a la gente que estamos de acuerdo con todo y que estamos con esto. (…) En Cuba la gente necesita comida, no bla bla bla”.

Carlos, vendedor en un mercado agropecuario en Centro Habana nos ofrece otros detalles: “los que otorgan los permisos para montar los puntos de venta son la gente del gobierno [del Consejo Popular] y ellos son los que determinan la propaganda que uno pone. Yo puedo vender y hacerle propaganda a mis productos pero tengo que tener imágenes revolucionarias al lado de todo eso, si no, me cierran el punto. (…) Los jefes de la cooperativa lo hacen para congraciarse con la gente del gobierno que son cuña del mismo palo porque son los que dirigen las cooperativas. (…) Casi todos son militares retirados que tienen toda esa bazofia en la cabeza. (…) Hay gente que me dice que yo pinté todo eso para estar en buenas con la policía, y no es nada de eso. Yo no hago nada ilegal. Es que si no lo pongo no me dejan vender, es así. Fíjate qué bobería, es mi punto de venta y no puedo hacer lo que yo quiero”.

A falta de un entusiasmo popular genuino y a sabiendas del desencanto que impera en la población cubana debido a más de medio siglo de fracasos, el propio gobierno se ha visto obligado a imponer por la fuerza su propaganda ideológica para ofrecer, sobre todo a quienes no conocen bien la realidad cubana, una imagen generalizada de conformidad con ese viejo discurso político frente al cual, quienes están hartos de él, ya no saben si echarse a reír o a llorar.