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Si no aceptas a las buenas, entonces, a las malas

“Estás obligado a trabajar para ellos porque si no, te quitan el título”

Ernesto Pérez Chang, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- A juzgar por las opiniones de estudiantes, profesores y funcionarios que tienen que ver con el proceso de ubicación laboral, el llamado “servicio social” y la etapa de “adiestramiento” a que son obligados los graduados cubanos, estas han servido durante décadas, primero, para que el gobierno se valga de una fuerza laboral a la que puede manipular a su antojo, y, segundo, para frenar el éxodo masivo de profesionales, ya que una buena parte de los puestos de trabajo del Estado no garantizan el bienestar económico al que aspiran los jóvenes, a quienes el discurso sobre el sacrificio por el socialismo y la “austeridad” del hombre nuevo les resulta falaz y gastado.

En manos del gobierno no para hacerlas más accesibles sino para condicionar el ingreso a ellas y hasta el egreso y los primeros años de vida laboral, las universidades cubanas, despojadas de toda autonomía, son usadas por los militares como instrumentos para “captar” a esa fuerza laboral que no ha sido capaz de atraer debido a la imagen negativa (asociada a la represión y a la mediocridad) que ostentan las instituciones castrenses entre los cubanos.

“Yo no quiero estar en el Minint”

Una estudiante recién graduada de la carrera de Diseño Industrial y que ha preferido mantenerse en el anonimato, siente como que le han tendido una trampa:

“Me he esforzado durante cinco años por ser una de las mejores y obtener una buena ubicación y siento como que me han hecho trampa. A los mejores nos llevan para el Minint [Ministerio del Interior] a pasar el servicio social, y es obligatorio, si no te retiran el título. Yo no quiero estar en el Minint, odio a los militares, no tengo nada que ver con ellos y solo porque les da la gana a ellos, me ubican en el Minint. (…) Tengo una semana para reclamar un cambio de ubicación pero los muy hijos de puta me dicen que solo pueden hacerme el cambio dentro del propio Minint. Yo nunca fui ‘camilito’ [estudiantes de las escuelas militares de nivel medio] ni cadete porque no me gusta la vida militar y ahora me obligan a hacerlo, es eso o me invalidan el título. Yo debí hacer lo que hace casi todo el mundo, sacar el pasaporte o inventar que me voy del país, porque así no te mandan para el Minint”.

Onix Paredes, graduado de Informática hace dos años y actualmente trabajador por cuenta propia en un puesto de venta de discos compactos, nos habla de su experiencia personal:

“Los mejores graduados van para el Minint. No es que te pregunten si quieres, es que estás obligado a trabajar para ellos porque si no, te quitan el título y, olvídate, que si pensabas irte del país, estás embarcado. (…) Uno de los tantos requisitos para que te capte el Minint es no tener pasaporte, y entonces la gente busca 100 dólares, los sacan de donde sea para sacar el pasaporte desde 4to. año para cuando pase la comisión, no los elijan. (…) Yo hasta dije que vivía en mi casa con un tío que era disidente y por eso escapé pero salí de Guatemala para entrar en Guatepeor porque, supuestamente, me ubicaron en un organopónico [huerto de agricultura urbana] en La Lisa. (…) Cuando llegué y vi que en el lugar aquel no había ni una computadora y solo había canteros de tierra con matas y lomas de humus de lombriz y guatacas, me quería dar una cosa. (…) Allí estuve como 6 meses trabajando como si fuera un guajiro, desyerbando y dando guataca, porque si renunciaba, me invalidaban el título, (…) en ese tiempo no toqué ni una computadora y mi jefe era un militar que se creía que yo era un esclavo. Un día me levanté con el diablo en el cuerpo y los mandé a todos a la mierda. (…) Aunque de verdad aprendí en la carrera, siento como si hubiera perdido mi tiempo porque no me sirvió de nada. Prefiero estar aquí vendiendo y siendo mi propio jefe que no siendo el esclavo de un tipo que sabe menos que yo”.

Universitarios para la nómina

Una funcionaria del Ministerio de Educación Superior que nos ha pedido no revelar su identidad, admite que aunque oficialmente se afirma en los medios de prensa que todos los graduados cubanos tienen asegurada una ubicación laboral, lo cierto es que no es así. La mayoría termina pasando su adiestramiento o servicio social en lugares donde son usados como mano de obra barata, sobre todo en aquellas empresas estatales donde el éxodo laboral, debido a las malas condiciones de trabajo, es altísimo:

“En fábricas, en la agricultura, en vaquerías, en comunales, nosotros hemos tenido ingenieros limpiando cochiqueras o en líneas de producción, como obreros simples o en unidades militares, donde los tratan como si fuesen soldados. (…) Por ejemplo, los ingenieros químicos que ubicamos en la gomera del Cotorro, han estado ahí haciendo el trabajo que nadie quiere hacer. Las quejas llueven, sobre todo de los padres, pero eso es lo que nos manda el Ministerio del Trabajo. (…) Desde hace un tiempo las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior hacen sus captaciones, pero quieren llevarse a los mejores graduados. Los militares tienen prioridad, siempre la han tenido. Recuerda que nuestro ministerio [Educación Superior] está dirigido y asesorado por militares. Retirados pero, al fin y al cabo, militares, ya con eso te digo todo. No se puede hacer nada. (…) Eso es verdad, si no aceptas la ubicación tienes una semana para reclamar pero pregunta por ahí cuántos estudiantes saben eso. Casi ninguno sabe que tiene derecho a una reclamación. Pero, entre tú y yo, no sirve de nada reclamar (…) La mayoría saca pasaporte, hay otros que terminan renunciando al título. (…) Las universidades debieran tener autonomía. Fíjate que no te digo “más autonomía” sino autonomía, a secas, porque actualmente no tienen ninguna. Una verdadera universidad no puede imponer una ideología a sus estudiantes ni chantajear a sus graduados de la manera que lo hace, ni dejarse manipular por los militares. Si de verdad van a venir cambios, como dicen, entonces tienen que empezar por ahí”.

Cursar una carrera universitaria en Cuba implica aceptar una serie de compromisos políticos ya que, como sentencia el lema de nuestras casas de altos estudios, “la universidad es para los revolucionarios”. Graduarse y obtener una ubicación laboral, cualquiera que sea, se corresponda o no con el perfil profesional del egresado, conlleva a transitar nuevas fases de un largo proceso de integración en los mecanismos de adoctrinamiento ideológico, es decir, de sometimiento.