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¿Servicios gratuitos?

Jorge Olivera Castillo, Primavera Digital

Habana Vieja, La Habana, (PD) Las copiosas facturas se acumulan en un rincón de la consulta. No son todos, pero la mayoría de los pacientes imitan lo que se ha convertido en un procedimiento obligatorio. Para ser atendidos correctamente en muchos de los hospitales de la capital cubana, es preciso llevar algún obsequio para el médico y la enfermera.

Lo que comenzó como algo esporádico y voluntario, hoy es parte de las obligaciones que no se limitan a las instituciones de salud. No hacerlo implica extenuantes demoras, maltrato verbal ante la exigencia de explicaciones o respuestas que fundamentan los motivos para no satisfacer las necesidades del cliente en un tiempo prudencial.

Constantes en los hospitales son la falta de agua, la rotura del equipo de esterilización o la ausencia del especialista por problemas personales, entre otros asuntos que bordean el absurdo.

Esos impedimentos desaparecen en un abrir y cerrar de ojos tras el anuncio de un regalo, independientemente del precio y el valor de uso. Claro que quien da más consigue entrar primero. ¿Qué representan un par de jabones de tocador frente a la pródiga factura alimentaria de un campesino o la heterogénea entrega del gerente de algunas de las Tiendas Recaudadoras de Divisas?

Apenas hay discreción en estos intercambios, que ponen en tela de juicio uno de los baluartes del sistema político implantado en la isla hace más de cincuenta años: la gratuidad de los servicios sociales.

No parece que existan limitaciones legales para ponerle coto a este tipo de acuerdos que rebasan el marco de la espontaneidad y que fomentan la discriminación a una escala preocupante. ¿Cuántos cubanos habrán muerto ante la imposibilidad de comprar el derecho a realizarse, sin dilaciones, un determinado examen clínico o recibir la autorización del ingreso?

¿Qué puede regalar un jubilado con una pensión de apenas diez dólares mensuales o un ama de casa divorciada y con hijos, dependiente de una modestísima ayuda monetaria del gobierno?

El deplorable estado de las instalaciones médicas cubanas, en cuanto a su funcionamiento y al acentuado deterioro arquitectónico, explica la inviabilidad de un sistema que no ha podido alcanzar sus supuestas metas -incluso las menos ambiciosas- de eficiencia y productividad en ningún sector, excepto el de la represión.

En este contexto las corruptelas continúan reproduciéndose al margen de los llamados a la rectificación y a superar estereotipos que impiden una salida del estancamiento generalizado.

Esos eslóganes son ignorados. El desorden, lejos de disminuir, tiende a afianzarse a partir de un sinnúmero de razones, como la doble moral, el voluntarismo, la corrupción y las disparatadas normativas socio-laborales.

"Yo no les pido nada a mis pacientes, pero aunque me rehúse, ellos casi me suplican que acepte los regalos", decía un dermatólogo del hospital Calixto García.

"Nuestra situación laboral es lamentable. ¿Qué representan algo más de 40 CUC como salario mensual? No es fácil resistirse a esos suministros, que te reitero no se exigen como pago por la atención recibida", agregó.

Si bien es inexplicable la falta de correspondencia entre los honorarios recibidos y la responsabilidad de cuidar la vida de otros seres humanos, esto no justifica algo que se ha instituido como una forma de tributo sin el cual es difícil contar con un buen servicio.

El caso de Odalys es ilustrativo de esta grave situación. La semana pasada, tras una agotadora espera para hacerle una endoscopía a su madre de setenta y dos años, aquejada de múltiples enfermedades, tuvo que desembolsar tres pesos convertibles (alrededor de cinco dólares).

"Tuve que hacerlo, no tenía otra alternativa. Me dijeron que no había agua, pero solo era una forma de ponerle precio al servicio. Lo importante es que pude resolver. ¡Pobre del que no tenga nada que dar!", expresó con ironía.

 

 

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