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Se exige pedigrí

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- Hay trabajos y ‘trabajos’. Para ciertos trabajos en Cuba, se requiere pedigree o para decirlo en castellano, pedigrí. Los trabajos que requieren pedigrí en Cuba por regla general aunque no absoluta, tienen instalado aire acondicionado. Son plazas altamente cotizadas y están distribuidas en corporaciones y lo que suele llamarse “ubicaciones estratégicas”.

Las siempre bellas mujeres que nos sonríen desde las ventanillas de Cadeca, las que atienden a los afortunados que viajan al extranjero en los aviones de Cubana, las que vemos bellas, agraciadas e inalcanzables en las pantallas de la televisión oficial y otras tantas, tienen pedigrí natural o adquirido. O bien provienen de familias revolucionarias de hasta la segunda generación o se lo ganaron con la belleza que es una forma del talento. Otra forma de ganar pedigrí es chivatear. Esta es una de las más confrontacionales, pero no la única ni la más agresiva.

En Cuba se exige pedigrí. Pero como en todo, hay gradaciones. Los requisitos varían. Un paseo a lo largo de la calle Primera de Miramar (1ra) nos pone en contacto con el pedigrí revolucionario de la primera y la segunda generación. Cada una de las bellas mansiones, chalets, etc., que embellecen nuestra ciudad en esta arteria, tiene un acendrado e histórico pedigrí afirmado desde 1959.

Es la consagración o la apoteosis del derecho corsario a la conquista. Porque cada una de estas mansiones fueron arrancadas a ¡C…, ! o a golpes de testosterona, a la burguesía que no supo o no pudo defenderse. Como dice el viejo adagio, lo único que no se puede hacer con bayonetas es sentarse sobre ellas, entonces, se mantendrán a c…, pero en este caso será con la C de corazón. Vendrá aderezada con recetas de reconciliación, perdón y otras virtudes teologales, que para algo está la dialéctica. Los tiempos cambian, los que nos gobiernan, no.

De vuelta con el pedigrí, existen funciones que lo requieren. Una de ellas es la de policía de Seguridad del Estado. Detrás de cada uno de estos jóvenes ‘oficiales de carrera’ hay un pedigrí de primera, segunda y tercera generación de revolucionarios y al decir revolucionarios, no voy a tratar de resemantizar el término. Dejémoslo con la acepción que lo identifica como identificación plena e incondicional con Fidel, Raúl Castro y su obra de gobierno.

Si vamos más allá, se necesita pedigrí en un sentido más amplio, si de integrar el Ministerio del Interior se trata. Ya sea dentro de la maldad refinada de las instancias de contrainteligencia e inteligencia o en la sentina brutal que se ocupa de las prisiones y las represiones callejeras.

En este sentido, caben los guardias de seguridad en todas sus acepciones. Tanto los que bien alimentados y mejor uniformados lo hacen desde empresas de seguridad y cuidan bancos, residencias etc., o los que matan con impunidad en sembrados y otras parcelas, como ha sucedido con los ya documentados casos de personas, regularmente humildes y en ocasiones niños, asesinadas por robar mamoncillos, mangos y otros frutos prohibidos, “propiedad del estado”.

Estos matones con licencia para matar, cuentan con el pedigrí necesario que les permite portar armas e incluso usarlas. Nunca han dejado de afirmarse en las prerrogativas que ostentan contra el ciudadano. Recientemente, la víctima fue un niño de catorce años en la localidad capitalina Mantilla.

La base estructural de todos los pedigríes, está en que el gobierno cubano está diseñado para que rija el concepto revolucionario, sobre y en detrimento de, la identidad ciudadana. Frente a ciudadanos con derechos, se coloca en contraposición a revolucionarios estratificados en sus pedigríes e incondicionales a la élite gobernante. Como ellos mismos suelen decir, con obligaciones, porque “sólo los mártires tienen derechos”. Lo mejor puede ser que están tan muertos y convenientemente callados, que no los ejercen.

Es por esto que de forma continua e ininterrumpida se usurpa el espacio ciudadano y el gobierno asume o trata de asumir la identidad de hasta sus más esforzados detractores. Estamos abocados a una nueva etapa en que el pedigrí se impone hasta en los espacios de crítica, supuesta y alegadamente orientados al discurso libertario del disentimiento. En la actualidad y más que nunca, en Cuba se exige pedigrí.