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Ridícula prueba de vida

La castrocracia necesita un Fidel vivo, aunque manipule su in-existencia en carta impresa, firmada, al ex Pibe de Oro

Miriam Celaya, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- De las múltiples muertes -las falsas y las ciertas- de ese sujeto que en su vida anterior a ésta fuera “el Comandante en Jefe”, hoy apenas un referente espectral,  ninguna recibió respuesta tan exageradamente ridícula como la más reciente. Esta vez el nuncio de la cúpula verde olivo ha resultado ser nada más y nada menos que el otrora astro del fútbol, Diego Armando Maradona. El consejo de ancianos del palacio de la revolución no podía caer más bajo.

Pues sí, Maradona se ha prestado como vehículo de un “convincente” testimonio de vida de F. Castro: una carta escrita a computadora, rubricada con los caracteres del octogenario en jefe y fechada 11 de enero de 2015, desde la cual supuestamente el espectro lo felicita por su programa “De Zurda”, conducido por el ex futbolista en el único espacio donde esto sería posible: Telesur.

Pasemos un velo piadoso sobre la ¿ingenuidad? oficial al pretender engatusar a la opinión pública con una misiva que pudo haber escrito incluso cualquier estudiante de secundaria sobre un documento, con la firma del magno agónico escaneada al pie. Tarjeta amarilla para Maradona, un flamante conductor de programa cuyas incoherencias y cantinfladas, difíciles de repetir, indican cuán nocivo y permanente puede llegar a ser el uso de estupefacientes. Tarjeta roja para los “ideotas” que concibieron una maniobra tan torpe que nos ha convencido de que en realidad el “Invicto” debe estar en pésimo estado, o sencillamente no estar. Hay que despreciar mucho a la opinión pública para ofrecer un timo tan pueril.

De ídolo temido a rehén manipulado

No obstante, y dejando de lado el patético espectáculo “informativo”, el hecho es que resulta obvio que la cúpula del poder todavía no tiene la intención de develar el verdadero estado de salud -si tal uso de esta palabra fuera posible- de F. Castro. De alguna manera, sus reminiscencias simbólicas parecen funcionar como un muro de contención, aunque no sepamos exactamente qué se pretende con esto. Está claro que la castrocracia necesita un Fidel “vivo pa’lo que sea”, aunque para ello tenga que manipular su in-existencia sin la menor misericordia.

De cierta manera, casi resulta lógico utilizar a Maradona como emisario de esta “buena nueva”.  Ambos, él y el apócrifo remitente de la carta, tienen al menos una coincidencia: fueron ídolos venerados por multitudes, para después caer de sus pedestales, antes de sumergirse en las brumas del olvido.

En todo caso, más allá de las burlas que ha despertado esta extraordinaria (extemporánea, más bien) misiva al “Pibe de Oro”, el resultado es más dañino que beneficioso. Asumiendo, muy hipotéticamente, que el enfermo todavía ande arrastrando su existencia secreta por algún rincón de su confortable retiro, es inverosímil que no se haya tomado la molestia de agregar a su insigne epistolario ni siquiera un sencillo pliego de salutación a sus espías, que han sido profusamente exhibidos en múltiples plazas y eventos, donde han desplegado toda su gracia y vocación revolucionaria.

Tan desdeñosa zoquetería del anciano es una afrenta a quienes constituyen “un ejemplo de sacrificio y heroísmo”, en particular teniendo en cuenta que por estos días el intransigente cabecilla acaba de ser padre a la cañona, tras un complicado proceso de trámites burocráticos y genitales que, se dice, propició la importación del semen del patriota y la feliz fecundación de la amada añosa. ¿Acaso no es el nacimiento de una niña, en especial de una destinada a ser revolucionaria entre los revolucionarios, un acontecimiento mucho más merecedor de las congratulaciones de F. Castro que un mediocre programa de televisión?

Pero más increíble es que el glorioso “Coma-ndante” no haya escrito y publicado ni el menor comentario acerca del trascendental restablecimiento de relaciones entre Cuba y EE UU -ya sea para aplaudirse a sí mismo o para condenar el hecho- y en cambio la simple presencia de Maradona en La Habana lo haya sacado de tan prolongado mutismo. Más aún, si así fuera realmente estaríamos ante una prueba de que el ancianísimo no está en condiciones de ponderar adecuadamente la importancia de los acontecimientos.

En lo personal, no me creí ni por un momento esta grotesca representación como una prueba de vida, sino como una demostración de lo que es capaz de hacer el régimen para prolongar su supervivencia.

En fin, que de todas formas la alharaca mediática de los días previos a “la carta” ha sido útil, si no para sacar al dios a escena, al menos sí para demostrarnos cuán abrumadoramente irracional y risible puede llegar a ser todavía la política en nuestros paisitos del sur del Río Grande.