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Recogen a las prostitutas, pero no la basura en las calles habaneras

Orlando Freire Santana

LA HABANA, Cuba, septiembre,www.cubanet.org – Casi en el mismo momento en que Mariela Castro declaraba que en Cuba solo se penaliza el proxenetismo, pero no la prostitución, agentes de la policía, vestidos de uniforme y de civil, realizaron un operativo contra las prostitutas que frecuentan la calle Águila, entre Monte y Estrella, en el municipio de Centro Habana.

El lugar se había convertido últimamente en uno de los baluartes de la prostitución barata en la capital cubana, destinada en lo fundamental a los clientes nacionales. Por solo seis CUC -equivalente a seis dólares-, cinco para la prostituta y uno para el alquiler del cuarto, se podía acceder a esos servicios. Claro, eso de “prostitución barata” es relativo, ya que seis CUC son la tercera parte del salario mensual de un cubano promedio.

Allí alternaban las veteranas con experiencia en el comercio de la carne, con jovencitas recién llegadas del interior del país o habaneras que decidían abandonar los estudios y salir a la calle a “luchar” el sustento diario. Y aunque esa zona, en más de una ocasión había sido objeto de alguna que otra acción policial contra las prostitutas, nunca la represión alcanzó los niveles de días pasados. Justo cuando la sexóloga de la dinastía gobernante anunciaba también la próxima celebración en Cuba de un simposio sobre la prostitución y el turismo sexual.

Una de las jóvenes que logró escapar de la redada nos contó el modus operandi de las autoridades en esta ocasión. Primero actuaron los policías uniformados. No pudieron recoger a muchas muchachas. Ellas lograron darse a la fuga. Unas horas después, cuando aparentemente todo había pasado y las prostitutas volvieron a su faena, las fuerzas represivas optaron por cambiar la estrategia. Algunos agentes, vestidos de civil, se acercaron a las jóvenes y les propusieron la transacción. Una vez que ellas habían aceptado, el agente se identificaba y ahí mismo las detenía.

Según la testimoniante, las detenidas fueron obligadas a subir a un camión de la policía, y después conducidas al Sector de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) ubicado en la calle Reina casi esquina a Rayo. Allí unas pocas quedaron en libertad, después de recibir una carta de advertencia -el paso previo para una posterior detención-, pero la mayoría fue trasladada a los calabozos de la estación de policías de la calle Zanja, en espera de un juicio que podría condenarlas a varios años de prisión.

Y mientras ese tramo de la calle Águila era testigo de semejante cacería humana, muy cerca de allí, en la intersección de las calles Ángeles y Estrella, un gigantesco vertedero de basura amenazaba con empeorar las ya deterioradas condiciones higiénicas que afrontan los vecinos de ese municipio y el resto de la ciudad.

Después de repletarse los cuatro tanques habilitados para la recepción de los desechos sólidos, más de 20 ó 30 metros de la calle estaban ocupados por desperdicios de todo tipo. Cualquiera diría que los jerarcas de la planificación castrista decidieron quitarles el combustible a los carros de la Dirección de Servicios Comunales, encargados de recoger la basura, y dárselo a los vehículos de la PNR para que acometieran la “patriótica” labor de limpiar de prostitutas las calles habaneras.

Es que los gobernantes cubanos no han podido desprenderse del hábito del campañismo para resolver los problemas. Primero fue la campaña de salud contra el dengue y el cólera. Mas ahora, al parecer, no importa tanto que se enfermen unos cuantos cubanos. Lo prioritario en los días por venir es desaparecer a las prostitutas, y que la señora Mariela pueda invitar a los asistentes al simposio a que recorran las calles habaneras, y que comprueben que esas acusaciones de que Cuba promueve la prostitución, el turismo sexual y la trata de personas, son meros infundios del enemigo para denigrar la obra comenzada por su tío y que hoy continúa su padre.

Dentro de varios meses, cuando el referido simposio sea historia, a nadie le extrañaría que la calle Águila, entre Monte y Estrella, se vea colmada por nuevas practicantes del más antiguo de los oficios.

 

 

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