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Raúl Castro respondió a Obama con más continuismo inmovilista

Osmar Laffita Rojas, Primavera Digital

Capdevila, La Habana, (PD) Era muy esperado el discurso del presidente Raúl Castro en la clausura del IV periodo ordinario de sesiones de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular celebrada el 20 de diciembre.

Luego de su alocución y de la del presidente Barack Obama, el 17 de diciembre, el gobernante cubano advirtió que volvería a hablar más adelante sobre el tema de las relaciones con los Estados Unidos.

Raúl Castro, en su contradictorio, continuista y paralizante discurso ante los dóciles y unánimes diputados del fabulado parlamento cubano, se limitó a exponer los acuerdos tomados, previo a este discurso, en la tarde del 18 de diciembre, en el IX Pleno del Comité Central del Partido Comunista.

El mandatario cubano definió la postura a seguir ante las exhortaciones del presidente de los Estados Unidos, que indudablemente no honrarán.

El primer rechazo fue a la exhortación del presidente Obama de “darle sentido al compromiso con la democracia y los Derechos Humanos, que es la esencia de la Carta Interamericana.

Obama pidió además “dejar atrás el legado del comunismo, la tiranía, los dictadores y las farsas electorales”.

Raúl Castro, que es el representante más conspicuo de la vieja guardia, a nombre de ella, advirtió que “es necesario comprender que Cuba es un Estado soberano, cuyo pueblo, en libre referendo para aprobar la Constitución, decidió su rumbo socialista y sistema político, económico y social”.

A Raúl Castro se le olvidó que la Constitución, para los derechos de los cubanos, es algo inservible.

Raúl Castro lleva en el poder, de manera ininterrumpida, de manera inconstitucional, 37 años. Primero fue vicepresidente del Estado y del Gobierno, y luego, en la farsa electoral de 2008, fue “elegido” presidente.

La Constitución cubana prohíbe el pluripartidismo. En su artículo 5 deja claro que “el Partido Comunista es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos hacia los altos fines de la construcción del socialismo”.

En Cuba los sindicatos son verticales, las organizaciones de jóvenes, mujeres, campesinos, estudiantes, artistas e intelectuales, son apéndices que amplifican lo que dicta el Partido Comunista.

Está claro que Raúl Castro, antes que presidente de la República, es el Secretario General del Partido Comunista. En Cuba, todo eso del Poder Ejecutivo y Legislativo es pura pantomima para engañar.

La celebración del IX Pleno confirmó el continuismo inmovilista del régimen.

El discurso de Raúl Castro ante el parlamento cubano, donde rechazó las recomendaciones de Obama, fue un cubo de agua fría a los que se hacían ilusiones de cambios y reformas.

El presidente de los Estados Unidos señaló que “los trabajadores cubanos deben tener la libertad de crear sus sindicatos, los ciudadanos deben tener la libertad de participar en los procesos políticos”.

Ante tal planteamiento de Obama, el distinguido representante de la vieja guardia, que funge como presidente de Cuba, en su discurso aseguró que “para nadie es un secreto que los sindicatos defienden los derechos de los trabajadores y para lograrlo deben ser los primeros en velar no solo por interés de un colectivo laboral, sino por los intereses de toda la clase obrera”.

Los trabajadores cubanos se preguntan quién autorizó a Raúl Castro hablar a nombre de ellos. La oficialista y dócil Central de Trabajadores de Cuba (CTC), que dice representarlos, se limita a cumplir las órdenes impartidas por el Partido Comunista y el Gobierno.

Los sindicatos verticales nunca han representado los intereses de los trabajadores, ya que se les tiene prohibido ejercer sus funciones de contrapartida de las administraciones. Cuando surge un problema que afecta a los trabajadores, la burocracia que rige los ministerios y las empresas inmediatamente cierra filas con la amarilla dirigencia sindical y dejan desamparados a los trabajadores.

Los sindicatos y la CTC se limitan a repetir lo que dice el gobierno y el Partido Comunista de que en estos momentos no es posible aumentar el mísero salario de 18 dólares mensuales y en las asambleas siguen con la cantaleta que estos solo será posible cuando se aumente la producción.

El presidente de los Estados Unidos, conocedor del proceder de los actuales gobernantes cubano, aclaró: “No me hago ilusiones con los continuos obstáculos a la libertad que aún enfrenta el ciudadano cubano. Los Estados Unidos consideran que ningún cubano debe ser víctima de acoso, arresto o golpiza solo por solo ejercer el derecho de hacer que su voz se escuche”.

Obama explicó: “No espero que los cambios que anuncio traigan consigo una trasformación de la sociedad cubana de la noche a la mañana”.

El discurso del general Raúl Castro le da toda la razón a Obama. Por el momento, los actuales gobernantes cubanos no darán ningún paso dirigido a materializar las propuestas del presidente de los Estados Unidos. Saben perfectamente que de hacerlo, su permanencia en el poder durará menos que un merengue en la puerta de un colegio.