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Raúl Castro en la cuerda floja

Tiene la disyuntiva de profundizar las aperturas o retroceder. En ambos casos tendrá que enfrentar las consecuencias

Miriam Celaya, en Cubanet

LA HABANA, Cuba, enero.- Los siete años que ha cumplido el General-Presidente, Castro II, al frente del gobierno han sido por su propia voluntad expresa apenas un “período de experimentación”, en que se ha visto forzado a flexibilizar las legislaciones vigentes, en un angustioso esfuerzo por “actualizar” -que no reformar- un modelo que harto había demostrado su obsolescencia de origen.

A simple vista diríase que estamos en una fase de continuación del experimento iniciado en enero de 1959, y que el lapso transcurrido entre julio de 2006 y diciembre de 2013 es solo “más de lo mismo”, tal como gusta repetir a algunos. Pero existen ciertos detalles que cambian dramáticamente el escenario a partir de la contradicción entre las intenciones del plan oficial y los resultados de la experimentación.

Autodestrucción

El hecho es que en la fase “raulista” del experimento se renuncia a todos los fundamentos sobre los que se erigió la revolución fidelista (exceptuando, por supuesto, el poder de los históricos y mecanismos de control social tales como el monopolio de prensa e información, y la represión), colocándonos frente a un curioso proceso de autodestrucción del sistema del cual, ulteriormente, emergería la misma clase en el poder, pero en un sistema político diferente. Estaríamos asistiendo, pues, a un “experimento” llamado a barrer los últimos despojos del paradigma de aliento marxista por la misma clase que lo impuso, para reinstaurar una economía de mercado, paradójicamente destinada a eternizar el poder de los supuestos enemigos del capital.

La revolución cubana, caracterizada por una sucesión de improvisaciones y campañas, no fundó una ideología que la sustentara teóricamente, ni una economía que la sostuviera en la práctica, y al momento actual parece avanzar hacia un escenario incoherente en el que convivirían la cúpula gobernante, capitalista en la práctica, pero con un discurso socialista; y los gobernados sobreviviendo bajo condiciones “socialistas” en la práctica, pero con el capital como aspiración suprema.

Sucesor a los 75 años

En medio de ambos extremos, una “zona de amortiguación” estaría formada por una casta gerencial, prescindible en caso necesario, aunque privilegiada desde el poder con amplias ventajas económicas y comprometida con éste, que estaría formada por administrativos de sectores emergentes con acceso a beneficios monetarios y materiales -como es el caso del turismo-; por ciertos empresarios que desde los años 90 han estado creando un emporio gastronómico bajo la apariencia de “sociedades”, por ejemplo, algunos restaurantes del barrio chino y de otras zonas; y por los nuevos ricos propietarios que han venido emergiendo desde un sector elite de la cultura.

Economía en bancarrota

En retrospectiva, puede afirmarse que, para bien y para mal, la realidad cubana ha cambiado más en los últimos siete años que en los 20 anteriores, por un cúmulo de factores que, pese a todo, no dependen exactamente de la voluntad del gobierno y que parten de la necesidad imperiosa de introducir cambios debido a la crisis estructural del sistema con una economía en bancarrota. Estos cambios en alguna medida quiebran el inmovilismo y monolitismo característicos de los regímenes totalitarios y generan elementos que lo debilitan desde dentro.

Es el caso, por ejemplo, del programa oficial de despidos en numerosos centros laborales del Estado, incapaz de mantener los subsidios y la inflación de las plantillas, y la autorización y ampliación del mercado laboral privado -eufemísticamente denominado “formas no estatales de empleo”, y de forma más generalizada “cuentapropismo”-, que ha sufrido sucesivas modificaciones a partir de las limitaciones originales que las autoridades se han visto forzadas a ajustar, entre avances y retrocesos, debido a las presiones ejercidas por ese nuevo sector emergente y autónomo que se reconoce a sí mismo como trabajadores que aportan a la economía y al Estado pese al abusivo y controversial sistema tributario y a las abundantes restricciones que frenan su prosperidad y desarrollo.

Raúl y Obama en funeral de Mandela

A pesar del lento ritmo del programa de “actualización” y de las numerosas reformas que se han estado aplicando, como son la entrega de tierras en usufructo a campesinos privados con sus sucesivas concesiones; la compra-venta de viviendas, automóviles y otras propiedades entre particulares; la libre contratación del servicio de telefonía móvil; la autorización de venta de computadoras; la creación de un servicio de conexión a Internet, aunque plagado de controles de vigilancia y excesivamente caro; la aprobación de cooperativas no agropecuarias; y más recientemente la reforma migratoria y la venta de automóviles por el Estado a precios absurdamente altos, entre otras; el General-Presidente no ha logrado detener la ruina ni avanzar en la economía, como tampoco ha podido evitar el incipiente movimiento al interior de la Isla, protagonizado por grupos de cuentapropistas que, espontáneamente, han comenzado a reclamar sus derechos y a manifestar su descontento por las limitaciones de las licencias y las medidas represivas que restringen sus actividades.

Derechos cívicos

Durante el pasado año, 2013, y ya en el propio mes inicial del 2014, se han estado produciendo pequeñas huelgas y manifestaciones en varias localidades al interior de Cuba -como las huelgas de cocheros de Bayamo y Santa Clara, en 2013 y las protestas de pequeños comerciantes, también en Santa Clara y en la ciudad de Holguín-, así como en algunos municipios de la capital, que constituyen un botón de muestra de las potencialidades de un sector privado movido por intereses que rebasan los marcos de los compromisos políticos e ideológicos para centrarse en derechos eminentemente cívicos.

Así, 2014 podría resultar un escenario interesante desde muchos ángulos, y tal vez decisivo. Se ha cerrado un ciclo tras el cual deberíamos comenzar a percibir los frutos de la estrategia socioeconómica del gobierno y disfrutar de algunos beneficios, pero todo indica que ocurrirá lo contrario.

El gobierno tiene la disyuntiva de profundizar las aperturas e implementar verdaderas reformas, o retroceder; en ambos casos tendrá que enfrentar las consecuencias. Los sectores “liberados” que han comenzado a moverse por sí mismos dentro de un espacio muy limitado tienen el reto de empujar y ampliar la brecha. Mientras, en la sociedad crecen las carencias, hay más represión y aumenta el descontento. Quizás el General-Presidente deba considerar hacer una breve pausa para meditar que sería saludable para todos un poco de prisa.

 

 

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