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¿Quién mandó a las cuentapropistas  a Miami?

Orlando Freire Santana, Primavera Digital (a través del blog “Círculo Cínico”)

Centro Habana, La Habana.- (PD) Si para algo ha servido la flexibilización de la política migratoria  es para mitigar la invisibilidad que padecían los opositores.  

Antes, cada vez que se celebraba algún evento sobre la actualidad cubana y se querían obtener los puntos de vista de ambas orillas del estrecho de la Florida, eran convocados los elementos de la diáspora y aquellos que en Cuba se mueven en la órbita del castrismo.

Una muestra de lo que puede aportar nuestra sociedad civil cuando todos sus miembros están en condiciones de viajar al exterior lo constituyó la reciente  reunión de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE) que tuvo lugar en Miami.

Al margen de las interesantes ponencias presentadas por los casi 20 cubanos procedentes de la isla –economistas, periodistas independientes, abogados y otros profesionales- sobresalió el conversatorio protagonizado por cinco trabajadoras por cuenta propia, las cuales contaron sus experiencias en esa modalidad de empleo, y respondieron a las preguntas del resto de los participantes en la cita de la ASCE.

Sospechosamente, esas emprendedoras muchachas se refirieron, en esencia, a las facilidades brindadas por las autoridades cubanas para el desempeño de su labor. Por ejemplo, la extensión de las capacidades en las paladares,  el poder contratar  a un mayor número de trabajadores, el acceso a la sindicalización y el hecho de que el gobierno no interfiere en los horarios de apertura y cierre de los negocios privados.

Como es lógico suponer,  los cubanos llegados de la isla no podían permitir que esa fuera la única visión que aflorara acerca del trabajo por cuenta propia. No obstante ser ciertas varias de las facilidades anteriores, los asistentes a los salones del Hotel Hilton debían conocer también las no pocas trabas que afrontan los cuentapropistas en su diaria faena.

Fue así como más de uno de los opositores cubanos presentes alzaron sus voces para indicar que ya los maniseros no pueden vender su mercancía en los parques, y deben hacerlo en las entrecalles, en un olvido olímpico de los fundamentos del marketing; que los limpiabotas fueron desalojados del paseo del Prado, que en los portales de la Avenida de Carlos III no quedó un solo cuentapropista, bien fuese comercializador de ropa importada o artículos del hogar o practicante de cualquier otra actividad, y que la fiscalización de las declaraciones juradas de ingresos personales del año fiscal 2013 fueron arbitrarias, sin un estudio de terreno sobre las características de cada negocio (según las autoridades tributarias, el 95% de las declaraciones juradas presentadas exhibieron sub-declaración de ingresos).

Ante una pregunta, las cuentapropistas respondieron que ninguna de ellas había sido multada.

No hay dudas de que la presencia de esas trabajadoras por cuenta propia enriqueció los debates de este evento al aportar enfoques novedosos acerca del quehacer actual de la economía cubana. Sin embargo, es difícil imaginar que la elección de ellas fuese aleatoria. De haber sido así, es muy probable que hubiesen emergido los distintos matices que rodean al auto-empleo y no solo el sesgo complaciente con el gobierno.

Algunos opinan que la selección se debió a esa porción de la diáspora que contempla con muy buenos ojos los cambios auspiciados por el General-Presidente. Incluso no faltan los que argumentan festinadamente que ya los jóvenes cubanos no necesitan abandonar el país, pues cuentan con las facilidades para convertirse en prósperos empresarios. Y hasta he escuchado criterios en el sentido de que todo no fue más que una maniobra a varias manos, entre ellas las del propio gobierno cubano. Quién sabe…

 

 

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