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Putin mira a La Habana

Si el primer matrimonio con Rusia fue malo, el segundo puede ser peor

Miriam Celaya, en Cubanet

LA HABANA, Cuba. – La crucial disputa en la que se juegan intereses geopolíticos, económicos y militares de las principales potencias mundiales, es el más relevante de una escalada de conflictos particulares que se han estado produciendo también en otras regiones -las crisis de Siria y Venezuela son dos ejemplos-, quizás de menores efectos a nivel global, pero en los que influyen también en alguna medida intereses hegemónicos. Así, por estos días se han despertado en numerosos medios las alarmas del retorno de un viejo fantasma, que muchos creían desterrado, la Guerra Fría.

Apuntes para la memoria

El término “Guerra Fría” fue acuñado a finales de la década de los 40’ del pasado siglo para definir las tensiones de múltiples órdenes (económico, político-ideológico, militar, científico, tecnológico, etc.) que caracterizaron las relaciones entre el bloque comunista, bajo la égida dominante de la URSS; y el capitalista, encabezado por EEUU, después de finalizada la II Guerra Mundial.

La permanente pugna de poderes entre ambos ejes para lograr la hegemonía global constituyó una amenaza permanente a la estabilidad y a la paz mundial, signando muchos de los principales acontecimientos de la segunda mitad del siglo XX, hasta el momento del derribo del muro de Berlín (1989) y la desaparición de la Unión Soviética (1991).

El bloque estadounidense y sus aliados habían ganado la partida, sin embargo, las tensiones entre oriente y occidente nunca han sido realmente superadas. En la actualidad los intereses en pugna rebasan el aspecto ideológico que definió aquellos casi 50 años, pero la amenaza mundial de conflictos entre las potencias se mantiene intacta.

Por su parte, las naciones bajo influencia de las potencias siguen constituyendo polígonos de ensayo en la ostentación de fuerza de los centros mundiales de poder, y así también escenarios de chantaje del peor de los peligros, tal como lo fue en 1962 la amenaza nuclear rusa contra EEUU desde territorio cubano. No es de extrañar, entonces, que la sola mención de la Guerra Fría ocasione aprensión a muchos cubanos, especialmente cuando ahora se están produciendo señales inequívocas de las intenciones de utilizar nuestra región, y en particular nuestro país, como plataforma de la expansión imperial rusa en este Hemisferio en franco desafío a EE.UU.

¿Imperios “buenos” y “malos”?

Pudiera parecer a primera vista que la intervención rusa en Crimea, la venta de armas rusas a Venezuela y la presencia de un barco espía ruso en La Habana, son eventos inconexos. Sin embargo, las intenciones de abrir bases militares en Venezuela, Nicaragua y Cuba (en este último caso sería “reabrir”), declaradas por el ministro de Defensa de Rusia, Sergei Shoigu, y no difundidas por los medios oficiales de la Isla, demuestran que el señor V. Putin, avezado en intrigas y asuntos sórdidos desde sus tiempos en la KGB, está dispuesto a subir el tono, avanzando la línea de la disputa con su adversario histórico en la que, pese a todo, sigue siendo un área de influencia estadounidense: Latinoamérica.

Entretanto, gobiernos “de izquierda” de esta región tocan a rebato contra “el imperialismo yanqui” y a la vez fundan alianzas con el Imperio Ruso -cuya importancia no sería prudente desdeñar, pese su merma post-soviética-, mientras muchos otros permanecen indiferentes a los acontecimientos.

Así, Rusia, con cultura e historia completamente ajenas a las nuestras y que no dejó huellas afectivas en nuestra memoria nacional, hoy cuenta con la entusiasmada connivencia de los mismos conspiradores cubanos de antaño y sus discípulos regionales, y con el aquiescente silencio de nuestros herma(nos)nastros latinoamericanos.

Tal conjura no podría estar ocurriendo en peor momento para los cubanos, cuando los militares de la cúpula detentan el monopolio de la economía y la gerontocracia ha estado consolidando -ya que no su prestigio- su legitimación política internacional, gracias al contubernio de los gobiernos reunidos a finales de enero en esa aberración llamada CELAC, y de otros organismos internacionales que decidieron dar el espaldarazo al régimen de La Habana, acrecentando con ello la indefensión de los cubanos ante el juego de las ganancias políticas del poder.

Por el momento, ya algunos empresarios rusos han comenzado a invertir en sectores de interés económico en la Isla, como el turismo, y se dice que también en la Zona Especial de Desarrollo de Mariel, lo que indica que Cuba continúa siendo un punto de interés estratégico para “el oso del norte”, el único imperio que siendo “aliado” de Cuba en el momento más cruento de la Guerra Fría, nos colocó en el epicentro de lo que pudo ser una conflagración mundial que en cuestión de minutos nos hubiese podido borrar de la faz de la tierra.

Causa pavor recordar que los cubanos de entonces, a quienes el gobierno negó la existencia de los peligrosos artefactos rusos en territorio nacional, se pusieron de inmediato y masivamente “en pie de guerra contra la amenaza imperial estadounidense”. Triste paradoja, el enemigo estaba y sigue estando en casa.

Más de 50 años después el escenario es otro, pero algunos hechos se repiten, generando -a falta de información- las más diversas especulaciones. El mismo irresponsable gobierno retoma el romance con sus antiguos aliados, quizás con la intención colateral de presionar indirectamente por la derogación del embargo estadounidense, entre otros posibles planes. Motivos de preocupación sobran, porque si la primera parte de aquel forzoso maridaje fue mala, con seguridad una segunda podría ser aun peor.

 

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