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Profesionales de la ‘chivatería’

A Alfonso le temen y le odian. No está rodeado del cariño protector de sus semejantes. Lo cuida el MININT

Camilo Ernesto Olivera Peidro, Cubanet

LA HABANA, Cuba.- Un hombre mayor va saliendo de su casa en el pequeño caserío, nombrado Henequén Viejo, cercano al puerto de Mariel. Todos allí le conocen como Alfonso. En realidad, se nombre es Idelfonso Estévez. A primera vista parece un anciano como tantos otros.

Sin embargo, los habitantes del poblado y sus familiares más cercanos le temen y lo odian. Alfonso no está rodeado del cariño protector de sus semejantes. Lo cuidan los miembros locales del Ministerio del Interior (MININT). Él es uno de sus más connotados “chivatos.”

Los “guarapitos” del terror revolucionario

Su historia comenzó años atrás. Pertenecía a un grupo conocido como los “Guarapitos”. Se hacían llamar Alfonso, Jesús, El Viola, Camilo y Titico Borrego. Ellos formaron un grupo de auxiliares al servicio del MININT al comienzo de los años sesenta. Se dedicaron a vigilar a todos en Henequén Viejo. Delataban a los que se oponían al régimen o a cualquiera que les molestaba. Convirtieron la zona en un feudo del terror.

Cuando comenzaron las incautaciones de propiedades en los primeros meses de 1959, los “Guarapitos” se propusieron asolar una finca nombrada La Francesa, perteneciente a Pedro “Pepín” Carbonell y su familia. Los “Guarapitos” llegaron y confiscaron el ganado mayor que sacrificaron para su consumo. Nadie los podía tocar. Era en vano intentar denunciarlos a las autoridades. Estaban protegidos por ser eficientes herramientas del terror revolucionario.

Más adelante entraron al grupo otros individuos con la misma vocación de delatores. Entre ellos se destacaron, Faustino Sánchez, Lucas Cabrera Lugo (tatico) y Benito Mirabal.

Benito Mirabal y los pescadores

A Benito Mirabal, lo apodaban “Bigote”. Durante años, fue una de las figuras más prominentes de la chivatería en la zona. Delató a personas que intentaban salir del país y también denunció a vendedores ambulantes. Era enviado por  oficiales de la Seguridad del Estado a vigilar, día y noche, a los fichados como disidentes.

En sus últimos años de vida una rara enfermedad le atacó las piernas. Los médicos dictaminaron que era una gangrena gaseosa y tuvieron que amputarlas.

Mientras Benito estuvo hospitalizado, los pescadores residentes en el área, amigos de su familia, le hicieron llegar pescado bueno y fresco para que se nutriera. Varios de ellos se buscaban y buscan la vida con lo que capturan en el mar.

Un tiempo después de haberse recuperado, Bigote Mirabal le pidió a uno de sus nietos que lo llevara, en la silla de ruedas, al puesto de guardafronteras cercano. Una vez allí, denunció a los mismos pescadores que lo habían alimentado. Los acusó de estar dedicándose a la pesca ilegal. Varios de los pescadores perdieron su licencia, fueron privados de sus embarcaciones o multados.

Alfonso es capaz de chivatear hasta a su madre si resucita

Ciertamente Idelfonso Estévez puede parecer un anciano más cuando va saliendo de su casa. Pero en estos momentos, es señalado como el “trompeta mayor” (máximo delator) en Henequén Viejo.

Para que nadie dude de su adhesión ilimitada al régimen tiene colocados, en la cerca que rodea su casa, varios carteles pro-gubernamentales. Uno de ellos, hace alusión a una frase de Raúl Castro y el otro anuncia el “proceso” (sic) de fortalecimiento del Comité de Defensa de la Revolución (CDR).

Una fuente familiar que pidió quedar en el anonimato nos contó que durante el Periodo Especial, el refrigerador de este hombre estaba todo comido por el salitre y necesitaba que lo arreglaran. Un sobrino, que hacia ese tipo de trabajo de manera informal, se lo restauró sin cobrarle nada. A dos cuadras, vivía Ricardo, hermano de Idelfonso. Tenía una pequeña sierra mecánica con la que hacia  trabajos de carpintería. Los vecinos le encargaban palos para escobas, cabos de cuchillo y cosas por el estilo.

Dos semanas después, aparecieron por la zona dos inspectores. Llegaron averiguando sobre quien hacían trabajos particulares sin tener licencia y pagar impuestos. Fueron a ver a Idelfonso y este, sin pensarlo dos veces, denunció a su sobrino y a su hermano Idelfonso. “Los Guarapitos” y todos los tipos que son como el, “chivatearían” hasta a su  madre si esta resucitara, concluyó.