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Prensa oficial, ¿se acabaron los paños tibios?

¿Va a permitir la corrupta burocracia mafiosa que impera en la Isla, que queden al descubierto sus turbios manejos?

  Luis Cino Álvarez, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- Han pasado más de dos semanas y todavía no se acaban los comentarios y chismes de pasillo -únicamente en esos lugares, porque oficialmente no se ha dicho nada al respecto- del rifirrafe que se produjo el pasado 17 de mayo en la asamblea de balance de la prensa escrita entre Rolando Alfonso Borges, jefe del Departamento Ideológico del Partido Comunista y un grupo de periodistas que se atrevieron a enfrentársele.

El jefe del Departamento Ideológico, que es el gran censor de la prensa oficial, advirtió que no se toleraría más “la postura inconsulta y el desdoblamiento” de algunos periodistas que colaboran con medios de prensa internacionales y sitios web financiados desde el exterior. Pero antes de que pudiera seguir con los regaños, recibió un chaparrón de quejas y críticas de algunos comunicadores que osaron ir un poco más allá de lo que habitualmente se atreven.

Los respondones se quejaron más o menos de lo mismo que se vienen quejando desde que fueron regañados y exhortados a hacer una prensa mejor, más profesional y realista por el general Raúl Castro y el vicepresidente Miguel Díaz Canel: del discurso complaciente y triunfalista, de las dificultades para acceder a los datos, de los funcionarios que obstruyen su trabajo informativo. Solo que esta vez las quejas fueron en un tono más alto.

En definitiva, con tantos serviles, acomodados y domesticados como hay en la Unión de Periodistas de Cuba UPEC, las inconformidades no pasarán del tira y encoge de ahí. No pueden ir más allá porque no se sabe con exactitud cuáles son los límites de lo permitido, de lo que se considera responsable, ni cuál es el momento apropiado para las críticas. Aún más, nadie tiene vocación de kamikaze en los predios de la UPEC.

Esta situación me apena por los periodistas inteligentes, honestos y con vergüenza -los hay en la prensa oficial, los conozco- que se sienten abochornados del papel de burdos propagandistas y voceros que se ven obligados a desempeñar. Pero no pueden luchar todo el tiempo contra imposibles.

¿Va a permitir la corrupta burocracia mafiosa que impera, que queden al descubierto sus turbios manejos? ¿Alguien cree que el Partido Único tiene algún interés en derribar los muros del silencio que protegen a muchos de sus corruptos servidores?

La prensa oficial, al verse atada a la hora de informar, por el silencio que le imponen a los periodistas y el que se autoimponen por miedo o por instinto de conservación, seguirá apañando por carambola las tropelías de los corruptos y sus paniaguados. Si acaso, se podrá hacer alguna que otra crítica -suavecito para que se dé- a directores de empresas de poca monta, a jefecillos municipales y a funcionarios de nivel medio; pero jamás a los ministros, secretarios provinciales del Partido y otros peces gordos.

Podrán referirse a la mala calidad del pan, los baches en las calles, las fosas reventadas, a los salideros, el ruido en los lugares públicos, las indisciplinas sociales y a los altísimos precios en los agromercados. Siempre especificando que es por culpa de los intermediarios, y no de los verdaderos culpables, los burócratas de Acopio y del Ministerio de la Agricultura que crean los problemas para llenarse los bolsillos.

Los periodistas oficialistas seguirán siendo censurados no solo por el Departamento Ideológico del Partido y los jefes de redacción de sus medios, sino también por cualquier funcionario estatal que se crea con potestades para invocar el secreto de estado, negarles una entrevista, colgarles el teléfono o tirarles la puerta en las narices. Hasta los administradores de las Tiendas Recaudadoras de Divisas TRD, si se les antoja, no responden a sus preguntas y no les permiten tomar fotos dentro de las tiendas. Por si fuese poco, no deben dar lugar a confusiones con los agentes de la PNR, que se ponen muy nerviosos y se les va la mano cuando ven a alguien filmar en la calle lo que no debe.

Pero, al menos en la tormentosa reunión de balance, algunos colegas oficialistas se dieron el gusto de no quedarse callados ante la reprimenda del coronel Alfonso Borges, y defendieron su derecho a hacer un trabajo mejor y más creíble. Algo es algo. Aunque sea solo el derecho al pataleo. Por algo se empieza.