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Populismo nazi-fascista y Mascastrismo contemporáneo

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- Las definiciones políticas contemporáneas definen como “régimen fascista” a una forma de gobierno autoritaria, aunque no todos los regímenes autoritarios sean fascistas. Lo cierto es que el autoritarismo es al fascismo, solo una de sus características. La concepción fascista del estado es totalmente incluyente. El totalitarismo populista nazi fascista establece que fuera del mismo no puede existir ningún valor humano o espiritual. Entonces, el fascismo es totalitario, y el estado fascista, es síntesis y unidad enajenante y totalizadora que incluye todos los valores e interpreta y potencia toda la vida de un pueblo.

El castrismo o el Mascastrismo totalitario es una concepción en la que el hombre es visto bajo la perspectiva de su relación inmanente con una ley superior y con una voluntad que trasciende al individuo particular, esto le eleva a la pertenencia consciente a un colectivo supra-social que personaliza un mesías. ¿Podría alguien negar que esta sea la esencia del castrismo tradicional o del contemporáneo Mascastrismo contemporáneo?

Cualquiera que haya visto en las políticas del régimen castrista nada más que mero oportunismo, no comprende que el fascismo, aparte de ser un sistema de gobierno, es sobre todo, un sistema de pensamiento dirigido al culto de una personalidad que en el caso cubano fue y es la personalidad de Fidel Castro.

Eso, es en esencia, el castrismo. Se trata de la enajenación de la propiedad del estado por parte de un individuo o de su grupo, que controlará el poder privado representado por el ciudadano ya privado de todos sus derechos. Entonces, ¿habrá alguien que en su sano juicio se atreva a negar las similitudes entre el totalitarismo nazi en Alemania, el totalitarismo fascista en Italia y el totalitarismo castrista en Cuba?

El castrismo se define como una forma revolucionaria de nacionalismo contra los nacionales, que pretende ser una “revolución política, social y ética”, que fusiona al “pueblo” en una comunidad nacional bajo el mando de nuevas élites subordinadas a un líder y permeadas en supuestos valores heroicos en medio de una dinámica social en que se impone, una miseria totalizadora compartida por toda la población.

El mito central que anima este proyecto es el de que tan solo el régimen militar totalitario castrista resulta el catalizador per se para la purificación, populista e interclasista. Este aportará el renacimiento nacional capaz de detener la ola de decadencia promovida por la “democracia burguesa” decadente. El mito movilizador por excelencia central del fascismo y del castrismo, que condiciona su ideología, su propaganda, su estilo político y sus acciones, es la visión idílica del inminente renacer de la nación desde una supuesta decadencia.

El caudillo fascista o castrista como es en nuestro caso, es mesiánico, carismático y preferentemente de origen plebeyo o campesino. De ahí, degenera y entonces, como sucede en la actualidad en Cuba, el brazo del caudillo, su partido y los grupos de choque, paramilitares y/o militares mostrarán un alto componente de elementos lumpen y delincuenciales.

El caudillo ya se embarcó en la refundación de la patria y a partir de ello, vendrán cambios de nombre, reforma constitucional, la suplantación de la Constitución y de otros símbolos del Estado. Será la hora para la destrucción de los valores e instituciones y que el caudillo afirme al régimen en posturas antiliberales y antinorteamericanas.

Se imponen estas igualdades políticas: Caudillo = Partido = Estado = Nación = Patria = Pueblo + historia falsa y sacralizada. El pueblo retorna a la servidumbre. La perpetuación del caudillo en el poder en un gobierno vitalicio se hará con elecciones o sin ellas. Habrá llegado el momento para la monarquía plebeya. En la que primará una corte desprovista de clase, elegancia, distinción y tan siquiera buen gusto, como resulta ser la familia real biraní en la actualidad.

Luego de una purificación homofóbica, el discurso se hace algo incluyente y llegarán como a Cuba han llegado los discursos de confrontación, la lucha por un ideal santo, la quema de los herejes y mucho más de lo que haga falta.