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Podría ser beneficiosa la visita del Papa a Cuba

Oscar Sánchez Madan, Primavera Digital

Cidra, Matanzas.- A bombo y platillo se anunció la visita del Papa Francisco a Cuba del 19 al 22 de septiembre.

La visita será provechosa si el Sumo Pontífice vincula sus declaraciones públicas a la necesidad que tiene el pueblo cubano de ejercer las libertades y los derechos básicos.

No debería el Papa cerrar los ojos ante el alto costo de la vida en Cuba, ni sobrevalorar las diminutas transformaciones que en la esfera económica tienen lugar en un país mal gobernado por un régimen militar que ha fusilado, encarcelado, torturado y maltratado a decenas de miles de personas, en los últimos 56 años, y ha convertido en víctimas de sus atropellos, a integrantes de la iglesia.

Sería un grave error que su Santidad olvidara que visitará un país donde un gobierno autoritario se maquilla, sin haber cambiado su vocación criminal.

La iglesia es defensora de la verdad, según nos enseña la Biblia, y esta hay que decirla desde las azoteas, como manifestó Jesucristo.

Lo cierto debemos reconocerlo y difundirlo porque al hacerlo nos acercamos a Dios.

Hay sacerdotes que ya justifican el posible silencio del Papa, sobre los asuntos que afectan a nuestra ciudadanía, con la idea de que su visita no será un acontecimiento político, sino religioso. Pasan por alto el hecho de que Su Santidad es un jefe de estado, y que además, como líder espiritual, debe preocuparse por la suerte de todas sus ovejas, aún de las que no ven el catolicismo como su religión.

Durante la celebración en Roma en 1998 del Congreso Mundial Sobre la Pastoral de los Derechos Humanos, el extinto Papa Juan Pablo II señaló que “todo acto que desprecia la dignidad del hombre y frustra sus posibilidades de realizarse, es un acto contrario al designio de Dios”.

Sin embargo, Cuba es un estado donde 11 millones de ciudadanos(as) están obligados(as) por la ley a obedecer los dictados de un partido único. Por consiguiente, los nacionales no pueden ejercer sus derechos fundamentales concedidos por el Creador y reconocidos por la comunidad internacional.

Callar las golpizas de que son víctimas los disidentes, los elevados precios de los productos básicos, los altos impuestos que afectan a la economía personal, los obstáculos que impiden disfrutar del libre acceso a la Internet, la persecución contra no pocos creyentes y las condiciones infrahumanas en que sobreviven los presos, sería un horrible pecado que por imperdonable mancharía la imagen de la iglesia.

Y no se trata de que el Papa venga a Cuba a realizar los cambios que el país necesita, sino que con la verdad pronunciada en voz alta, Su Santidad anime al pueblo a que se convierta en protagonista de su propia historia.

No es con la complicidad de gobiernos y personalidades extranjeras con la dictadura, que nuestro pueblo oprimido logrará quitarse de encima el yugo avasallador. Será con su esfuerzo propio y la solidaridad internacional que lo conseguirá.

Tendrá la oportunidad el obispo mayor del Vaticano de pedirle a la dictadura de Raúl Castro que libere a todos los presos políticos, ratifique e implemente los pactos internacionales de derechos humanos y comience a dar pasos hacia la instauración de un estado democrático.

Su postura como máximo líder de la Iglesia Católica deberá ser clara como el agua de un manantial.

El pueblo de Cuba calificará su visita de provechosa si se siente identificado en las palabras que pronuncie durante las misas que oficiará en La Habana, Holguín y Santiago de Cuba.