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Paisaje con payasos antes de la batalla

Luis Cino Álvarez, Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana.- Tiene toda la razón el periodista Sergio Alejandro Gómez cuando en un reciente artículo en el periódico Granma afirmó que “nuestra sociedad civil” -o sea, la del régimen, la conformada por las llamadas “organizaciones de masas”, la que oficialmente presentan como tal- no se parece a ninguna otra en el mundo.

Claro que no: la sociedad civil, por definición es independiente del Estado. Se supone sea su contrapartida. En todas partes, menos en la Cuba castrista. De ahí la absoluta falta de parecido. Lo cual no es un mérito del que presumir. Más bien, por aberrante, debía abochornar. Solo que las dictaduras no suelen abochornarse. Y menos cuando se sienten legitimadas, consentidas y cortejadas por ingenuos, mercachifles, compinches y sinvergüenzas de medio mundo.

Esa alcahuetería internacional dará por buena la nutrida representación de la sociedad civil oficialista que cual corte de los milagros acompañará a la Cumbre de las Américas al general Raúl Castro. Y pondrá todo tipo de reparos y repudiará a los representantes de la sociedad civil disidente que aspiran, en una cumbre alternativa, a mostrar el otro lado de la realidad cubana.

Por cierto, en esta batalla por la sociedad civil que tendrá lugar en Panamá, tanto el régimen como sus contrarios, han optado por la masividad. Más por la cantidad que por la calidad, que parece ser lo que menos importará en esta lid.

Por la parte del régimen, poco importa quienes vayan. Solo irán a servir de coro a sus jefes y si es preciso, de tropa de choque, una suerte de brigada de respuesta rápida extraterritorial. Y para eso, cualquiera sirve.

Del otro bando, el independiente, esto de la representación es más importante. De su desempeño dependerá la credibilidad y el prestigio de la oposición cubana. Será imperdonable desaprovechar esta oportunidad de hacerla visible al mundo. Pero los que tuvieron la iniciativa de invitar a representantes de la sociedad civil independiente, no fueron demasiado rigurosos al elegir.

Puestos a escoger, seleccionaron unos cuantos opositores de verdad y el resto del casting lo rellenaron con raperos, improvisados, charlatanes del tibiritábara y algún agente de penetración. Milagro que no escogieron también a algunos dueños de paladares y timbiriches. ¡Como algunos piensan que ellos son la esperanza para la transición a la democracia!

Ojala que con el pandemonium que desatará la chusma sumisa de la sociedad civil oficialista y sus solidarios compinches bolivarianos, puedan expresar sus razones y mostrarse convincentes los opositores de verdad que logren estar presentes en Panamá. Eso, si antes no les inhabilitan los pasaportes.

Lo que se vislumbra, unos días antes de la batalla, es un paisaje con payasos. Muchos payasos. Tantos que la Cumbre parecerá un circo. Y de los malos.

¿Se imaginan cómo será aquello? No quisiera estar en el lugar de Obama, a merced del disparatero Maduro y su pandilla de aliados aspirantes a autócratas. Tampoco en los zapatos de Raúl Castro, que tendrá que hacer maromas para que entre Maduro y los disidentes, no le echen a perder el encuentro con Obama.

Las Cumbres de las Américas están condenadas a desaparecer. Hace años que no tienen sentido. Estados Unidos cometió el error de descuidar sus relaciones con América Latina y evidentemente estas Cumbres no son el lugar más apropiado para recomponerlas: eso lleva un trabajo largo y paciente.

Es probable que la de Panamá sea la última Cumbre de las Américas. Si así fuera, ojala sea del modo más digno posible, y no en un guirigay solariego del que el régimen castrista, experto en esos lances, seguramente hallará el modo de sacar provecho. Alguno. Aunque sea arrojar otro poco de descrédito contra la oposición.