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Otro subsidio en peligro

Odelín Alfonso Torna

LA HABANA, Cuba, abril, www.cubanet.org -En el año 2005, ante las delegadas al V Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), el creador por excelencia de programas para “¿beneficio social?”, Fidel Castro, arremetía contra los viejos equipos electrodomésticos norteamericanos y soviéticos, de alto consumo de energía, que gracias a la inventiva del cubano suplieron las necesidades de muchos hogares por más de 30 o 40 años.

En medio de aquel aquelarre de ahorro de energía montado por el delirante Castro, cada delegada de la FMC recibió una flamante olla arrocera. Surgía así la llamada Revolución Energética, afortunadamente una de sus últimas “geniales ideas” antes de retirarse en 2006. Un regalito de despedida, como para que no lo olvidáramos nunca.

Los viejos equipos consumidores de energía serían sustituidos por nuevos y eficientes electrodomésticos fabricados en China. Aunque la medida gubernamental fue opcional y la nueva “revolución” consistía simplemente en venderles a las personas, al contado o a crédito, los nuevos aparaticos –previa entrega de los viejos equipos satanizados-, muy pocas familias se resistieron a la novedad y las presiones.

En marzo de ese mismo año, Fidel Castro daba curso al llamado “Pacto Social”, una medida que despojó a muchas familias cubanas de los contratos para acceder al gas licuado cada 24 ó 30 días, también a la cuota de queroseno racionado vendido mediante la libreta de racionamientos. De esta manera, el uso de ambos combustibles quedaba prácticamente eliminado y los viejos equipos que con ellos funcionaban eran sustituidos por electrodomésticos. El desembolso familiar por el nuevo “modulo” que incluía  una olla arrocera, una olla frijolera, una cocinita eléctrica y un calentador, fue de 597 pesos (23 dólares), casi dos meses de salario promedio.

Después de siete años, y con miles de deudores morosos en los pagos de sus créditos, montañas de electrodomésticos chinos destartalados por su mala calidad, falta de piezas de repuestos, reparaciones “estatales” a precios prohibitivos y el aumento de la tarifa eléctrica, este capítulo de la desastrosa Revolución Energética, otra de las muchísimas “brillantes ideas” del Comandante, parece estar llegando a su fin.

En cambio, algo nuevo se cuece en las alturas. Desde mediado de 2011 la comercializadora estatal de combustibles CUPET, prevé eliminar el subsidio del gas licuado, el combustible doméstico más demandado en Cuba.

Aunque los pronósticos del expresidente Fidel Castro hablaban de ahorro energético, comodidad y frijoles ablandados en tiempo record, la realidad fue que la familia cubana terminó gastando más dinero en electricidad y con un montón de cacharros de malísima calidad que comenzaron a romperse tan rápidamente como nos prometieron que se ablandarían los frijoles. La venta del gas licuado se mantiene hasta hoy en los vericuetos de la ilegalidad. El precio de la llamada balita de gas o calabaza, en el mercado informal, oscila entre 120 y 150 pesos (casi 8 dólares), equivalentes a dos semanas de salario para la mayoría de los cubanos.

Un segmento, en el Noticiero Nacional de Televisión (NTV) del martes 3 de abril, a cargo de la periodista oficialista Talía González, dejó claro que el mercado informal, que se abastece gracias a la rampante corrupción que impera en todo el país, es el gran beneficiado con la eliminación de los contratos de gas licuado ideada por nuestro infalible Comandante jubilado. “Lo más lamentable es que al no tener otra opción, muchos consumidores prefieren que continúe la venta de gas en el mercado negro”, descubrió la sagaz Talía.

Como quien no quiere la cosa, la periodista sugirió: “Ante ese panorama, sería beneficioso poner en práctica, a corto plazo, uno de los lineamientos aprobados por el VI Congreso del Partido, sobre la venta liberada de combustible doméstico y de otras tecnologías de cocción, a precios no subsidiados”.

De nuevo, el pueblo es el gran perdedor que termina pagando los errores (jamás reconocidos) de los “iluminados” que desde hace medio siglo guían a los cubanos por los caminos del socialismo.

El costo de una balita de gas, oscila entre 11 y 14 dólares. Sin embargo, los clientes que mantienen contratos de gas con CUPET, pagan solamente 7 pesos por balita (0.35 centavos de dólar).

Ahora que el gobierno cubano se prepara para eliminar este otro “subsidio”, queda por ver, cuál será el precio de una balita “liberada” de gas. Aunque sabemos de antemano quien será el gran perdedor.

Otro subsidio está en peligro y el comandante de las “regalías” y los “proyectos de beneficio social”, está reflexionando, fuera de combate, incapaz de defenderlo. En cuanto a las “otras tecnologías de cocción a precios no subsidiados” (vaya frasecita rimbombante para llamar a una hornilla) a que se refiere Talía González, ya Raúl Castro se ha encargado de colocarlas en las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD) para que la pague el que tenga moneda convertible, cuando le llegue la remesa mensual desde Miami.

 

 

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