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DESDE EL CAIMÁN

 

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¿Otra revolución?

Adolfo Pablo Borraza

LA HABANA, Cuba, febrero (www.cubanetorg) – Las protestas que realizaron hace dos semanas trabajadores por cuenta propia en el Ministerio del Trabajo, y los obreros de  la Unión de Investigación de la Celulosa del Bagazo, ambas entidades en el municipio Centro Habana, ¿podrían ser la  génesis del estallido social que algunos esperan se produzca en la isla?

¿Podrían replicarse en Cuba las revoluciones que sacuden al mundo árabe y han derrocado ya a dos férreos dictadores? Como Cuba es gobernada desde hace 52 años por una dictadura militar, es lógico que muchos piensen que los sucesos del mundo árabe repercutan en nuestro país.

Quisiera, por el bien de mi pueblo, equivocarme, pero las protestas de Centro Habana y otras que irremediablemente se producirán a medida que los despidos masivos anunciados se materialicen y los altos impuestos paralicen la supuesta mejoría que se espera aporte el nuevo “sector privado” a la economía, además de todo lo malo que Raúl Castro nos ha estado anunciando desde que tomó el poder, serán sólo un murmullo de varios, ahogado por la ignorancia e indiferencia de millones que, temerosos, no se atreverán a lanzarse a las calles a enfrentar al régimen.

Apuesto todo lo poco que tengo a que en Cuba no sucederá absolutamente nada. Se piensa que habrá otro maleconazo y algunos desean que suceda, pero olvidaron que aquella insólita descarga del verano de 1994, cuando el pueblo salió a las calles a desafiar al dictador, solo duró unas horas: el régimen, astuto como siempre, puso a pelear al mismo pueblo entre sí.

Hoy día no es muy diferente, todo se mantiene casi igual. La oposición que, por decirlo de alguna manera, debería ser la cabeza de este pueblo indefenso y abusado, está quieta. No acaba de organizarse y mucho menos unirse. Algo que aprovechan los caciques  para gobernar a su antojo.

Los medios internacionales han dado una extensa cobertura a los sucesos en Túnez y Egipto y el mundo entero mira con expectativa a la isla comunista, esperando que algo pase. Pero lo mismo ocurrió cuando el campo socialista se derrumbó y de eso hace ya más de 20 años.

El miedo paraliza a nuestro pueblo. Nadie osa lanzarse a la calle a manifestarse en contra del gobierno y “el loco” que lo haga no encuentra el respaldo que merece. Ni siquiera la dividida oposición se apoya mutuamente. Además, está el ejército, que probablemente no tendrá reparos en disparar contra el pueblo si éste se atreve a rebelarse.

Por otra parte, olvidamos algo esencial que, aunque me moleste aceptarlo, es cierto. Nuestros dictadores son inteligentes, no por gusto se han mantenido más de medio siglo en el poder.

¿Fueron casuales las liberaciones de Héctor Maseda, Ángel Moya y Eduardo Díaz Fleites en estos precisos momentos? Tampoco son aleatorias las reflexiones del Fidel sobre los sucesos en Egipto. Él y los medios oficiales ya le dieron el necesario toque antiimperialista a las revueltas, para confundir al pueblo una vez más, y hacer que los cubanos lo entiendan todo al revés.

Como decimos aquí, “olvídense de los peces de colores”. En Cuba todo es en blanco y negro; o en rojo y verde. Las protestas espontáneas que seguramente se producirán a raíz de la crítica situación que atraviesa el país, serán aisladas y se quedarán en la chispa que no prenderá el fuego que necesitamos para derrocar el régimen de los Castro. Para eso hace falta un pueblo que de verdad quiera ser libre.

La libertad no es algo que los dictadores regalan; se les arrebata a cualquier costo. Los dictadores se derrocan con el pueblo unido y sin miedo, en las calles. ¿Será posible que eso pase en Cuba? Lo dudo.