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Opiniones en la calle sobre la Cuba que viene

Hay personas que aprueban las medidas tomadas por los gobiernos de Estados Unidos y Cuba el pasado 17 de diciembre de 2014, mientras que otras las rechazan

Orlando Freire Santana, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- No exageramos al afirmar que los sucesos del pasado 17 de diciembre, cuando afloraron los primeros resultados de los contactos que habían mantenido los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, marcan un antes y un después en el acontecer de nuestra isla.

Hay personas que aprueban las medidas tomadas por ambos presidentes, mientras que otras las rechazan. De igual modo, algunos cubanos evalúan estos hechos solo desde su conveniencia personal, al tiempo que otros toman en cuenta la manera en que repercutirían sobre toda la sociedad.

Cubanos opinan

Uno de los pequeños empresarios contactados es propietario de un viejo automóvil de los años 50 -conocidos como Almendrones- que presta servicio de alquiler de pasajeros entre el Parque de la Fraternidad, en el municipio de Centro Habana, y localidades de la periferia como el Cotorro y San Miguel del Padrón. A este taxista no le importa mucho la política. Lo suyo son los posibles beneficios personales que obtendría con la normalización de relaciones entre ambas naciones.

 “Mire amigo, cuando yo vea La Habana repleta de ‘yumas’, y que no alcancen los ómnibus y los carros estatales para mover a esa avalancha de turistas, entonces sí voy a hacer mi zafra. A esa hora no les voy a imponer el recorrido a los pasajeros, como hago ahora, sino que iré al sitio que quieran los yumas. Para mí esos acuerdos van a ser una bendición”, concluyó el entusiasmado chofer.

Más cautelosa resultó ser la dueña de una pequeña cafetería en las inmediaciones del Barrio Chino de La Habana. Ella no cree que el establecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos vaya a beneficiar directamente a su negocio; aunque, claro está, desea que finalice la tirantez entre dos países que comparten historias comunes. “Pienso que las grandes paladares ubicadas en Miramar, El Vedado o el Casco Histórico de la ciudad sí se puedan beneficiar con la afluencia de viajeros hacia nuestro país. Pero, sinceramente, no creo que a mi cafetería le suceda lo mismo. Lo mío seguirán siendo los batidos, las pizzas y los panes con croquetas que les vendo a los cubanos”. Sin embargo, esta emprendedora se animó cuando le comenté la determinación del gobierno norteamericano de ayudar al sector no estatal de nuestra economía. “Si es así, me gustaría poder importar de ese país una parte de mis insumos”, me dijo esperanzada.

La conversación con el funcionario del Poder Popular, como es lógico suponer, transcurrió por cauces cercanos a las posiciones del gobierno. Para este delegado de circunscripción del municipio de Habana Vieja, todo no ha sido más que una victoria de la revolución cubana, que ha resistido la hostilidad de su vecino norteño. “Porque a pesar de que Obama insiste en que se mantienen los fines de la política hacia Cuba, ha tenido que reconocer que los métodos aplicados hasta ahora han fracasado”.

Y continúa mi interlocutor: “Además, Obama estaba muy presionado, tanto en su país como internacionalmente. En lo interno, no podía permitir que Alan Gross muriera en las cárceles cubanas, y ello lo llevó a agilizar las conversaciones con nuestro gobierno. Por otra parte, le era muy difícil asistir a la Cumbre de las Américas si no modificaba la política hacia Cuba. Su país se estaba quedando aislado en este continente”.

El cuarto entrevistado posee una visión diferente. Se trata de un joven muy al tanto del acontecer noticioso por medio de vías alternativas al oficialismo. Para él, los mayores obstáculos para la normalización de relaciones provienen del gobierno cubano. En ese sentido apunta que la verdadera posición de Cuba no está en el discurso de Raúl Castro el 17 de diciembre, sino en sus palabras durante la III Cumbre de la CELAC reunida en Costa Rica.

“Óigame compadre, ese discurso fue beligerante en extremo. Después de enumerar una serie de condiciones que exige Cuba, como el cese del bloqueo, el fin de las transmisiones de Radio y TV Martí, y la devolución de la Base Naval de Guantánamo, incluyó también otro elemento que entra en el terreno de lo subjetivo: el comportamiento de los diplomáticos norteamericanos en la futura embajada”.

Y sigue argumentando: “Es decir, que el servicio gratuito de internet a cualquier ciudadano que lo solicite, la realización de videoconferencias, la invitación de opositores a la embajada, o la ayuda a un pequeño empresario, pueden ser vistos por el gobierno cubano como muestras del ‘mal comportamiento’ del personal diplomático de Estados Unidos, y por tanto constituirse como un impedimento para las relaciones”.

“Entonces tú crees que, a la postre, el General se acordó de que necesita del enemigo externo y la ‘plaza sitiada’ para mantener el control sobre la sociedad”, le comenté a mi entrevistado. A lo que él ripostó de inmediato: “Creo que el discurso de Raúl Castro en Costa Rica fue un intento por tranquilizar a los dinosaurios de su nomenclatura política”.