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Nuevas del uniforme escolar

Aimée Cabrera, Primavera Digital

La Habana.- En Cuba, el uso del uniforme escolar no llega a tener un carácter distintivo en su totalidad, ya que cada estudiante lo usa a su capricho.

Los directivos de cada escuela no siguen un patrón general para exigir el uso correcto del uniforme.

Las carencias cotidianas, la indisciplina que en ocasiones parte de los mayores de la casa, junto a la indolencia del personal docente ayudan a que esa prenda de vestir no tenga nada que ver con su nombre.

Los uniformes deben ser sobrios en sus colores y hechura. Quienes lo usan no pueden hacerles arreglos a su gusto y antojo.

A la hora de entrada o de salida de los centros de estudio del nivel medio superior (donde reciben clases los alumnos de preuniversitarios, politécnicos y otras escuelas artísticas o técnicas) se puede observar que los cortes de cabello de los varones y las melenas sueltas de las hembras -casi todas muy maquilladas- son iguales que los que llevan cuando se van de paseo el fin de semana. El pantalón masculino permanece muy por debajo de la cadera, exhibiendo la faja del calzoncillo. Los cabellos engominados con gel se mantienen parados. Las faldas, modelo short, destacan la figura de la cubana que, si ya es más estilizada que las de aquellas “criollitas” de hace décadas, no deja de ser llamativa.

Durante el periodo vacacional, las madres, sobre todo, estuvieron “a la caza “de los uniformes escolares. En las tiendas no hubo el surtido adecuado, a pesar de que la prensa oficial daba por hecho que estaban garantizados pero no fue así. Tallas inmensas, como la 40, eran las únicas para los uniformes masculinos de secundaria básica, donde los estudiantes, en su mayoría, llevan tallas más cercanas a las infantiles. Para las hembras, otro tanto. Tallas como la 10 y la 12 continúan en demanda.

La venta de los uniformes es muy controlada. Un papel de la escuela, a modo de comprobante, con cuños y firmas, da derecho a obtener uno solo. Son reglas que hay que cumplir, para que exista equidad, pero los uniformes, por el mucho uso y lavado, se deterioran y, ya a mediados de curso lucen raídos.

¿Por qué no hay tiendas que vendan los uniformes a precios razonables, donde no haya que mostrar un permiso, aunque pongan límites para evitar la presencia de los revendedores?

A propósito de los revendedores. Este año, como siempre, aparecieron las ofertas del mercado negro durante los meses de receso escolar, con precios que oscilaron entre los 50 y los 100 CUP, y que solo pudieron comprar los padres con posibilidades económicas.

Por estos días ha sido noticia en Internet que existen tiendas en la Florida donde se venden los uniformes escolares que usan los niños y adolescentes en Cuba. Quizás parte de estos sean los que se revenden a tan altos precios.

En la versión digital del Diario de las Américas del 8 de septiembre, el periodista Orián Brito describió la tienda “El Dolarazo”, de Hialeah, la cual es muy concurrida por sus descuentos y porque vende uniformes como los que usan los escolares en Cuba.

El gerente del almacén explicó: “La gente compra los uniformes para mandarlos a Cuba…Nos sentimos muy satisfechos de poder brindarles ese servicio a una comunidad hispana tan importante…”

La duda asecha a quienes leyeron sobre el tema. ¿Tendrán mejor calidad los tejidos, y el terminado de estos uniformes, y se encontrarán todas las variantes, como son las sayas y pantalones de distintos colores que diferencian a los estudios del nivel medio-superior?

Miles de cubanos que no tienen acceso a Internet ni tienen familiares en la Florida, desconocen el hecho.

Hace poco vi dos chicas que subían por la calle San Lázaro, en Centro Habana, vestidas con saya carmelita y blusa blanca. Nada de mochilas y sí sendas carteras en combinación. Muy juntas, conversaban. De pronto, se detuvieron. En pocos segundos, las faldas del uniforme cayeron del todo y ¡sorpresa!: apareció otra falda similar, pero muy corta. Luego, se quitaron la blusa y apareció una camiseta. Finalmente, se estiraron el cabello con las manos y lo recogieron con hebillas. Las personas cercanas las miraban con asombro, pero ellas no se daban por enteradas.

¿Será el veraniego uniforme de estas muchachas, un modelo exportado?

 

 

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