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No hay nada que celebrar

Hasta Karl Marx se sorprendería del único desfile de trabajadores esclavos

Miriam Celaya, en Cubanet

LA HABANA, Cuba - Desde todos los medios de prensa oficiales arrecia la fanfarria convocando a la “gran movilización del pueblo unido que acontecerá en plazas y avenidas” este 1ro de Mayo. Címbalos y trompetas se congratulan con los clamorosos beneficios alcanzados por la clase trabajadora cubana.

Entre las actividades colaterales que se anticipan a “la fiesta” se realizó una deslucida celebración del 144 aniversario del natalicio de Lenin, en la colina que lleva su nombre en el municipio capitalino de Regla, mientras a lo largo de la semana han llovido los actos de entrega de condecoraciones y certificados a dirigentes sindicales. Este año habrá “un desfile superior”, debido a que durante el acto de clausura del XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), el General-Presidente convocó a “hacer temblar la tierra”.

¡Y en verdad es impresionante la cantidad de peso que aguanta esta tierra! La realidad cubana es cada vez más incoherente. Solo en Cuba es posible celebrar un congreso sindical sin que existan sindicatos o premiar a los dirigentes de una organización cuyos aportes más destacados en los últimos tiempos consisten en haber anunciado y apoyado -como si de un avance se tratara- el plan gubernamental de despidos para sacar de sus puestos al 25% de la fuerza laboral del país; aprobar impávidos y sin sonrojos un Código Laboral propuesto por el máximo explotador de la clase trabajadora el pasado 20 de diciembre, aún no publicado; y convocar a una marcha de trabajadores para apoyar al mismo sistema político que los despoja de derechos tan elementales como la participación libre en las transformaciones económicas que se están fraguando desde las oficinas de la cúpula verde olivo, es decir, a espaldas de esos trabajadores.

Pero el señor Luis Manuel Castañedo, secretario general de la CTC, anunció esta semana en la capital que éste será “un desfile combativo, masivo, disciplinado y compacto” para “respaldar el socialismo, la unidad en torno a la dirección histórica de la revolución, la implementación de los Lineamientos y el apoyo a la liberación de los Héroes antiterroristas que permanecen injustamente encarcelados en Estados Unidos”.

Así, con todo mezclado como en un ajiaco, recitó de un tirón su puñado de frases manidas y huecas, carentes absolutamente del menor significado para la mayoría de los que marcharán, y probablemente para él mismo.

Así, por el breve tiempo en que dure el paso por la Plaza Cívica, los cubanos marchantes pospondrán todas las actividades ilícitas como robo al Estado, contrabando, receptación, corrupción administrativa, etc., para pasar tan obedientes como simuladores ante el monumento de “la raspadura”, justo ante la estatua de ese cubano mayor que nunca estuvo sindicalizado y que, por demás, rechazaba el socialismo por considerarlo “la esclavitud futura”. No es posible concebir mayor dislate e hipocresía.

Por las dudas, y habida cuenta que los despidos, las “deserciones” y la emigración constante han diezmado las filas de los siempre heroicos trabajadores cubanos, la CTC se asegurará de que también asistan los CDR, la FMC, la Asociación de Combatientes, los estudiantes y la UJC. Hace falta rellenar en lo posible los evidentes claros que se han estado abriendo últimamente en las filas de los fieles durante las procesiones.

Cuando, finalmente, el próximo jueves se consume la pantomima tumultuaria, nadie estará muy seguro de qué estará celebrando en realidad “la clase trabajadora”: el cierre de tantas industrias y plazas laborales, el aumento de los impuestos, la insuficiencia de los salarios, los incumplimientos de la zafra azucarera y de los planes agropecuarios, los aumentos de los precios en los mercados, la negación del derecho de libre contratación, u otro de tantos similares logros que han llegado de la mano de los Lineamientos, fruto cimero del tardo-castrismo. Da igual, de lo que se trata es de una cuestión de pura forma y no de contenido; no necesariamente de ser, sino de aparentar. No señalarse.

Si no fuera tan triste sería risible. Lo más probable es que hasta el mismísimo Karl Marx se sorprendería si pudiera ser testigo del único desfile de trabajadores realizado en condiciones de esclavitud. Y conste que sin necesidad de latigazos ni mayorales. Dicen algunos granujas, de esos que siempre andan de guasa, que el General-Presidente tiene una carta escondida para garantizar la asistencia: al que complete el circuito del desfile se le estimulará con un vaso de leche. ¡Acabáramos!

 

 

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