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Ni dádivas ni tolerancia: equidad

José Antonio Fornaris, Primavera Digital

Managua, La Habana.- En vísperas de la Revolución Francesa, o más específicamente, muy poquito tiempo antes de la toma de la Bastilla, la nobleza y el clero establecieron los “beneficios” que le iban a conceder al pueblo. Todas eran cuestiones de poca monta.

Los derechos feudales quedaban incólumes: eran propiedades para siempre y absolutamente inviolables. No obstante, quedaba bien claro que era el rey, desde su gran altura, quien había decidido y querido otorgar “beneficios” a la población.

No hay muchas dudas que el rey y la nobleza en general, acostumbrados durante generaciones, y contando además con las fuerzas armadas, no tenían capacidad para entender que todos los franceses querían y necesitaban sus derechos.

La casta gobernante de Cuba está en una situación similar. A través del Congreso del partido político que integra y dirige, ha decidido en un acto de benevolencia, otorgarle al pueblo algunas dádivas y tolerar que realice pequeñas actividades por cuenta propia.

Pero eso está muy lejos de las aspiraciones naturales de la vida. Lo que la población necesita es equidad. Es totalmente inaceptable y atentatorio contra toda lógica, que una minoría continúe con un rampante apartheid político.

Los afiliados a las organizaciones comunistas en la isla, el Partido y la Unión de Jóvenes, no llegan al millón de personas, y los cubanos somos más de 13 millones. Los que han tenido que salir del territorio nacional continúan siendo cubanos. Por lo tanto, no hay ninguna razón moral que justifique la permanencia de los comunistas, de manera absoluta, siempre en el poder.

Eso es aún más humillante cuando se tiene en cuenta -resulta inevitable tenerlo en cuenta- que el comunismo es una ideología extranjera, algo totalmente ajeno a nuestra historia e idiosincrasia cono nación.

Y esto resulta todavía más grave porque a simple vista puede ser comprobado que bajo la égida de ese grupo, el país ha sufrido graves deterioros y los cubanos han tenido que padecer sufrimientos innecesarios.

Para colmo, el Partido Comunista está legalizado como la fuerza superior de la sociedad y el Estado.

Todo el daño causado lo han tratado de justificar culpando a Estados Unidos, y al mismo tiempo, nos han convertido en enemigos de esa vecina nación.

Un Estado con poderes prácticamente omnímodos no es otra cosa -sobre todo valorado en la época contemporánea- que una forma de esclavitud o en el mejor de los casos, de feudalismo.

Y no resulta un secreto, es imposible poder explicarlo de otra forma, que al grupo en el poder hace más de medio siglo, lo impulsa sus intereses personales. En su actitud no hay patriotismo y mucho menos identificación con las penas y sueños de la población cubana. Temen perder su modo de vida, que encierra todo lo que ellos creen que le pertenece por derecho propio.

Lo peligroso de todo esto es que el río siempre trata de volver a su cauce natural. Los cubanos tenemos una historia común con toda América. Y todos nuestros vecinos, con altas y bajas, practican la democracia y son pueblos libres. Ahí está nuestro destino.

Y nadie parece creer, excepto los gobernantes con alma de amos, que el momento de tomar esa senda esté lejano. Para fastidio de muchos, de forma lamentable, ese tipo de gente no ve los avisos, y las cosas terminan de mala manera, sobre todo para los tiranos.